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La generación muda

Julio García, experto en comunicación, propone cinco pautas para dosificar las pantallas a menores en Semana Santa y fomentar la vida familiar

Cada vez más adolescentes se comunican solo a través del móvil, incluso estando juntos, una tendencia que preocupa a los expertos y que puede afectar a sus relaciones personales y a su futuro académico y profesional: aprovechar momentos como Semana Santa puede ser clave para recuperar el diálogo en familia

Julio García, experto en comunicación: “Los jóvenes están perdiendo el hábito de la comunicación, no hablan”

Tamara Morillo

Tamara Morillo

Madrid
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Son las 19.00 horas de un día cualquiera. Tras una jornada de trabajo, colegio y actividades extraescolares, la familia se reencuentra en casa. Están juntos, pero no hablan. Los adolescentes se encierran en su habitación y, en el mejor de los casos, se comunican a través del móvil o las redes sociales. Otros juegan con las pantallas. La escena no es solo doméstica. Se repite en la calle: grupos de jóvenes sentados juntos que no interactúan verbalmente entre ellos. La mirada fija en el móvil. Cabeza baja, teléfono en las manos y ni una palabra. Están juntos, pero no conversan y se comunican a golpe de mensaje o compartiendo contenidos visto en redes sociales. Quizá ríen al mismo tiempo, pero no se miran.

Los llaman “la generación muda”: no hablan, teclean. Y ahí está la paradoja. Cuanto más conectados parecemos estar, más nos desconectamos de la realidad. "Estamos en un punto muy complicado en la relación social y familiar. Las generaciones jóvenes están perdiendo el hábito de la comunicación, no hablan, y ya no digo no hablar por teléfono, es que no hablen en general”. Julio García Gómez, experto en habilidades de comunicación y estrategias del lenguaje de la Fundación Casaverde, analiza así esta realidad y las consecuencias negativas.

Gómez insiste en no abandonar la comunicación verbal, oral y gestual y señala que momentos como los días festivos de Semana Santa, en los que las familias comparten más tiempo, son especialmente propicios para ejercitar ese diálogo que, en muchos casos, se ha ido perdiendo.

Según el analista y docente de habilidades de comunicación, si los jóvenes pierden el hábito del diálogo tendrán dificultades a la hora de enfrentarse, por ejemplo, a una entrevista de trabajo, a una presentación pública de un proyecto o a una oposición que incluya una interacción oral. Y se fija como solución en la comunicación familiar “porque la primera escuela es la casa". "Si hay una buena comunicación ahí, todo va a ir rodado”, agrega.

Por una convivencia estable

Entre las claves para mejorar la comunicación en casa, Julio García Gómez destaca algo sencillo: compartir el día a día. Comentar cómo ha ido la jornada, hablar de inquietudes o poner en común objetivos ayuda a fortalecer la relación familiar y a crear un clima de confianza. “Una buena comunicación implica una mejor relación”, resume.

Ese intercambio, añade, permite entender mejor las necesidades de cada miembro de la familia, explica el experto. Algo tan básico como dedicar unos minutos al final del día para contarlo evita malentendidos y conflictos, también en la pareja. “Si no se habla, no se sabe por dónde va cada uno”, advierte. De ahí que el diálogo sea clave para una convivencia más estable.

"Cuando estos chicos y chicas están en su habitación y lo único que están haciendo es entrar en un videojuego, en internet o utilizar el móvil, estamos creando personas que van a poder tener problemas después en su desarrollo personal y profesional"

Julio Gárcía Gómez

— Experto en habilidades de comunicación y estrategias del lenguaje de la Fundación Casaverde

Dialogar ayuda a detectar problemas y a evitarlos. Un estudio de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH) revela que la falta de comunicación familiar agrava el impacto de traumas infantiles, aumentando el riesgo de desarrollar síntomas psicóticos en la adolescencia. “Ahí entramos en un capítulo muy importante, el de la soledad no deseada", sostiene Julio García. "Cuando no hay comunicación, cuando uno se siente aislado, cuando estos chicos y chicas están en su habitación y lo único que están haciendo es entrar en un videojuego, en internet o utilizar el móvil, estamos creando personas que van a poder tener problemas después en su desarrollo personal y profesional”, afirma. “Hay que evitarlo. ¿Cómo? Muy sencillo, practicando la comunicación y el diálogo entre los miembros de la casa”.

