Alicante y Castellón, en riesgo
Estos son los “puntos críticos climáticos emergentes” de la costa de la Comunidad Valenciana
El Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo alerta de que se está intensificando la vulnerabilidad a la sequía, a las olas de calor atmosféricas y a las precipitaciones extremas en el litoral

Daños causados por la borrasca Harry el pasado enero en Altea / INFORMACIÓN / Jose Navarro
Un nuevo estudio del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM) pone de manifiesto el impacto del cambio climático en la Comunidad Valenciana y revela nuevas zonas de riesgo en Alicante y Castellón.
La incidencia del calentamiento global en la autonomía va a ir a más, con fenómenos cada vez más extremos. Todo amplificado por la concatenación de factores y la evidencia de la relación directa entre un mar que cada vez es más cálido y los eventos meteorológicos que se registran en tierra.
Así, este estudio, realizado por los investigadores Belén Rico-Bordera, Pau Benetó y Samira Khodayar y publicado el mes pasado, identifica “puntos críticos climáticos emergentes” a lo largo de la costa de Alicante y de Castellón, donde se está intensificando la vulnerabilidad a la sequía, las olas de calor atmosféricas y las precipitaciones extremas.
Los investigadores del CEAM advierten del aumento de la concurrencia de eventos extremos e incendios forestales
Unos hallazgos que “subrayan la necesidad de contar con estrategias de adaptación específicas en áreas con alta exposición y sensibilidades socioeconómicas críticas, incluidas la salud, la agricultura y el turismo”.
Y es que la Comunidad viene batiendo cada año récords, ya sea de olas de calor más prolongadas, temperaturas, noches tropicales en las que en mercurio no baja de los 20 grados, anomalías de máximas o mínimas muy altas en pleno invierno, sequías… Todo con un denominador común: un cambio climático a lomos del que galopa la región hacia un preocupante escenario del que cada vez se sabe más.

El escenario climático en la Comunidad Valenciana / NotebookLM
Así, tenemos un mar cada vez más cálido, rondando ya los 30 grados en julio y agosto, valores más propios del Caribe, lo que alimenta veranos más calurosos y lluvias en otoño cada vez más torrenciales.
También hay reducción drástica del confort térmico que ya sufrimos, con más de un centenar de noches tropicales por ejemplo en Alicante capital, y que se apunta serán cada vez más noches ecuatoriales (la mínima no baja de 25 grados). Un aumento de la temperatura media y más días de olas de calor. Un verano ya de seis meses prácticamente. Sequías más extremas. Temporales marítimos más dañinos...
2,2 días más de riesgo extremo por década
El trabajo realizado por el CEAM alerta de que la concurrencia de olas de calor atmosféricas, sequías, olas de calor marinas e incendios forestales está aumentando, con un incremento de los días de riesgo extremo compuesto de 2,2 días por década. “Esta creciente concurrencia está impulsando una marcada escalada del riesgo ecológico y social”, sostienen los investigadores.
Y advierten de que “a pesar de las mejoras en la gestión de incendios, las condiciones climáticas, en particular las sequías prolongadas y las olas de calor marinas, siguen siendo los impulsores dominantes de grandes olas de calor”.
En cuanto a los “puntos críticos climáticos emergentes” detectados en el litoral de Alicante y Castellón, este medio ha contactado con el CEAM, que no ha podido concretar qué zonas exactas son, o si bien se refiere en general a toda la costa de ambas provincias.
El artículo subraya la "necesidad de contar con estrategias de adaptación específicas en áreas con alta exposición y sensibilidades socioeconómicas críticas, incluidas la salud, la agricultura y el turismo"
Del mismo modo los investigadores destacan en el documento “la necesidad de contar con estrategias de adaptación específicas en áreas con alta exposición y sensibilidades socioeconómicas críticas, incluidas la salud, la agricultura y el turismo”.
Monitoreo y alerta temprana
Y además “aconseja un monitoreo meteorológico e hidrológico continuo en zonas sensibles del interior y de sistemas de alerta temprana optimizados”, poniendo de ejemplo que se revise la predicción de inundaciones estacionales y la predicción de olas de calor atmosféricas incorporando anomalías de la temperatura superficial del mar, así como priorizar la gestión de combustibles en zonas críticas de sequía por las olas de calor.
Este estudio examina el comportamiento compuesto y las interrelaciones entre los principales peligros climáticos (olas de calor atmosféricas, olas de calor marinas, sequías, incendios forestales y eventos de precipitación extrema) en la Comunidad Valenciana, que constituye un “conocido punto crítico del cambio climático mediterráneo”.

