Exploración espacial
Nueva carrera espacial: Estados Unidos quiere (re)conquistar la Luna para construir una base espacial permanente y competir con China
Washington y Pekín han anunciado casi en paralelo sus planes para construir colonias permanentes en la Luna "antes de que acabe esta década"
El proyecto estadounidense estará liderado por el español Carlos García Galán, quien ha presentado su cronograma para lograr este colosal hito
Artemis II: así es la primera misión tripulada que viaja a la Luna en 54 años (aunque sin pisarla)

Simulación de la base lunar planeada por la NASA.

La humanidad asiste al despegue de una nueva carrera espacial. Una segunda competición por (re)conquistar la Luna. Pero en esta ocasión, a diferencia de lo que ocurrió durante el histórico programa Apolo, el objetivo ya no es solo plantar una bandera en la árida superficie lunar sino crear una colonia humana permanente que, algún día, pueda incluso servir para dar el salto a mundos aún más lejanos como Marte. Desde Estados Unidos, la NASA afirma que el despegue de los primeros vuelos tripulados de la generación Artemis es el primer paso de su proyecto para crear una base humana estable en la Luna. Mientras, en la otra punta del globo, China afirma que también está trabajando para asentarse en el suelo lunar "antes de que termine esta década". La cuestión es quién lo logrará antes y, por lo tanto, quien demostrará tener más poder económico, técnico, industrial y humano. La carrera se reactiva.
La NASA afirma que está comprometida en "regresar a la Luna antes de que finalice el mandato del presidente Trump, construir una base lunar, establecer una presencia permanente y llevar a cabo las acciones necesarias para garantizar el liderazgo estadounidense en el espacio". Bajo esta espectacular (y patriótica) premisa, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, ha explicado que Estados Unidos se dispone a realizar más vuelos de los previstos del programa Artemis hasta conseguir, primero, volver a enviar astronautas a la Luna y, después, lograr "al menos un alunizaje anual" que permita llevar materiales a la Luna y, finalmente, construir y poner en marcha una base lunar permanente con bandera estadounidense. Para ello se ha prometido un despliegue 20 mil millones de dólares en siete años con la meta completar el proyecto para 2030.
La Casa Blanca ha prometido un despliegue 20 mil millones de dólares en siete años con la meta completar el proyecto para 2030
La construcción de la primera gran base de la NASA en la Luna será liderada por el ingeniero español (más concretamente, malagueño), Carlos García Galán. Según explicó él mismo durante la presentación del proyecto, la primera fase del programa, a completar entre ahora y 2028, servirá para "asegurar el acceso seguro a la Luna", para empezar a enviar astronautas de forma constante y, sobre todo, para enviar los primeros materiales necesarios para construir las infraestructuras lunares como, por ejemplo, 4.000 kg de material, varios satélites de comunicación y diversos vehículos de exploración. En la segunda fase, prevista a partir de 2029, se tendrán que movilizar al menos 60.000 kg de material más para empezar a poner en marcha la base y, entre otros, infraestructuras para conseguir energía como paneles solares y pequeñas centrales nucleares. Si todo va según lo previsto, García Galán calcula que para 2032 ya debería haber las condiciones para vivir en la Luna.
El plan incluye desplegar paneles solares y pequeñas centrales nucleares en la Luna para garantizar el suministro eléctrico
Colaboración internacional pero con bandera propia
El plan de la Casa Blanca contempla sumar las fuerzas de varias agencias espaciales y entidades de todo el mundo. Por ejemplo, se plantea usar los 'todoterrenos' espaciales diseñados por Japón. También se habla de utilizar los Hábitats Multipropósito ideados por Italia. O algunos vehículos de carga fabricados por Canadá. Pero en la práctica, lo que quiere Estados Unidos es plantar su bandera en el suelo lunar. El máximo responsable de la NASA, Isaacman, ha hablado de este proyecto como "imperativo nacional". Como una "misión colectiva". Como una "competencia entre grandes potencias" en la que espera ver triunfar a Washington frente a Pekín. El mismo Trump ha bromeado recientemente con exportar su política de "America First" (Estados Unidos primero) a la Luna y, quién sabe, si también a la conquista del planeta rojo.
China trabaja con Rusia para crear una Estación Internacional de Investigación Lunar y ahondar en la extracción de tierras raras
Mientras, en la otra punta del globo, y de forma mucho más discreta, China también ha anunciado recientemente sus planes para ir a la Luna. El país asiático afirma que está trabajando en colaboración con Rusia para enviar astronautas al suelo lunar antes de 2030, construir una base permanente en el polo sur del satélite y crear la llamada Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS) para convertir este hostil mundo en un polo de investigación extraterrestre. También se baraja la construcción de una estación que orbite la Luna. En este caso no han trascendido muchos detalles sobre el calendario del proyecto ni sobre los hitos previstos para cada etapa. Pero lo que sí se han divulgado son los planes para extraer minerales lunares, tierras raras y otros recursos esenciales del suelo lunar y, en general, demostrar que su poder científico, tecnológico y económico también se extiende a otros planetas.
La competencia entre Estados Unidos y China por colonizar la Luna va mucho más allá de una guerra simbólica. Según afirman los expertos, esta pugna por quién se establece primero en el suelo lunar y quién logra explotar mejor sus recursos podría redefinir el equilibrio de poder global, abrir la puerta al control de nuevos recursos estratégicos y hasta sentar las bases de futuras infraestructuras científicas y militares fuera de la Tierra. Todo apunta a que el país que logre liderar esta nueva carrera espacial podría lograr, a la larga, ventajas tecnológicas, económicas y geopolíticas dentro y fuera de nuestro planeta. O al menos esa es la promesa que se desprende en el arranque de esta segunda gran carrera para (re)coquistar la Luna.
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