El patrón se repite aunque se cambie el escenario. "Si vamos a ver a los abuelos y estamos todo el día pendientes del móvil y no conversamos con ellos, no tiene ningún sentido visitarles". Por eso insiste en fomentar el diálogo en todos los ámbitos: entre padres e hijos, en la pareja o con los mayores. “Es algo sencillo: preguntar, escuchar y responder. Ahí empieza la comunicación”. Y no se trata solo de palabras. El gesto también cuenta. “Cómo miramos, cómo acompañamos lo que decimos con las manos… todo eso también comunica y no debería perderse”, concluye.

Este impacto también repercute en el mañana y ayuda a educarnos digitalmente para saber racionalizar el uso de las tecnologías y que no sustituya el diálogo, señala. Además, esa base se traslada fuera de casa: al colegio, al instituto y, más adelante, al ámbito laboral. “Quien crece en un entorno donde se habla y se escucha, mantiene esa forma de relacionarse en otros espacios”, sentencia.

Afrontar la Semana Santa

Aunque suelen señalarse como responsables, el problema no es la pantalla en sí, sino su uso. “El riesgo está en que absorban todo el tiempo”, advierte el experto. Por eso insiste en poner límites claros: establecer horarios, dosificar su uso y crear espacios libres de móviles en casa, especialmente durante comidas o momentos compartidos. “Incluso se puede dejar el teléfono en una caja fuera del salón por si hay una emergencia, pero no para usarlo”, apunta.

La clave, concluye, está en mantener una estrategia firme para evitar el abuso de las pantallas.

Julio García Gómez ve en los próximos días de Semana Santa una oportunidad para reforzar la comunicación en familia. “Podemos aprovechar las vacaciones para estar juntos y practicar una comunicación más eficiente entre todos”, señala.

Para ello propone estas cinco actividades sencillas:

  1. Diálogo a final de día: exponemos el tema de conversación, cada miembro habla durante 40 segundos, y después debatimos. Marcamos 10 minutos de debate, grabamos en el móvil y después visionamos para observar: qué nos ha parecido la intervención de cada uno y cómo lo ha hecho cada cual.
  2. Vieja lata de fotos: con nuestros mayores también realizaremos una serie de juegos que consistirán en que ellos muestren una foto de cuando eran más jóvenes y que hablen de la imagen durante un minuto: en qué momento se hizo, quiénes aparecen en la foto. De esta manera incentivamos a los abuelos para que se comuniquen con nosotros y nosotros con ellos.
  3. Jugar a la radio: es muy bueno para romper la timidez. Se trata de que un familiar entreviste a otro, por ejemplo, y se grabe todo en el móvil para observar y comentar cómo se han comunicado.
  4. Jugar a las noticias: son ejercicios delante de la cámara del móvil en los que un familiar explica a los demás qué es lo que opina de un tema. Grabamos y vemos el resultado en la pantalla.
  5. Juegos por imitación entre niños para potenciar la comunicación verbal y no verbal: ejercicios lúdicos en los que podemos plantear a los más pequeños y adolescentes que escenifiquen brevemente un cambio de roles e imiten al padre o a la madre, por ejemplo.

“Son pautas simples que pueden aplicarse estos días y mantenerse después”, explica. La clave, concluye, está en trabajar tres aspectos básicos: la voz, la imagen y el lenguaje no verbal. “Saber comunicarse influye en el ambiente familiar, pero también en el desarrollo personal y profesional. Gran parte del éxito que tengamos en nuestra dependerá de ello”.

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