Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El problema de la vivienda

El desespero de una familia de Figueres: "Somos cuatro en una habitación; quiero un piso para mis hijos o acabaremos durmiendo en el coche"

Los padres lamentan que con 1.500 euros para cuatro personas "no se puede vivir" y piden un alquiler social

Más de un millón de catalanes caen en la extrema pobreza tras pagar el alquiler: "Después ya no me queda nada"

Rut, el pasado jueves, tras salir de servicios sociales de Figueres.

Rut, el pasado jueves, tras salir de servicios sociales de Figueres. / Sònia Fuentes

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Sònia Fuentes

Figueres
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Una familia de Figueres denuncia que vive una situación límite de vivienda. Desde hace tres años, los padres y sus dos hijos comparten una única habitación en casa de la abuela materna, y desde enero el padre duerme en el coche por dificultades familiares. A pesar de tener ahora un contrato de trabajo, aseguran que no pueden acceder a un piso y reclaman una solución urgente de vivienda.

"Desde hace tres años somos cuatro en una habitación: yo, mi marido y nuestros dos hijos. El mayor tiene ocho años y necesita su espacio para estudiar, hacer los deberes y tener un poco de intimidad. El pequeño tiene cuatro años. Ahora la situación es aún más dura: mi marido duerme en el coche desde el 7 de enero. Mi madre vive en un piso de dos habitaciones con su pareja. Nosotros cuatro ocupamos la otra habitación. Ella quiere ayudarnos, como cualquier madre ayudaría a su hija, pero no puede mantenernos. Tiene sus propios gastos y la convivencia se ha vuelto insostenible. No hay espacio y la tensión es constante. Las asistentes sociales me dicen que, al estar empadronada en casa de mi madre, no tengo derecho a ayudas. Pero eso no significa que ella pueda mantenernos. No recibo ninguna ayuda: ni paro, ni renta garantizada, ni prestaciones para los niños. Solo recibo 130 euros cada seis meses de la Seguridad Social por mis hijos. Esto no cubre nada", cuenta Rut a Diari de Girona, medio del grupo Prensa Ibérica como EL PERIÓDICO.

"Quiero transmitir que la situación de muchas familias con ingresos bajos es desesperada"

"Trabajo como peluquera canina cuando consigo algún cliente, pero es un trabajo esporádico. Nos dicen constantemente: 'Busca trabajo, busca trabajo'. Pero encontrar un empleo compatible con los horarios escolares de mis hijos es muy difícil si no tienes a nadie que los recoja. Mi marido ha conseguido un contrato fijo en Amazon y cobra unos 1.500 euros al mes, pero eso tampoco nos ayuda a encontrar piso: las agencias y los propietarios nos piden un año de antigüedad laboral. Hasta que no lo tenga, nadie nos quiere alquilar. Es como si el sistema nos bloqueara por todos lados".

Día a día de la familia

"El mayor duerme en un colchón al lado de nuestra cama. El pequeño duerme con nosotros. Mi marido, como he dicho, ahora mismo duerme en el coche. Intentamos mantener una rutina normal para los niños: van a la escuela, comen bien, realizan actividades. Su profesora y la psicóloga dicen que están bien, que son niños felices. Hago todo lo posible para que vivan con la máxima normalidad. Pero cada día me hacen la misma pregunta: 'Mamá, ¿cuándo tendremos casa?'. Y yo no sé qué responder".

Las agencias no les alquilan porque no tienen antigüedad laboral y sus ingresos superan el umbral para recibir un piso social

"He buscado por todas partes: Figueres, Vilafant, Fortià, Lladó… El piso más barato cuesta unos 690 euros al mes; hay de 790 euros. Si pago eso, con el sueldo de mi marido, no nos queda para luz, agua o comida. Con 1.500 euros para cuatro personas no se puede vivir. Si pagas 500 o 600 euros de alquiler, al final del mes tienes que elegir entre pagar los servicios o comprar comida. No pido nada gratis. Pido un alquiler social adaptado a nuestros ingresos. Si no hay pisos disponibles, al menos que nos den un hotel temporalmente hasta encontrar una solución. Ahora mismo mi situación es una emergencia. Si no encuentro nada en menos de 20 días, acabaremos durmiendo en el coche. He ido al Ayuntamiento de Figueres, he pedido hablar con el alcalde, pero no he recibido respuesta; dicen que ya me llamarán."

