Violencia contra los niños
El caso Alba, 20 años después del suceso que cambió los protocolos de maltrato infantil: "Mi hija sufre graves secuelas y vive en un centro tutelado"
Álvaro Caldas, padre biológico de la joven, explica que, a resultas de la brutal paliza que le infligió el padrastro, tiene medio cuerpo inmovilizado y no puede andar ni apenas hablar
El bebé maltratado por sus padres pasó por un CAP y tres hospitales antes de llegar a Vall d'Hebron

Entrevista al padre de Alba, la niña que sufrió malos tratos en 2006. / Patricio Ortiz
En 2006, hace justo 20 años, el brutal caso de maltrato a la pequeña Alba, una niña de Montcada i Reixach, sacudió a la sociedad y marcó un antes y un después. El caso puso en evidencia los fallos entre administraciones a la hora de detectar la violencia contra la infancia y de garantizar la protección de los menores. Un error tras otro llevó a la pequeña, maltratada por la madre y su padrastro, a la uci del Hospital Vall d’Hebron.
Tenía solo 5 años cuando su madre y la pareja sentimental de esta le dieron una brutal paliza que la dejó en coma y con una discapacidad del 90% después de meses de malos tratos continuados. Al padrastro lo condenaron a 22 años de cárcel por ser el autor de las palizas y a su madre a 15 por consentirlo.
Esta semana, en que se ha conocido el caso del bebé de Barcelona presuntamente maltratado y abusado por sus padres, ambos en prisión, acusados de haberle infligido lesiones muy graves y haber cometido agresión sexual y maltrato habitual, EL PERIÓDICO ha hablado con Álvaro Caldas, padre biológico de Alba. “Preferiría estar yo en el lugar de mi hija y que ella disfrutara de la vida”, afirma en una charla con EL PERIÓDICO.
En un centro de Lleida
La niña Alba, como se la llamó desde los medios de comunicación hace 20 años, conmovió y removió a la sociedad catalana y española al conocerse el infierno que la pequeña había vivido entre 2005 y 2006 en manos de unos maltratadores que le arrebataron su infancia y, en definitiva, su vida para siempre. Alba vive hoy en Lleida en un centro tutelado: tiene afectadas sus capacidades, no puede caminar ni apenas hablar, sufre una parálisis total del lado derecho del cuerpo y "graves secuelas en el lenguaje, y es totalmente dependiente".
Hoy es también una joven de 25 años cuya patria potestad está en manos de la Generalitat porque su padre biológico no pudo hacerse cargo: “Me fue imposible asumir los cuidados de la niña y los gastos que suponen sin apenas ayudas y teniendo que trabajar –explica–. Sin embargo, la veo en el centro”.
–¿Cómo está Alba?
–Mi hija es hoy una joven de 25 años, está feliz y no habla mucho, pero sí dice algunas palabras como ‘papá’. Nunca dice ‘mamá’, nunca. Tiene un gran amor que se llama David Bisbal y le dice ‘amore’, ‘guapo’, y también dice ‘agua’, ‘pan’, ‘sí’ y ‘no’. Pocas palabras más. Le gusta la música y siempre está pensando en David Bisbal. Es su héroe.
Alba sufrió muchísimo. Cuenta su padre que estaba aterrada cuando tenía que ver a la pareja de su madre. Tan solo tenía 4 años cuando empezaron los malos tratos continuados. Unos meses antes de la brutal paliza ocurrida el 4 de marzo de 2006, la pequeña Alba ingresó en el hospital con un brazo roto. Álvaro, su padre biológico, fue detenido, acusado de maltratarla: “Me arrestaron y me vine abajo. Recuerdo que estaba en pantalones cortos y les pedí si me podía vestir; me dijeron que sí”.
Explica Álvaro que, durante la declaración ante el juez, el magistrado le hizo salir de la sala y, al poco rato, su abogado le contó que tenía dos noticias que darle: “La buena es que te vas sin cargos; la mala, que tu hija está en coma”.
Lesiones cerebrales
La niña ingresó en marzo de 2006 en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona con fuertes lesiones cerebrales. De hecho, los médicos llegaron a hablar de muerte cerebral: "Tenía una parte del cerebro hundida porque le habían quitado una parte, porque si no el cerebro crece. Llegado un momento, si no le hacían esa intervención, el cerebro se aprisionaría, quedaría sin oxígeno y habría muerto. Llevaba un casquito, un gorrito para que la gente no viera lo que le estaba pasando". No hay palabras.
La sentencia de la Audiencia de Barcelona, a la que este diario ha tenido acceso, creyó probado que el padrastro había agredido de forma continuada a Alba durante meses, “atándola a una silla con la cuerda de un albornoz y poniéndole los brazos por detrás del respaldo". Dado que a Alba no le entraba la comida y la vomitaba, "el acusado recogía con una cuchara los vómitos y se los introducía de nuevo en la boca hasta que conseguía que se los tragara”. Toda la sentencia es terrorífica. El fallo consideró también probado que “el procesado, con la intención de atentar contra la dignidad de la menor (...) y para obligarla a beber agua, le tapaba la boca con un precinto o esparadrapo al que hacía un pequeño orificio en el que introducía una jeringuilla obligándola así́ a beber agua”. La paliza se produjo después de que la criatura manifestara que no quería ir a la feria.
–Y mientras eso ocurría, ¿qué hacía la madre?
–Las puertas de las habitaciones (de su casa) se abrían un poco y ella lo veía todo. En vez de ir a la policía y decirle que aquel señor estaba maltratando a su hija y que necesitaba ayuda, pues no lo hizo.
–¿Qué sabes de la madre, Ana María Cano Fondevilla?
–De la madre no quiero saber nada, lo que sé lo cuenta la abuela materna de Alba. Ella tuvo un hijo al salir de la cárcel que probablemente quedará en manos de asuntos sociales. Su madre nunca más ha vuelto a ver a la niña ni tampoco puede acercarse a ella.
–Y al maltratador, Francisco Javier Pérez Espinosa, ¿le dirías alguna cosa?
–¿Para qué? ¿Para ir yo también a la cárcel?
El caso de la niña Alba cambió por completo los protocolos de las administraciones. De hecho, se llegó a crear uno nuevo, llamado Protocolo Alba, en el que se implicaron las diferentes instituciones y que, a día de hoy, se ha aplicado al bebé cuyos padres se encuentran en prisión provisional por supuestamente haber agredido a su hijo. Si las cosas se hubieran hecho bien, si se hubieran detectado a tiempo los malos tratos a Alba, quizá no tendríamos que escribir esta historia.
Alba vive en el centro junto a sus cuidadoras y recibe solo las visitas de su padre y de la abuela materna. Su padre, de 66 años, está jubilado, tiene diabetes y su estado de salud no es bueno: “Por eso estoy espaciando las visitas, quiero ir preparándola por si un día a su papá le pasa algo. Ya informé a las cuidadoras del centro”.
–Una cosa final: ¿qué le pedirías si pudieras a David Bisbal?
–Yo a Bisbal le diría que, por favor, nos enviara un póster o un disco firmado por él en el que animara a mi hija. Ella sería la más feliz del mundo porque, claro, tiene sus limitaciones y no puede ir a un concierto, pero estaría encantadísima de tener algo propio de él.
A pesar de ser una historia que cuesta escribir, siempre cabe la esperanza. David Bisbal, si lees esto, por favor, haz magia.
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