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Un problema en auge

Internado a los 20 años para superar la adicción a las apuestas: "Robé a mis padres grandes cantidades de dinero"

David acaba de salir de de una escuela terapéutica donde durante un año ha tratado su enganche a los juegos de azar

Jóvenes juegan con sus móviles en páginas de apuestas deportivas 'online'.

Jóvenes juegan con sus móviles en páginas de apuestas deportivas 'online'. / RICARD CUGAT

Martí Sosa

Barcelona
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David tiene 21 años y se ha pasado los últimos 12 meses internado en la escuela terapéutica de Can Ros, de la entidad Amalgama7, donde se ha estado recuperando de una adicción a los juegos de apuestas que llegó a convertirse en un monstruo inmanejable. Primero, explica, se enganchó a la adrenalina de los videojuegos y, al cumplir los 18, probó con las apuestas. Lo que llegó a continuación fueron dos años de adicción, ansiedad, conflictos familiares e incluso robos que, gracias a la terapia, ya empiezan a quedar atrás. David en realidad no se llama David. Quiere contar su historia y que su testimonio pueda servir de prevención para los más jóvenes, pero prefiere no dar nombre ahora que tiene una vida nueva por delante.

Su primer contacto con los juegos de azar, recuerda David, fue en la adolescencia, a través del videojuego 'Counter Strike: Global Offensive'. "Compraba cajas de recompensas ('lootboxes') que daban un arma que después podías vender por dinero real", explica. Todo comenzó a raíz de ese sentimiento de "ganar dinero rápido y sin mucho esfuerzo". En aquel momento, cuenta, no era consciente de la peligrosidad de sus acciones, que terminaron por engancharlo a una sensación que luego trasladó a los juegos de azar cuando cumplió la mayoría de edad.

"Mi adicción no respondía a la satisfacción de ganar dinero, sino que quería perpetuar un sentimiento de poder que obtenía cada vez que jugaba"

Préstamo rápido

Al principio, como es común en estos casos, comenzó apostando cantidades pequeñas. Poco a poco, sin embargo, fue aumentando su gasto hasta que acabó jugándose dinero que ni siquiera era suyo. Para David, el punto de inflexión en su adicción fue cuando pidió "un préstamo sin papeleo". "Fue un tipo de crédito para el que solo te piden el DNI y la cuenta del banco". Recuerda perfectamente la cantidad exacta: 300 euros. "A partir de ese momento todo empezó a ir cuesta abajo: pierdes los 300, intentas recuperar dinero para pagarlos y empieza el bucle", admite.

Jóvenes siendo formados en la Escuela Terapéutica de Can Ros, en Tarragona

Jóvenes siendo formados en la Escuela Terapéutica de Can Ros, en Tarragona / Amalgama7

Sentimiento de poder

Admite David que llegó un momento en el que su adicción ya no respondía a la satisfacción de lograr beneficios económicos, sino que buscaba perpetuar un "sentimiento de poder" que obtenía cada vez que jugaba. "Había momentos en que tenía en mis manos quizá 5.000 euros: lo que ganaba trabajando cinco meses". Se encontraba sumido en un estado depresivo y ese "poder" le hacía olvidar durante un rato que "estaba triste". A aquellas alturas de la adicción, David se jugaba mucho de dinero y, aunque era consciente de su problema, no lo exteriorizaba. "Durante ese año y pico también robé grandes cantidades de dinero a mis padres para poder jugar", admite. Él estaba seguro de que iba a ser capaz de solucionar su problema. Pero su convencimiento estaba muy alejado de la realidad.

"Sufría una depresión y ese poder que sentía al ganar dinero era mi única vía de escape, era un círculo vicioso"

Y entonces llegó "un segundo punto de inflexión" que sirvió para que tanto él como su familia tomaran las medidas a la magnitud del problema. "Un familiar me dio dinero para los estudios y me lo gasté jugando –explica–. Ahí fue cuando cambié y vi que tenía un problema serio, pero seguí sin aceptar la ayuda de nadie". El juego se encontró con la depresión y se convirtió en su única vía de escape. "Era un círculo vicioso". Y luego estaba la soledad, el tercer elemento de la ecuación. "No me veía reflejado en nadie, yo era el diferente, no conocía a ninguna persona que tuviera un problema así: yo era el diferente".

Demanda e internamiento

Tomadas las medidas de la situación, los padres de David acabaron tramitando, sin éxito, una demanda de inhabilitación. "No lo consiguieron porque yo les engañé: les dije que ingresaría en un centro de forma voluntaria", explica. Más tarde, la familia volvió a intentarlo. "Esta vez no pude engañar a nadie y acabé ingresado en un centro". Gracias a su internamiento, David afirma que ha progresado enormemente en su problema con el juego: gracias a la ayuda psicológica recibida pero también a una notable mejoría en la relación con sus padres, que poco a poco vuelven a confiar en él.

"Quiero volver a ser una persona funcional, poder salir a la calle, tener un trabajo y ser autónomo"

De hecho, se muestra muy optimista cara al futuro. Asegura "al cien por cien" que no volverá a jugar "jamás en la vida". Se marca el objetivo de "volver a ser una persona funcional, poder salir a la calle, tener un trabajo y ser autónomo". "No quiero volver a depender de nadie ni de lo que una máquina decida".

Prevención en la escuela

Desde esta nueva pantalla, David también quiere hacer pedagogía: él, afirma, nunca recibió información acerca de los riesgos y las consecuencias de los juegos de azar. "Quizá algún aviso sobre que no se debe jugar, pero era lo típico a lo que no haces mucho caso". Sí recuerda, en cambio, haber asistido en la escuela a "muchas charlas antidrogas". "Sin embargo, nunca se habló del juego o de otro tipo de adicciones". Considera que es importante que los adolescentes reciban este tipo de información en la adolescencia para prevenir una adicción que, según apuntan los últimos estudios con tozudez, está yendo a más.

Él tiene muy claro el mensaje que trasladaría a los chavales que empiezan a coquetear con los juegos de azar: "Les diría que no jueguen, que hay tiempo para todo. La mayoría de gente que conozco que ha empezado a apostar siendo menor de edad se ha acabado jugando grandes cantidades de dinero: si es para mayores de edad, por algo será". "Hay que dejar de normalizar los juegos de azar porque no son un simple juego: pueden acabar en una adicción como cualquier otra".

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