"He buscado por todas partes. El otro día casi me estafan por la desesperación que tenía. Contesté un anuncio falso en un portal inmobiliario y, por suerte, me di cuenta antes de perder mis ahorros. Ni las agencias ni los particulares quieren alquilar si no acreditas un año de contrato, y es normal. Has ahorrado toda la vida para comprarte un piso y luego alguien ocupa tu vivienda."

Acceso previo a alquiler social

"No. La última vez que tuvimos un piso fue durante la pandemia, alquilado a través de una agencia. En aquel momento trabajaba a media jornada y estaba embarazada del segundo hijo. A mi marido lo despidieron porque la empresa no quiso pagar la baja de paternidad. Después nos sacaron del piso y acabamos en uno de un banco. Fue muy precario: alguien te entrega las llaves y, si el banco quiere, puedes hacer un alquiler social. Lo conseguí, pero luego la situación se volvió insegura por problemas con vecinos, así que tuvimos que irnos a Huelva temporalmente y luego volver a Figueres, quedándonos en casa de mi madre."

Respuesta de servicios sociales

"Desde hace tres años voy a servicios sociales. Cada vez que voy, me abren un expediente; si encuentro un trabajo temporal, lo cierran y luego vuelvo a empezar. No veo empatía, solo normas. El jueves pasado tuve una cita y me sentí más atacada que ayudada. Solo pido entrar en la mesa de emergencia de vivienda. Me dicen que con el sueldo de mi marido superamos el umbral económico, pero aun así prometen llamarme en una semana para ver si cumplimos los requisitos. Mientras, nuestra situación es desesperada. Además, sufro ansiedad, agorafobia y ataques de pánico; estoy en seguimiento con salud mental."

Otros problemas

"Hace un tiempo, cuando vivíamos en un piso en la calle Doctor Ferran, un mes no pudimos pagar y nos echaron con la excusa de que entraría familia. Ahora nos ha llegado una carta de Hacienda por una deuda de más de 400 euros de agua, a nombre de mi marido, aunque ya no vivíamos allí ni estábamos empadronados. Llamé a la agencia y me dijeron que no podían hacer nada. Todo esto solo aumenta la presión de una situación ya muy difícil."

"Puedo trabajar por la mañana o por la noche, pero no puedo hacer horarios partidos porque no tengo quién recoja a mis hijos. He trabajado en bares, aunque tuve que pelear para que me hicieran contrato; me despidieron tras tres meses. Estoy apuntada en todas las empresas de trabajo temporal y la Cruz Roja me avisa de ofertas. Me han dado papeles para trabajar en la tienda Roba Amiga de Figueres, pero con horarios partidos no puedo. Incluso en Amazon me ofrecieron un contrato nocturno, pero me pusieron turnos rotativos que no puedo asumir con dos hijos pequeños."

"La Cruz Roja me ayuda sobre todo a buscar trabajo. Mi hijo va al PACEM y desde allí avisaron a servicios sociales porque no tenemos vivienda. También me han derivado a Capuchinos y he recibido apoyo de La Xarxa de l’Alt Empordà con alimentos y regalos para mis hijos. Han hecho un gran trabajo."

"Puedo trabajar por la mañana o por la noche, pero no puedo hacer horarios partidos porque no tengo quién recoja a mis hijos"

"Desesperada. Si el día 20 de este mes no tengo respuesta, me plantaré con una tienda de campaña delante de los servicios sociales. No vengo a dar pena ni a llorar, sino a exigir una solución habitacional digna para mi familia. Es un derecho que nos corresponde. Mi situación es de emergencia extrema. A mí y a mis hijos nos quedan menos de 30 días antes de poder acabar durmiendo con mi marido en el coche. Sé que hay recursos; se han adjudicado viviendas a familias en mejor situación que la nuestra. Por eso ya no me sirve escuchar siempre la misma respuesta: 'No hay pisos'. Si nadie nos ayuda, acabaremos durmiendo en el coche, y me han dicho que podrían quitarnos los niños. Les dije que eso sería porque ellos no están haciendo bien su trabajo. Paso por Figueres y veo pisos vacíos; mi sensación de impotencia crece cada vez que veo un portal cerrado o un cartel de alquiler. Algunas veces me pregunto si debo ser maleducada o actuar como otros para recibir atención."

"Quiero transmitir que la situación de muchas familias con ingresos bajos es desesperada. No se trata de querer vivir sin trabajar ni de depender de ayudas. El problema es que con sueldos bajos y sin acceso a vivienda social o ayudas, muchas familias acaban en la calle o durmiendo en el coche. Necesitamos soluciones reales y rápidas."

Suscríbete para seguir leyendo