Reforma horaria
España, el país europeo que más alarga la jornada: a las 20.00 horas trabajan el doble de personas que en el resto de la UE
Uno de cada tres empleados aún está en su puesto de trabajo a las siete de la tarde
Los expertos alertan de que los horarios españoles, que van con dos horas de retraso respecto a Europa, penalizan la salud y la conciliación

Trabajadores en oficinas a las ocho de la tarde. / Zowy Voeten / EPC

Esta madrugada los relojes se adelantarán una hora para entrar en el llamado "horario de verano". El fin del cambio de hora –es decir, dejar de adelantar o retrasar el reloj dos veces al año– se ha atascado en los despachos europeos y, con él, uno de los "aceleradores" que en España y Catalunya debían impulsar una reforma horaria mucho más ambiciosa: la que lleva años esperando turno para hacer más racionales unos horarios que en Europa son una auténtica "anomalía".
Comemos tarde y alargamos como nadie la pausa del almuerzo; salimos de trabajar cuando el resto de Europa ya cena; cenamos cuando los demás prácticamente se están preparando para acostarse y, a resultas de todo ello, dormimos media hora menos y la conciliación se convierte en un ejercicio endiablado. Como prueba de cargo de este desajuste, los especialistas aportan dos datos. Según las últimas cifras comparadas y disponibles en Eurostat, uno de cada tres empleados españoles aún está en el trabajo a las siete de la tarde. De hecho, a las 20 horas, el 11% de la población total todavía está trabajando, el doble que en países como Francia, Italia o Alemania.
"Se trata de un cambio cultural urgente, porque estos horarios generan mucho malestar: el 56% de las mujeres y el 51% de los hombres afirman que les resulta difícil conciliar trabajo y vida, y eso es un problema social y estructural, no una cuestión de organizarse mejor la propia vida", apunta la politóloga Marta Junqué, directora de Time Use Initiative, consultora que impulsa políticas del uso del tiempo que promueven la salud, la productividad y la conciliación. El problema, apunta la especialista, es que cuando la cuestión empezaba a asomar en las políticas públicas llegó la pandemia y, tras ella, "otros temas han sido más prioritarios en la agenda política".
Horario natural y reseteo de la jornada
El diagnóstico, sin embargo, está más que claro: la pausa del mediodía es demasiado larga, y la jornada, por tanto, se extiende hasta el punto de que vamos casi con dos horas de retraso respecto a nuestros vecinos europeos. De hecho, en la última década se han hecho pruebas piloto en distintos municipios catalanes que avalan un reseteo horario que podría tener, según los especialistas, tres palancas de acción.
Una, mantener el horario más ajustado al natural (el conocido como "de invierno"), que está más acorde con los llamados ritmos circadianos (los biorritmos del cuerpo). Dos, impulsar la movilidad pública –ahí está el caos de Rodalies– con el objetivo de que deje de ser "ladrona de tiempo", apunta Junqué. Y tres, reestructurar la jornada laboral para, siguiendo el ejemplo europeo, "promover la compactación, la reducción de jornada –las 35 horas semanales para los funcionarios estatales entrarán en vigor en abril– y la flexibilización de las entradas y salidas". Los datos europeos del Eurostat señalan que en España no se trabajan más horas, pero sí se hacen de forma más extendida a lo largo del día.
Origen
Una de las raíces de este círculo vicioso se remonta al franquismo, ya que en 1940 se instauró un huso horario que no corresponde a la geografía del país y que supone una hora de adelanto respecto al sol en invierno y dos en verano. También de esa época, apuntan los especialistas, ha quedado el 'tic' de la jornada partida: por entonces era habitual trabajar en una empresa por la mañana y en otra por la tarde, lo que ha dejado de herencia el descansar más tiempo para comer y, además, hacerlo más tarde, lo que acaba estirando la jornada. Basta mirar los gráficos para determinar que, aun el tópico, no se trata de una costumbre mediterránea. Incluso Italia, por poner un ejemplo, tiene los horarios laborales más compactados: cenan antes y también se van antes a dormir. De hecho, es precisamente la extensión de la jornada la que provoca, por efecto cascada, que el comercio y la restauración vayan igualmente más tarde.
Acabar de trabajar antes y empezar el insti después
Para sincronizar relojes biológicos, sociales y laborales, 60 expertos –desde académicos hasta interlocutores sociales o responsables públicos– participaron en el estudio que coordinó Time Use Initiative y que fundamentó la ley de usos del tiempo –la cual permanece actualmente en un cajón–. El documento, exhaustivo, describía así cómo debía ser una "jornada racional": terminar de trabajar a las 18.00 horas; adelantar el cierre del comercio a las 19.00 y así como el del horario del 'prime time televisivo' para que finalice a las 23.00 (ahora empieza a las 22.30) y retrasar el comienzo del horario lectivo de universidades y secundaria.
En este sentido, especialistas como el biólogo y experto en neurociencia David Bueno también hace tiempo que alertan de que los adolescentes –cuyos biorritmos se retrasan hasta dos horas respecto a niños y adultos– se despiertan demasiado pronto, comen demasiado tarde (un grueso de institutos hacen jornada continua toda la secundaria) y, entre horarios intempestivos de extraescolares y uso tardío de pantallas, no descansan las horas suficientes, factores que penalizan desde el rendimiento académico hasta la salud física y mental. "Existe un gran desajuste: cuando los adolescentes empiezan las clases sus cerebros no están al 100% y el aprendizaje es menos eficiente", explica. En ello incide también la psicóloga social y experta en usos del tiempo Sara Berbel, que apunta a que este 'jet lag' horario contribuye a que se detecten más "problemas de salud en niños y adolescentes por falta de sueño" que en otros países del entorno europeo. De hecho, el Govern de la Generalitat tiene pendiente un estudio de la jornada escolar que podría llevar a una eventual reforma que, de entrada, el profesorado rechaza.
Impactos
Más allá de los adolescentes, hay dos grupos de población a los que penaliza en mayor medida el horario 'made in Spain': las mujeres –que aún cargan con la llamada doble jornada: la laboral y la familiar– y la población con menos recursos. "Con la falta de tiempo general y sin servicios públicos potentes, quienes tienen capacidad económica pueden contratar canguros, ayuda en casa o permitirse el coche particular –apunta Junqué–. Pero quienes no disponen de ellos tienen mayor riesgo de sufrir la llamada pobreza del tiempo".
En este sentido abunda la psicóloga Sara Berbel. "Las dos horas de retraso que llevamos respecto a Europa en acabar el trabajo e ir a dormir comportan un aumento del nivel de estrés y de insomnio que, a su vez, provoca mayores niveles de medicación", apunta la especialista. "De hecho –añade–, hay un estudio de ámbito europeo que apunta a que las españolas son las mujeres más estresadas y las que menos duermen de toda Europa". Precisamente para trabajar los horarios desde el eje de género, el Govern impulsa la Xarxa Catalana del Dret al Temps y la Agenda Catalana per la Conciliació i la Corresponsabilitat.
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