Obras paralizadas desde hace meses
Un hombre de Manresa con tetraplejia espera desde hace tres años la instalación del ascensor en su edificio
Bartolomé Martín tiene su piso en una primera planta y, desde que necesita silla de ruedas, no puede salir de casa sin ayuda
Más de 7 millones de españoles quedan exentos del copago por adquirir sillas de ruedas o prótesis

Bartolomé Martín, de 55 años, en las escaleras de su edificio en Manresa / DANI CASAS / RG7
En diciembre de 2022 el manresano Bartolomé Martín Soriano acompañó a una amiga al CAP Bages. Salió un momento a la calle y ya no recuerda "nada más". Cayó, se golpeó frontalmente la cabeza contra el suelo y quedó tetrapléjico y atado a una silla de ruedas. En el edificio donde vive, en la calle de la Maternitat d’Elna, al año siguiente los 16 vecinos que viven repartidos en sus cuatro plantas decidieron instalar un ascensor. Todos estuvieron de acuerdo. Pero aún lo están esperando.
Las obras llevan medio año paradas. Martín, de 55 años, solo puede salir de casa con ayuda. No solo está atado a una silla, también ha perdido totalmente la autonomía para salir a dar un paseo, ir a la biblioteca, tomar un helado o, ahora que le han operado la mano para recuperar algo de movilidad, acudir a rehabilitación o al gimnasio.
Encerrado en casa
Si ya es duro vivir atado a una silla, aún lo debe der ser más quedar aislado en casa porque la empresa que debe instalar el ascensor que le permitiría salir a la calle tiene las obras paralizadas desde hace meses. En la entrada ya hicieron el hueco para el elevador y el tramo de escalera que derribaron fue sustituido hace seis meses por una escalera metálica que a las personas mayores del edificio no les da ninguna garantía de seguridad. Es el caso de la madre del manresano, que vive con él para poder ayudarlo.
Antes del accidente, Martín tuvo durante ocho años una empresa de precocinados (Coc) en el primer tramo del Passeig. Tiene dos hijos. Antes de la caída ya padecía una enfermedad degenerativa de la columna y espina bífida, pero podía hacer vida normal.
Ocho meses y pocos resultados
Después del accidente estuvo dos meses y medio en el Hospital Vall d’Hebron, donde lo operaron, y posteriormente en el Institut Guttmann, donde permaneció cuatro meses más. Cuando volvió al piso donde vivía lo adaptaron a sus necesidades y enseguida empezó a moverse para instalar un ascensor en la finca. "Nos ponemos en contacto con la comunidad de propietarios, están de acuerdo y todo sale adelante", explica. Hablamos del año 2023. Pidieron presupuesto a cuatro empresas diferentes y finalmente eligieron una. "A partir del momento en que se decidió hacerlo, ya empezaron muy tarde", destaca.
Hace ocho meses que comenzaron las obras y "como mucho, han venido dos semanas a trabajar". Hace seis meses que colocaron la escalera provisional y unos tablones en lugar de barandilla.
Un cartel de la gestoría que administra la finca informa en el vestíbulo del inmueble de que "los próximos 1 y 2 de octubre de 2025 el acceso quedará inhabilitado por las obras del ascensor durante un tiempo". Los vecinos quedaron incomunicados toda una mañana. No se ha hecho nada más.
"Mi hermano se ha jugado la vida para bajarme por la escalera"
Cuando ha pedido explicaciones al administrador para entender la demora ha recibido varias respuestas. "La primera excusa que me dieron es que habían encontrado unas tuberías hechas con uralita y tenían que esperar a una empresa especializada para retirarlas". Trabajaron durante tres días y la obra volvió a quedar parada porque tenían un requerimiento del Ayuntamiento. Volvió a llamar al administrador al ver que no avanzaba. Reanudaron las obras tres días y volvieron a pararlas. Llamó de nuevo a la gestoría y le dijeron que debían "escoger el color del suelo". Lo eligieron y les dijeron que se habían quedado sin existencias. Lo último que les han dicho es que ya están fabricando las planchas de la instalación y han pedido las medidas de la silla de ruedas, que ya había dado al principio. Ante sus quejas, el presidente de la comunidad le dice que "sabe lo mismo" que él y que "tampoco puede hacer nada". Lo mismo ocurre con la gestoría, que asegura que tampoco puede solucionarlo.
"Todo lo que he ganado lo he ido perdiendo"
El próximo diciembre, Bartolomé Martín hará cuatro años que va en silla de ruedas. Desde 2023 ha podido ir al médico y al hospital para operarse porque los equipos de asistencia se ocupan de sus traslados. Duda de que la escalera provisional pueda aguantar el peso y recuerda que la última vez, cuando lo subieron en brazos y no con un sistema mecanizado, temió por su integridad. Él y su madre, Pura Soriano. Ella confiesa: "Tengo tanta rabia dentro que no sé de qué sería capaz. Me da mucha rabia que no pueda bajar. El día que lo operaron de la mano, la semana pasada, lo subieron con una sillita. Vinieron un chico y una chica jóvenes y la silla iba de un lado a otro. Cuando vi cómo lo subían, les dije: '¡Madre mía, que lo vais a tirar!'. Tampoco puede salir a la calle a dar un paseo".
Él añade que, cuando lo bajan, tiene que ir igualmente en la silla manual porque la eléctrica no se puede bajar al pesar demasiado, de modo que necesita "una persona detrás empujando. Todo lo que he ganado lo he ido perdiendo".
Además de los días que ha salido por temas médicos, solo ha podido hacerlo cuatro veces más desde 2023 con ayuda de su hermano y su cuñada. "Mi hermano se ha jugado la vida para bajarme por la escalera para que pudiera salir a que me diera el aire".
Cuando informó a la gestoría de que hablaría con el diario Regió7, señala que "fue el día de las explicaciones". Volvieron a hablarle del suelo —"un tema de hace ya tres o cuatro meses"— y le dijeron que faltaban las medidas de la silla de ruedas para cortar las planchas del elevador a medida, aunque "en enero me encontré con el presidente de la comunidad y me dijo que ya las estaban cortando". Al principio de todo, recuerda, su hermano ya había medido la silla de arriba abajo y había pasado las medidas. Considera que todo son excusas que impiden que las obras avancen. Agradece la ayuda de los servicios sociales del Ayuntamiento, que "han empezado a hacer preguntas a la gestoría".
Este diciembre el ascensor quedará pagado porque los vecinos van haciendo derramas periódicas, y aún ni siquiera está empezado.
"No lo pido por capricho", lamenta, al mismo tiempo que admite que es una situación que lo está dejando "psicológicamente tocado" porque "no puedo salir y es un día y otro y otro con la misma rutina. Y cuando te dicen: 'venga, que empezamos' y no hacen nada, te deja desanimado. No sé si son excusas o mentiras, porque las explicaciones que han dado son incoherentes".
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