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Operativo de pruebas

Los embalses del Ebro vuelven a abrir compuertas en la 'operación sedimentos': "Esta crecida será muy útil para los investigadores"

Después de organizar avenidas provocadas en el Cinca y la Noguera Pallaresa, la operación se repite ahora para estudiar cuántos lodos y arena se puede hacer llegar al Baix Ebre

MULTIMEDIA | Crecidas provocadas para salvar el Delta del Ebro

Imágenes de la apertura de compuertas en el pantano de Riba-roja d’Ebre por la crecida controlada del río.10-03-2026

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Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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La estrategia es lenta, pero el operativo se va repitiendo al ritmo esperado. Uno de los compromisos del Gobierno es tratar de hacer llegar al maltrecho delta del Ebro los sedimentos que se acumulan desde hace décadas en los embalses de Flix, Riba-roja y Mequinenza. Para que estos lodos y arenas vuelvan a la desembocadura, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) tiene en marcha un plan de movilización de sedimentos a través de crecidas provocadas. La idea es analizar cuántos sedimentos se pueden trasladar río abajo con la apertura de compuertas en momentos puntuales.

Este martes, con este objetivo, se ha liberado agua desde este triple engranaje de embalses a 1.450 m3 por segundo durante 24 horas. El organismo de gestión hídrica mantiene a sus equipos en Amposta y Deltebre para medir la turbidez del agua y calcular la cantidad de materiales transportados. La operación, que ya se llevó en otras ocasiones, jamás se había desarrollado con las compuertas abiertas en los tres embalses.

La actuación de este martes ha sido la quinta crecida controlada que se ha realizado dentro de la estrategia GISDE (Gestión Integral de Sedimentos en la Demarcación Geográfica del Ebro). En cada una de estas pruebas se han desarrollado estudios distintos para observar el comportamiento de los sedimentos. Ha sido la primera vez que se ha hecho en marzo, aprovechando que hay "mucha agua", lo que ha permitido mantener abiertas las compuertas durante un día entero.

La presa desembalsando agua en el Ebro.

La presa desembalsando agua en el Ebro. / Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE)

El desembalse ha hecho descender la cota del pantano de Riba-roja hasta los 63 metros, dos menos que en la última crecida. "Aunque no lo parezca, dos metros en un pantano de 40 kilómetros supone que afloren muchos sedimentos y muchos lodos", ha explicado el jefe de la oficina de planificación hidrológica de la CHE, Miguel Ángel García Vera. "La idea es que el agua barra estos sedimentos y podamos movilizar el mayor volumen posible", ha señalado.

Tramo de 30 kilómetros

Uno de los propósitos de la prueba es estudiar cómo se mueven los sedimentos en el tramo de 30 kilómetros de canal, adyacente al río, entre Xerta y Amposta. Para ello han trabajado equipos de la CHE junto con investigadores universitarios. Algunos de estos especialistas también han realizado seguimiento en embarcaciones por la zona de Riba-roja. El papel de los canales, a la hora de que los sedimentos lleguen a las playas del Delta, es clave, puesto que el agua del río, a partir de cierto punto, se distribuye por el entorno deltaico a través de estas vías artificiales y no solo por el río, para regar los arrozales.

La CHE, con esta prueba, pretende determinar qué volumen de sedimentos llega finalmente al delta e incluso cuántos acaban directamente en el mar. En la crecida controlada realizada en mayo del año pasado ya se vio cómo los sedimentos accedían a los canales de riego. "Estas crecidas controladas son muy potentes para los investigadores", ha afirmado García Vera, que subraya que la línea de trabajo, "pionera", está generando interés a nivel "mundial". A partir de 2027, la CHE establecerá caudales de crecidas controladas en 61 embalses de toda la cuenca para monitorizarla. García Vera ha añadido, además, que se están valorando dos ensayos que podrían ponerse en marcha y que consistirían en recoger sedimentos de barrancos laterales del Ebro, como el del río Siurana, para después depositarlos en el cauce del río y que las crecidas controladas los empujen.

Aun así, pese a los avances, cabe señalar que la movilización de sedimentos será muy lenta. De momento, no se han trasladado a la desembocadura ni el 1% los lodos acumulados en los embalses, que durante los últimos cincuenta años tendrían que haber llegado al río para reforzar el Delta ante el avance del mar, en caso de que no existieran los pantanos y que se tratase de un delta a evolución natural.

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