Accesibilidad
Bartolomé Martín, tetrapléjico, vive encerrado en casa: tres años esperando que le pongan el ascensor
Tiene el piso en una primera planta y, desde que quedó anclado a una silla de ruedas, no puede salir de casa sin ayuda
En 2023 la comunidad de vecinos acordó poner el elevador; hace ocho meses que empezaron las obras y seis que están paradas

Bartolomé Martín, tetrapléjico, lleva tres años esperando que pongan el ascensor donde vive / Dani Casas/G.C.
En diciembre de 2022 el manresano Bartolomé Martín Soriano acompañó a una amiga al CAP Bages. Salió un momento a la calle «y ya no me acuerdo de nada más». Cayó, se golpeó frontalmente con la cabeza en el suelo y quedó tetrapléjico y atado a una silla de ruedas. En la escalera donde vive, en la calle de la Maternitat d’Elna, al año siguiente, los dieciséis vecinos que viven repartidos por las cuatro plantas que incluye decidieron poner un ascensor. Todos estuvieron de acuerdo. Aún lo esperan.
Las obras llevan medio año paradas. Martín, que tiene 55 años, solo puede salir de casa con ayuda. No solo está atado a una silla, también ha perdido por completo la autonomía para poder ir a dar una vuelta, a la biblioteca, a tomar un helado y, ahora que le han operado la mano para ganar un poco de movilidad, a hacer recuperación o ir al gimnasio.
Encerrado en casa
Debe de ser muy duro vivir estancado en una silla, pero aún debe de serlo más quedar aislado en casa porque la empresa que tiene que poner el ascensor que le tiene que permitir poder salir a la calle tiene las obras paradas desde hace meses. En la entrada ya han hecho el agujero para el elevador y el tramo de escalera que tiraron al suelo lo sustituyeron hace seis meses por una escalera metálica que a las personas más mayores del edificio no les da ninguna garantía de seguridad. Es el caso de la madre del manresano, que vive con él para poder ayudarle.
Antes del accidente, Martín tuvo durante ocho años una empresa de precocinados (Coc) en el primer tramo del Passeig. Tiene dos hijos. Antes de sufrir la caída, tenía una enfermedad degenerativa de la columna y espina bífida, pero podía hacer una vida totalmente normal.
Ocho meses y pocos resultados
Después del accidente, estuvo dos meses y medio en la Vall d’Hebron, donde lo operaron, y, posteriormente, en la Guttmann, donde estuvo cuatro meses más. Cuando volvió al piso donde vivía lo adecuaron a sus necesidades y se movió enseguida para instalar un ascensor en la finca. «Nos ponemos en contacto con la comunidad de propietarios, está de acuerdo y se tira todo adelante», explica. Hablamos de 2023. Pidieron presupuesto a cuatro empresas distintas y, finalmente, eligieron una. «A partir del momento que se decidió hacerlo, ya empezaron muy tarde», destaca.
Hace ocho meses que arrancaron las obras y, «como mucho, han venido dos semanas a trabajar». Hace seis que pusieron la escalera provisional y tablones en lugar de barandilla.
Un cartel de la gestoría que administra la finca informa en el vestíbulo del inmueble que «el próximo 1 y 2 de octubre de 2025 el acceso quedará inhabilitado por las obras del ascensor durante un cierto tiempo». Los vecinos quedaron incomunicados toda una mañana. No se ha hecho nada más.
«Mi hermano se ha jugado la vida para bajarme por la escalera para poder salir a airearme»
Cuando ha pedido explicaciones al administrador para entender la demora ha recibido varias respuestas. «La primera excusa que me dieron es que habían encontrado unas tuberías hechas con uralita y tenían que esperar a una empresa especializada para que lo recogiera. Trabajan durante tres días y la obra vuelve a quedar parada porque tienen un requerimiento del Ayuntamiento». Vuelve a llamar al administrador porque ve que no avanza. Se retoman las obras tres días y vuelven a quedar paradas. Llama de nuevo a la gestoría y le dicen que «teníamos que escoger el color del suelo». Lo eligen y les dicen que se han quedado sin stock. Lo último que le han dicho es que ya están haciendo las planchas de la instalación y le han pedido las medidas de la silla de ruedas, que ya había dado al comienzo. Cuando se queja al presidente de la comunidad le dice que «sabe lo mismo que yo y tampoco sale», y lo mismo pasa con la gestoría, que también le dice que no puede hacer nada porque tampoco sale.
«Todo lo que he ganado lo he ido perdiendo»
Este diciembre hará cuatro años que va en silla de ruedas. Desde 2023 ha podido ir al médico y al hospital para operarse porque lo van a buscar y lo bajan. Pone en duda que la escalera provisional pueda aguantar el peso y hace notar que la última vez, que lo subieron a pulso y no con un sistema mecanizado, sufrió por su integridad. Él y su madre, Pura Soriano. Ella confiesa que «tengo tanta maldad en el cuerpo que no sé qué sería capaz de hacer. La rabia de que no pueda bajar. El día que lo operaron de la mano, la semana pasada, lo subieron con una sillita. Vinieron un chico y una chica jóvenes y la silla iba de un lado a otro. Cuando vi cómo lo subían, les dije: ‘¡Madre mía, que lo tiraréis!’, y que no pueda salir a la calle a dar una vuelta». Él añade que, actualmente, cuando lo bajan, igualmente tiene que ir con la silla manual porque la eléctrica no se puede bajar porque pesa demasiado, de manera que «necesito una persona detrás de mí empujando. Todo lo que he ganado lo he ido perdiendo».
Además de los días que ha salido por temas médicos, hay cuatro más desde 2023 que lo ha podido hacer ayudado por su hermano y su cuñada. «Mi hermano se ha jugado la vida para bajarme por la escalera para poder salir a airearme».
Cuando informó a la gestoría que hablaría con Regió7, hace notar que «fue el día de las explicaciones». Le volvieron a hablar del suelo, «que es un tema de ya hace tres o cuatro meses», y le dijeron que les faltaban las medidas de la silla de ruedas que lleva para cortar las planchas del elevador a medida, si bien «en enero encontré al presidente de la comunidad y me dijo que ya las estaban cortando». Al comienzo de todo, remarca, su hermano ya midió la silla del derecho y del revés y pasó las medidas. Lo ve todo como excusas que impiden que las obras avancen. Agradece la ayuda de los servicios sociales del Ayuntamiento, que «han empezado a hacer preguntas a la gestoría».
En diciembre de este año el ascensor quedará pagado, porque los vecinos van haciendo derramas regularmente, y no está ni empezado.
«No lo pido por un capricho», lamenta, al mismo tiempo que admite que es una situación que le está dejando «tocado psicológicamente» porque «no puedo salir y es un día y otro y otro con la misma rutina. Y, cuando te dicen: ‘va, ¡que empezamos!’ y no hacen nada, te deja desanimado. No sé si son excusas o mentiras, porque las explicaciones que han dado son incoherentes».
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