Combustible sostenible
Más de 2,5 millones de hogares en España apuestan por la biomasa: "Calentamos el edificio con astillas y ahorramos 10.000 euros al año"
En Móstoles, 5.900 viviendas funcionan con un sistema llamado red de calor que utiliza restos vegetales para tener calefacción y agua caliente
Asturias 'entierra' el carbón': la biomasa ya es la fuente primaria de energía con más peso en la autonomía

Calderas que calientan 5.900 viviendas en Móstoles quemando astillas / José Luis Roca
En una esquina de Móstoles hay un obrero cavando una zanja para meter tuberías subterráneas. No son de fibra para internet, sino de la red de calor; un sistema de calefacción basado en la biomasa que ya da servicio a 5.900 viviendas en la ciudad. La biomasa es un método más ecológico y sostenible que el gasoil, y que además esquiva las fluctuaciones del siempre volátil mercado de los combustibles fósiles.
Cuando los dueños del mundo le dan al botón de la guerra, lo primero que piensa el ciudadano de a pie es: "¿Qué va a subir en esta ocasión?". La guerra de Ucrania dejó un reguero de carencias en multitud de materias primas. El actual conflicto de Irán, con el régimen de los ayatolás bloqueando la salida de petróleo por el Estrecho de Ormuz, ha vuelto a poner de manifiesto la fragilidad del sistema y la dependencia de los combustibles fósiles.
En España ya hay más de 2,5 millones de hogares (1,3 millones en zonas rurales y 1,2 en zonas urbanas) que se han decantado por la biomasa (ya sea vía red de calor, pellets o residuos de oliva, entre otros) y han dejado de utilizar el gasoil. Se define como biomasa esa materia orgánica de origen vegetal o animal, (incluyendo residuos agrícolas forestales y urbanos), utilizada como fuente de energía renovable.
Red de Calor (un sistema de climatización gestionado por la empresa Rebi) compra las astillas y las quema en unas enormes calderas que hay en Móstoles y que sirven para calentar agua
En el caso de la red de calor, que está presente en 22.000 viviendas de comunidades de Madrid, Cuenca, Guadalajara, Soria, Valladolid y Burgos, los vecinos obtienen agua caliente y calefacción central en sus hogares mediante un sistema que quema la madera sobrante de los bosques.
EL PERIÓDICO ha visitado la central de Rebi a las afueras de Móstoles donde se produce esta energía. Cada día llegan entre dos y ocho camiones (dependiendo de la época del año) cargados de astillas procedentes de la sierra: "Este resto vegetal es de proximidad. Es decir, tiene que estar recogido en un radio de no más de 200 kilómetros de la central. Podríamos decir que es producto de proximidad", cuenta Antonio Arellano, portavoz de la empresa.

Descarga de astillas en el silo de la central de Móstoles / José Luis Roca
Así funciona
El procedimiento, muy resumido, sería el siguiente: la limpieza de los bosques deja toneladas de residuos naturales. Troncos, ramas y materia orgánica retirada por empresas especializadas que la convierten en astillas. Red de Calor (un sistema de climatización gestionado por la empresa Rebi) compra estas astillas y las quema en unas enormes calderas que hay en Móstoles y que sirven para calentar agua.
"En este edificio somos 124 viviendas y estamos tan contentos que acabamos de renovar el contrato por siete años más"
Desde la central salen tuberías subterráneas con ese agua caliente, que llega a los edificios que se han sumado a este sistema de red de calor (district heating en inglés). Una caldera central distribuye este calor entre los hogares de los vecinos, climatizando las estancias con calefacción central. Ese mismo calor calienta el agua sanitaria para que los habitantes puedan disponer de agua caliente.
"Este sistema de quema de astillas, además de ser sostenible y ecológico, nos está haciendo ahorrar casi 10.000 euros por edificio cada año", explican a EL PERIÓDICO Pedro Ignacio y Santiago Luque, dos de los mostoleños que residen en edificios que se han sumado ya a esa red de calor. "En este edificio somos 124 viviendas y estamos tan contentos que acabamos de renovar el contrato por siete años más".
"La cáscara de almendra es un material muy valioso por el poder de combustión y de almacenar calor que tiene"
Los camiones transportan astillas de todo tipo. Hay restos de troncos y de ramas, pero también otra materia vegetal como la cáscara de almendra: "Es un material muy valioso por el poder de combustión y de almacenar calor que tiene", explica Arellano. La explotación de la biomasa cumple también una función necesaria, que es formar parte de la cadena de limpieza de los bosques.
Las astillas son almacenadas en un silo que conecta directamente con el habitáculo principal. La materia es arrastrada por unas cintas transportadoras que las conducen hasta tres calderas que parecen las del infierno: parrillas a 400 grados en el proceso de combustión, bóvedas a 900 grados en el de postcombustión. Una temperatura que calienta 3.500 metros cúbicos de agua almacenada en un tanque.

Imagen del tanque que almacena 3.500 metros cúbicos de agua en Móstoles / José Luis Roca
Ese agua sale a 92 grados hacia un intercambiador, que lo envía a unas tuberías subterráneas y llega a los edificios que tienen calderas de biomasa en el sótano. Dicha caldera distribuye el calor por todo el inmueble con un sistema de calefacción central y mediante un sistema de radiadores o aerotermia. Las tuberías subterráneas también tienen recorrido de retorno. Así, ese agua ya utilizada para calentar, regresa a 52 grados de calor, lista para ser reutilizada de nuevo.
El sistema de red de calor es el paradigma de economía circular; hasta las cenizas generadas se aprovechan para hacer abono o cemento
El agua que no se utilice (porque, por ejemplo, sea verano y no se requiera calefacción), también regresa al tanque de la central. Ese agua, no obstante, no es la misma que los vecinos utilizan para uso sanitario. "Cada edificio tiene su circuito de agua ACS (agua caliente sanitaria) como cualquier otro, pero nuestro sistema la calienta. El agua que nosotros calentamos va por una tubería y el agua que usan los vecinos para ducharse o lavar los platos va por otro", explica Arellano.

Pedro Ignacio y Santiago Luque, usuario del sistema, en una caldera de red de calor / José Luis Roca
El sistema de red de calor es el epítome de la economía circular: no solamente aprovecha los restos vegetales de la limpieza de los bosques para generar calor. También la ceniza que dejan las calderas: "Hay empresas que utilizan ese material para mezclar con abonos o para fabricar cemento", cuentan desde Rebi. Incluso el condensador de la central usa el calor sobrante del proceso para calentar el agua.
""El problema es que nos están cobrando un 21% de IVA, que es lo que encarece el precio final. Si nos equiparasen a la electricidad, que tiene el 10%, el ahorro sería mucho mayor"
Hay redes de calor en otros municipios como Aranda de Duero (Burgos) o en Ólvega (Soria), cada una con su central. Las ventajas ecológicas del sistema son innegables, pero el mayor aliciente para el usuario es el del bolsillo: "No podemos decir al céntimo cuánto nos ahorramos en relación al gasoil, porque el precio de los combustibles fósiles va fluctuando. Pero nuestros cálculos fijan en unos 900 euros por hogar el gasto anual en este sistema, y un ahorro de entre 9.000 y 10.000 euros al año en relación a las comunidades que funcionan con calderas tradicionales de gasoil", resume Pedro Ignacio.
La última traba es la de los impuestos, tal y como concluye Santiago Luque: "El problema es que nos están cobrando un 21% de IVA, que es lo que encarece el precio final. Si nos equiparasen a la electricidad, que tiene el 10%, el ahorro sería mucho mayor".
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