La trágica dana de Valencia es otro ejemplo de los efectos del cambio climático / Efe
Y el trabajo representa la "primera evaluación integrada a escala local en la Comunidad Valenciana que combina olas de calor atmosféricas, sequías, olas de calor marinas, y eventos de precipitaciones extremas con registros de incendios forestales observados".
Detección diaria de puntos críticos de riesgo
Así, “la metodología desarrollada permite la detección diaria de puntos críticos de riesgo y proporciona una herramienta para apoyar la gestión proactiva de eventos extremos y las estrategias de reducción del riesgo de desastres. Estudios futuros deberían ampliar este marco incorporando variables no climáticas ni meteorológicas adicionales para refinar aún más la detección de riesgos y fortalecer los modelos regionales de evaluación de riesgos”.
Los investigadores también constatan en cuanto a las precipitaciones hay “una intensificación media y una disminución de la duración media en la Comunidad Valenciana, es decir, mayores cantidades de precipitación se concentran en menos días de lluvia, especialmente en las dos últimas décadas”.
En concreto, la frecuencia de eventos de precipitación superiores a 60 litros al día ha aumentado casi un 50 % en los últimos años, junto con un aumento del 19 % en su intensidad media, mientras que los eventos de precipitación moderada entre 10 y 40 litros al día muestran una disminución en la frecuencia.
Transiciones rápidas entre sequía e inundación
Así, estos eventos de precipitaciones extremos “se han vuelto más recurrentes, lo que aumenta la vulnerabilidad de la región a las transiciones rápidas entre condiciones de sequía e inundación. Este cambio es particularmente evidente en las zonas costeras” de Alicante, “con marcadas tendencias lineales crecientes en las condiciones de sequía y, localmente, en la intensidad de los eventos de precipitaciones extremos, lo que indica la creciente exposición a los extremos climáticos y sus riesgos potenciales asociados”.
Un mar Mediterráneo más cálido está amplificando las temperaturas del aire de verano costero, contribuyendo así a la ocurrencia e intensificación de olas de calor atmosférico
Del mismo modo se reporta “una fuerte correlación entre anomalías de temperatura máxima de la superficie terrestre y anomalías de temperatura de la superficie del mar, así como una retroalimentación positiva marcada entre ellas. Esto resalta el papel central de las interacciones atmósfera-océano en la configuración de eventos extremos”.
Así, “por primera vez en la región, demostramos que un mar Mediterráneo más cálido está amplificando las temperaturas del aire de verano costero”, contribuyendo así a la ocurrencia e intensificación de olas de calor atmosférico.
Y también identifican un vínculo sólido entre anomalías de la temperatura del mar de verano y precipitación de otoño, consistente con evidencia de que las altas temperaturas del agua preacondicionan la cuenca para la intensificación de las lluvias de otoño.
Las altas temperaturas del agua "preacondicionan la cuenca para la intensificación de las lluvias de otoño"
Del mismo modo más allá de los impactos costeros conocidos, enfatizan la creciente influencia de anomalías de la temperatura superficial del mar con la elevada en la precipitación extrema sobre áreas del interior donde se originan barrancos y cabeceras de ríos estacionales.
“Una relación similar entre anomalías de temperatura de la superficie terrestre de verano y precipitación diaria de otoño sugiere que las condiciones atmosféricas cálidas, combinadas con temperaturas superficiales del mar anormalmente cálidas, pueden aumentar aún más las lluvias extremas de otoño”.
Por otra parte, el artículo del CEAM apunta a que casi el 71% de los incendios forestales con una superficie quemada significativa (superior a una hectárea) se produjeron en condiciones de ola de calor atmosférica y/o sequía, combinándose o no con el viento “lo que pone de relieve el papel crucial de los riesgos climáticos en la creación de condiciones propensas a incendios en la región”.
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