Mes y medio después
José Antonio y Nuria, en una habitación tras 92 días durmiendo en el coche en Sabadell: "Solo queremos un piso para vivir con nuestro hijo"
Pese a que él trabaja y cobra 1.400 euros, la pareja se vio abocada a dormir en su Peugeot tras ser desahuciada
Denuncian la lentitud de la Administración con su caso y que todavía no han podido acceder a una vivienda de emergencia
Cobrar 1.400 euros y vivir en el coche: la historia de José Antonio y Nuria, vecinos de Sabadell, tras perder su piso
Al menos 900 familias esperan una vivienda de emergencia en Catalunya: hasta tres años de demora en Barcelona

José Antonio y Nuria, en una pensión tras pasar 92 días en el coche: "Solo quiero un piso en el que estar con mi hijo" / M. MITRU / VÍDEO: MANU MITRU / MÒNICA TUDELA

Cuando EL PERIÓDICO compartió su caso, el pasado febrero, José Antonio Roncales y Nuria Marquez llevaban 70 días durmiendo en su Peugeot. Lo tenían aparcado en un párking subterráneo de Sabadell, debajo de la que había sido su casa durante 16 años y de la que fueron desahuciados el 3 de febrero de 2025. Pese a que Roncales trabaja en una empresa de seguridad y cobra alrededor de 1.400 euros al mes, a la pareja se le hacía, y se le hace, imposible encontrar un piso que poder costearse para estar con su hijo.
Ahora, mes y medio más tarde, la pareja ha cambiado los duros asientos de su coche por las camas de una pensión en un municipio cercano del Vallès. Es el alojamiento de urgencia que les ha dispuesto el Ayuntamiento de Sabadell, que les ofrece una ayuda de 200 euros al mes (100 euros por persona).

José Antonio Roncales y Nuria Márquez, en su habitación. / Manu Mitru / EPC
"Ahora nos permitimos el lujo de poder comer caliente, que durante estos 92 días solo podíamos hacerlo los viernes y porque nos lo traía una asociación", explica Roncales. "La situación ha mejorado. Me han quitado un peso, pero sigo estando sin mi hijo, sigo sin tener una casa, sigo sin sentirme padre y sin sentirme útil", resume.
"Ahora nos permitimos el lujo de comer caliente, antes lo hacíamos una vez por semana"
Roncales y Márquez denuncian que, pese a que el alojamiento ha mejorado mucho su calidad de vida, lo encontraron en una situación bastante mejorable. De hecho, en su habitación se pueden ver fácilmente alguno de los pequeños arreglos que Roncales ha ido haciendo durante su estancia.
Tras el desahucio de la familia, tanto la pareja como su hijo Pol, de 19 años, pasaron ocho meses viviendo en casa de una de las dos hijas que Márquez tiene de una relación anterior. A finales de noviembre, fue ella quien pidió a su madre y a su familia que se marcharan de su piso. Mientras la pareja dormía en el coche, Pol se fue a casa de su novia a Canovelles. Cuando sus padres entraron en la pension a finales de febrero, sin embargo, volvió a casa de su hermana.
"Antes el 'insti' era lo primero para mí, ahora ha pasado a ser secundario", cuenta Pol, que ha empezado a trabajar
Pol studia un grado superior de márketing y publicidad en un instituto, pero desde que ha vuelto con su hermana también se ha puesto a trabajar. Durante un mes, estuvo trabajando en la oficina de una empresa energética, aunque finalmente no superó el periodo de prueba. Así que, de momento, sigue con su trabajo de asistente de seguridad en algunos eventos y partidos deportivos. “Sigo yendo al ‘insti’ los días que puedo… Antes era lo primero para mí, ahora ha pasado a ser secundario”, admite Pol. “Incluso hubo un momento en que me replanteé ir a la universidad, ahora ya con el tiempo lo veré”, reflexiona el joven.
El Ayuntamiento de Sabadell está recabando la documentación para determinar si la pareja puede acceder a una vivienda de emergencia
Aunque la familia siempre ha animado a Pol a seguir con los estudios, quedarse sin la principal principal fuente de ingresos del joven les ha provocado la sensación de volver a un punto de partida. "Continuamos con un único sueldo para tres personas", lamenta Roncales. Antes de dejar el trabajo, el padre vaticinaba que la ayuda que les pudiera prestar su hijo serviría para ahorrar y, quizá en un año, poder encontrar un piso para vivir los tres juntos, como llevan pidiendo desde que se produjo su desahucio. "Con mi hermana estoy bien, per aún espero la solución definitiva que sería un piso para estar con mis padres", explica Pol.
Mucho papeleo
De momento, la búsqueda de una vivienda que reúna a la familia al completo está siendo infructuosa. Además, denuncian que el proceso de solicitud de una vivienda de emergencia requiere demasiado papeleo. "Tenemos que rescatar documentación que me parece irrelevante… ¿Por qué con 25 años que hace que estoy con mi mujer tenemos que encontrar la sentencia de su separación?”, se pregunta Roncales que teme que el esfuerzo en tiempo y dinero que les está suponiendo recabar todos los documentos no sirva de nada. “¿Total, para que el día de mañana me digan que como tengo ingresos no es una emergencia habitacional?”, adelanta.

José Antonio Roncales y Nuria Márquez, en el coche en el que durmieron 92 días. / Manu Mitru / EPC
La situación tampoco mejora cuando la búsqueda se traslada al mercado privado. "Yo tengo la mala suerte que cada vez que contacto con un piso asequible resulta que aparece que lo gestiona Booking", cuenta Roncales, que asegura que, más allá de precios que no puede asumir, se encuentra con estafas y anuncios poco fiables.
Fuentes del Ayuntamiento de Sabadell aseguran que "se acompañó a esta pareja hasta que consiguieron el alojamiento temporal en el que estan ahora mientras se tramita el procedimiento que determina si deben acceder a una vivienda de emergencia”. “Estamos haciendo un seguimiento intensivo tanto por teléfono como presencial, manteniendo un todo momento el acompañamiento y el apoyo", añaden.
"No pido un piso de lujo, pido uno en el que pueda estar con mi hijo”
Márquez, sin embargo, no se fía de las instituciones. Más de una década después de tener que dejar su puesto de limpiadora por problemas de salud, y pese que asegura que cuenta con un informe de la Seguridad Social que acredita su discapacidad del 39%, no percibe ninguna prestación. “Ya no creo en las instituciones”, sentencia la mujer.
Es una sensación de desconfianza que también traslada a su situación habitacional. "Si ahora nos han dado una habitación, a las dos semanas de estar en un coche nos la podrían haber dado igual. Para mí esto es un parche para callarnos, pero no nos van a callar. No pido un piso de lujo, pido uno en el que pueda estar con mi hijo", insiste.

José Antonio Roncales y Nuria Márquez, con su hijo Pol, en su habitación. / Manu Mitru / EPC
De hecho, pese a la mejora, Márquez siente que "está mal". "Cuando estábamos en el coche no teníamos tiempo de pensar en mucho, pero ahora veo que no puedo aportar nada en casa, y que mi hijo empieza a no depender de mí. Es lo normal a su edad, pero me da la sensación que ha sido forzado, que mi familia se está rompiendo", dice entre lágrimas.
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