“¡Qué jóvenes y qué guapas son en persona!”
Caramelos, pulseras y hasta habas para la reina Sofía y sus hijas en la procesión de los Salzillos de Murcia
Los nazarenos morados se vuelcan con obsequios para la soberana, mientras las infantas Elena y Cristina graban con sus móviles las tallas del cortejo del Viernes Santo murciano

Ana Lucas
Sonaron aplausos en la plaza de Belluga de Murcia, este Viernes Santo por la mañana, cuando hacía su aparición en el palco doña Sofía, la reina emérita, en compañía de sus hijas. “¡Viva la reina!”, comenzaron a gritarle. “¡Están las infantas al lado!”, descubre un joven, al que su acompañante manda callar porque está grabando un vídeo y “desde aquí se ve perfecto”. “¡Vivan las infantas!”, corea una mujer, con alborozo. “¡Vivan!”, responde la gente. “¡Qué jóvenes y qué guapas se ven en persona!”, descubre una señora.
Doña Sofía y sus hijas se entretuvieron ojeando 'El Cabildillo' mientras esperaban que empezase a pasar el desfile. A la izquierda de la abuela de Leonor de Borbón, el obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes. A la izquierda de este, el alcalde de Murcia, José Ballesta. A la derecha de Cristina de Borbón y Grecia, la presidenta de la Asamblea, Visitación Martínez. Así se conformaba la primera fila del palco de honor, blindado por un gran despliegue de seguridad.
Nueve y media de la mañana y la primera nube de menudos nazarenos morados entra en Belluga y, cómo no, se va para la reina. Todos quieren dar caramelos a las reales invitadas, para zozobra del equipo de seguridad. “En ese punto, un desastre”, establece un vecino, divertido, tratando de captar la escena trepando por la tribuna de prensa, sin éxito.
Mayordomos estrechan la mano al obispo y aprovechan para estrechársela también a la reina. Diez menos cuarto de la mañana y la soberana ya lleva más caramelos, abanicos, pines y recuerdos que los que caben en un bolso de tamaño medio. Le dieron hasta habas. Conforme los recibe, los deposita abajo, previsiblemente en algún recipiente que ha traído para la ocasión. Le entregan pulseras, y una de esas no la guarda: se la pone.
Diez de la mañana y se adivina ya La Santa Cena girando por la calle Arenal, con destino Belluga. Siete minutos después, el sol que ya brilló en la cara de la Dolorosa asoma por el lateral del imafronte colindante con la plaza de los Apóstoles. La procesión está en la calle. Y las reales invitadas la están disfrutando: las infantas sacan sus móviles y graban desde las bandas de música a las tallas. Los pasos, claro está, se los giran. La Santa Cena impone; La Oración del Huerto, enamora.
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