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¿Qué buscan las mujeres en los servicios eróticos? "Un nuevo contrato sexual" reflexiona sobre la evolución del deseo femenino

La socióloga Andrea García-Santesmases entrevista a gigolós y reflexiona sobre el crecimiento de la industria del placer femenino, donde despuntan desde juguetes sexuales hasta cirugías estéticas como el rejuvenecimiento vaginal

Solo cuatro de cada 10 jóvenes se declaran feministas

Nueva tienda Satisfyer en Porta Ferrisa, Barcelona

Nueva tienda Satisfyer en Porta Ferrisa, Barcelona / Manu Mitru / EPC

Daniel G. Sastre

Daniel G. Sastre

Barcelona
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¿Hay un auge del consumo de servicios eróticos por parte de mujeres? ¿Existe un cambio en el deseo sexual femenino? ¿Qué hay detrás de la caída de apoyo al feminismo en los jóvenes, incluso entre las mujeres, que detectan las encuestas? Aunque pueda no parecerlo, estas tres preguntas están conectadas, según el último ensayo de la socióloga y antropóloga Andrea García-Santesmases. Tras interesarse en su trabajo anterior por la relación entre feminismo y anticapacitismo, la profesora de la UNED publica ‘Un nuevo contrato sexual’(Ariel) y reconoce que pensó en poner el título entre interrogantes.

Porque ese “nuevo contrato sexual”(para las mujeres) se puede referir tanto al que ya está vigente como a uno por venir. Con respecto al primer caso, García-Santesmases aborda la generalización de las aplicaciones de citas como manera de conocer a nuevas parejas. “Es un error pensar que la convergencia entre las sexualidades masculina y femenina equivale a igualdad. Muchas veces lo que hay no es liberación sexual femenina, sino imitación de pautas tradicionalmente androcéntricas: se presenta como empoderamiento algo que en realidad reproduce lo que históricamente han hecho ciertos varones”, dice en conversación con este diario.

Un "giro conservador" organizado

Y quizás esos problemas, explica García-Santesmases, puedan estar detrás de los “discursos neoconservadores” que propugnan una vuelta a los roles de género tradicionales. Según el último sondeo de la Fundación Fad Juventud, que se hizo público el mes pasado, el auge de esa visión no se da solo entre los chicos jóvenes. Dentro de la franja de edad de entre 15 y 29 años, solo un 38,4% de los encuestados a escala general se declaraban feministas en 2025. Entre las chicas son un 51,3%, pero esa cifra contrasta con el 67,1% que se consideraba feminista en el año 2021. “El contrato sexual que creíamos obsoleto está reviviendo, porque si parte del heterosexualismo actual se caracteriza por una serialización de la sexualidad y una acumulación de parejas, ese modelo está alimentando posiciones que dicen: ‘Igual el antiguo contrato sexual era mejor, al menos estábamos valoradas y nos trataban bien, y nos cuidaban y nos respaldaban’”, resume la autora. En cualquier caso, no cree que la situación esté cambiando de manera natural: “No se puede pensar en el giro conservador de los jóvenes como algo espontáneo, hay una ofensiva neoconservadora organizada”.

¿Qué hacer, pues, si se quiere evitar un regreso al pasado? El libro da algunas pistas. Por ejemplo, habría que pensar “no solo en la igualdad en términos formales de derechos, no solo en términos prácticos de repartir tareas de cuidado o tareas domésticas, que es muy importante, sino también en imaginarios afectivos y de deseo”.

García-Santesmases dedica el grueso de su nuevo libro a investigar un fenómeno “muy minoritario”, el de las mujeres que pagan por servicios sexuales en España. El ensayo no da una cifra concreta de cuántas son, pero una aproximación preliminar a la cuestión las cifra en “unas 300”. En sus entrevistas con gigolós y otros empleados de “la industria del sexo femenino”, descubre que el guion heteronormativo apenas cambia. “La mayoría de clientas buscaban reconocimiento, sentirse deseadas, sentirse cuidadas. Esto no va de una élite de mujeres empoderadas que transgreden roles, sino de la mediocridad de muchas relaciones heterosexuales”, explica.

Roles invariables

En resumen, que esos servicios eróticos para mujeres “buscan recrear la heterosexualidad en su versión más estereotipada y normativa, por lo que los varones encarnan masculinidades protagónicas y las mujeres feminidades complacientes”. Y los propios trabajadores sexuales tenían esos roles en la cabeza, explica García-Santesmases: “Ellos mismos tenían mucho esa ensoñación, ellos querían performar esa masculinidad de Richard Gere en ‘American gigolo’, de hombre irresistible, que tiene mucho sexo y que además cobra por ello. Y en realidad era todo mucho más mundano”.

En paralelo a esa constatación un poco decepcionante, es innegable que existe un crecimiento de la industria dedicada al placer femenino. "El Satisfyer (el succionador de clítoris) fue el regalo más vendido en 2022. No es una excepción, el mercado de los juguetes sexuales está en auge y su público principal son las mujeres. También lo está el de las terapias, las formaciones y los encuentros destinados a explorar, facilitar y potenciar la erótica femenina. No por casualidad una de las cirugías estéticas cuya demanda crece más cada año es el rejuvenecimiento vaginal. Y un último dato: según el portal de pornografía más visitado de nuestro país, Pornhub, las mujeres son el 31% de sus espectadores y este porcentaje aumenta cada año”, se explica en el libro. Entonces, ¿qué buscan las mujeres que recurren a gigolós y otros trabajadores sexuales? Después de su investigación, García-Santesmases sostiene que, sobre todo, el pago de esos servicios eróticos sirve para que adquieran la seguridad de que “no derivarán en violencia, de que la mujer puede ser un objeto preciado y no violentado”.

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