Caída del permiso entre los más jóvenes
Helena Vega, universitaria de 20 años sin carnet de conducir: "Es un círculo vicioso, no tengo tiempo ni dinero para sacármelo"
Los jóvenes universitarios apuntan al factor económico como el principal escollo para sacarse el carnet
En algunos casos se han encontrado con listas de espera de 8 meses para examinarse del práctico
El carnet de conducir cae entre los jóvenes: hace 40 años los nuevos conductores menores de 24 años eran el 73%; hoy, el 57%

Imagen: Jordi Otix
Irina Soler es una universitaria de 21 años de Porqueres, Pla de l’Estany, que, como un número creciente de coetáneos, aún no tiene el carnet de conducir. Los motivos principales de no sacarse el permiso –o de, en muchos casos, posponerlo– también subyacen en un grueso de adultos jóvenes que han roto con la tradición de apuntarse a la autoescuela al cumplir la mayoría de edad. Irina explica que no lo necesitaba –en el entorno de su pueblo se mueve con ciclomotor y opta por el transporte público si debe desplazarse más lejos– y que la compra del coche y su mantenimiento requieren de un dinero que de momento ella no puede asumir.
"Mis padres necesitaban el coche y comprarme uno era una inversión que no nos podíamos ni plantear. Ni siquiera con el sueldo que gano donde trabajo cada verano", afirma Irina, que admite que, además, "no lo habría utilizado". De hecho, tampoco lo ha necesitado desde que se trasladó a Cerdanyola del Vallès para estudiar en la Universitat Autònoma de Barcelona. En el entorno metropolitano, afirma, se desplaza en transporte público.
"Mis padres necesitan el coche y comprarme uno ha sido una inversión que no nos podíamos ni plantear: ni siquiera con el sueldo que gano donde trabajo cada verano"
La logística y la cuestión económica han ido aplazando su matrícula en la autoescuela hasta justo ahora: este curso acaba la carrera y asegura que cuando regrese a Porqueres necesitará el carnet. “Con los estudios acabados, me centraré en el mundo laboral y podré ahorrar para invertir en un vehículo –afirma–. Además, no quiero cerrarme puertas porque en muchos trabajos te piden el coche”.
Y luego está el tema de Rodalies. “El caos de los trenes es un aliciente para tener coche: estoy decepcionada con el transporte público porque me ha traído muchos problemas”.
Necesario fuera de las ciudades
Irina es un caso más de los muchos jóvenes que han provocado que las estadísticas de permisos B expedidos entre jóvenes bajen de manera sustancial. Sin embargo, también otros muchos chicos y chicas de entre 19 y 21 años ya tienen carnet de conducir y hasta coche, sobre todo entre quienes viven en lugares en los que dependen del coche para poder desplazarse. Es el caso de Jordi Torres, un universitario de 21 años que vive en Sant Salvador de Guardiola (Bages). Él comenta que siempre tuvo claro que al cumplir los 18 años iba a sacarse el carnet porque en su pueblo “sin un vehículo propio no puedes ir a ningún lado” y además porque desde pequeño heredó de su padre la pasión por los coches y la conducción.
"En mi pueblo sin un vehículo propio no puedes ir a ningún lado”
Tras los habituales meses de cola para hacer prácticas con la autoescuela, el joven logró obtener el permiso de conducir a los 19 años. Desde entonces, conduce un viejo Peugeot de 2006 que sus padres no suelen usar y que se ha convertido en un elemento esencial en su vida. “Lo uso todos los días, tanto para ir a la universidad como a mi trabajo en Manresa; solo prescindo de él si debo ir a Barcelona”, explica Jordi.
El caso de la capital catalana es distinto porque las grandes retenciones que se forman en ella abruman al universitario y, además, no podría acceder con su automóvil debido a las restricciones de la Zona de Bajas Emisiones. Además de por necesidades económicas, en su tiempo libre, a Jordi le encanta conducir con sus amigos cuando queda con ellos para hacer excursiones. “Siempre que tengo la oportunidad estoy con las manos en el volante”, bromea el de Sant Salvador de Guardiola.
Círculo vicioso
Otros lo tienen en mente, pero aún no arrancan. Helena Vega tiene 20 años y estudia Filología Hispánica en la UB. No tiene el carnet aún por cuestiones económicas: "Está caro. No tengo tiempo ni dinero, porque para ahorrar ese dinero tengo que trabajar media jornada. Me quedan tres horas al día. Y cuando me lo vaya a sacar, necesitaré más dinero aún del que estoy pudiendo ahorrar. Trabajo para ahorrar para el carnet, pero no me deja tiempo para estudiar el temario. Es un círculo vicioso".

Helena Vega / Jordi Otix / EPC
"Trabajo para ahorrar para el carnet, pero no me deja tiempo para estudiar"
Quiere sacarse el carnet en verano. "O al menos mirármelo", dice. "Tengo 20 años, tampoco es que vaya tarde. Pero cada vez lo veo más necesario. El transporte público está bien, pero tiene muchos problemas. Quiero depender de mí misma". El hecho de que le esté costando reunir el dinero para sacarse el carnet le está haciendo valorar otras posibilidades. "Por ejemplo, sacármelo por libre".
"Tengo amigos que han tenido que esperar hasta siete meses para hacer el examen práctico"
Josue Santiago tiene 19 años, también estudia filología en la UB y se sacó el carnet de conducir el lunes pasado. "Todo a la primera", cuenta con orgullo. "Me dijeron que el tapón de la lista de espera eran cuatro o cinco meses, pero finalmente fue algo menos. Nada que ver con algunos amigos míos, que han tenido que esperar siete meses. Mi prima se sacó el teórico hace dos semanas y le han dicho que hay ocho meses de espera".

Josue Santiago / Jordi Otix / EPC
Respecto a los jóvenes que no se sacan el carnet de conducir, cree que "la mayor parte no lo hacen por el dinero. Es muy caro. En el primer pack, que ya cuesta mil euros, te entran solamente 20 prácticas. Si luego necesitas alguna más, son 30 euros más por hora. Es un problema recurrente y preocupante". Josue no tiene coche: "De momento llevo el de mi madre". Y cree que las soluciones para que los jóvenes vuelvan a interesarse son "reducir los tiempos de espera y el dinero que cuesta".
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