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'Conspiritualidad': Como las teorías conspirativas se ocultan bajo la cultura holística del bienestar

Sayer Ji, fundador del portal de pseudociencia GreenMedInfo,  la psiquiatra holística Kelly Brogan, la activista antivacunas Christiane Northrup, y el 'youtuber' JP Sears

Sayer Ji, fundador del portal de pseudociencia GreenMedInfo, la psiquiatra holística Kelly Brogan, la activista antivacunas Christiane Northrup, y el 'youtuber' JP Sears / EPC

Natalia Araguás

Natalia Araguás

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En 2016, un hombre de 28 años irrumpió en una pizzería de Washington llena de gente y la emprendió a tiros contra un armario. Estaba convencido de que escondía un sótano donde una pérfida red de líderes demócratas, actores y multimillonarios -de Hillary Clinton a George Soros, pasando por Tom Hanks y el entonces papa Francisco- gestionaba una red pedófila. Tras violar y torturar niños, se bebían su sangre allí. Por supuesto no existía red alguna y por fortuna no hubo que lamentar ninguna muerte, pero estos hechos fueron precursores de QAnon, una de las principales teorías de la conspiración de la ultraderecha estadounidense, que nació en las alcantarillas de Internet --en foros como 4chan y 8chan- y acabó por integrarse en el Partido Republicano.

Solo Donald Trump, en cuyos mítines comenzaron a proliferar camisetas con eslóganes como ‘Salvemos a nuestros niños’ y ‘Hollywood se come a los bebés’, podía detener la trama, pontificaba QAnon. En 2020, el hashtag #pizzagateisreal resucitó de la mano de ‘influencers’ como Sayer Ji, fundador del portal de pseudociencia GreenMedInfo: un año después, el prestigioso Centro para Contrarrestrar el Odio Digital (CCDH) le acusó de ser una de las doce personas del mundo que más promovía la desinformación sobre vacunas. Su entonces pareja, la psiquiatra holística Kelly Brogan, publicó el 11 de marzo de 2020 un video-sermón en el que comparaba las medidas de protección contra el covid con “las agendas de deshumanización que precedieron al Holocausto”.

Tras la reciente publicación de los archivos de Epstein, el ‘pizzagate’ ha vuelto a cobrar vida en las redes sociales, por la pedofilia en las altas esferas y la afición a la eugenesia del magnate. “Los crímenes de Epstein son suficientemente horribles sin tener que recurrir a explicaciones inverosímiles que distraigan a la gente de que es un síntoma abominable del capitalismo”, explica a EL PERIÓDICO en videoconferencia Matthew Remski, uno de los autores de ‘Conspiritualidad’, que Capitán Swing acaba de publicar en castellano. Junto con Derek Beres y Julian Walker, diseccionan cómo, con el caldo de cultivo de la pandemia, diversos ‘influencers’ de medicina alternativa y profesores de yoga dieron pábulo a las teorías conspirativas que llevaron a Donald Trump de nuevo a la Casa Blanca, previo asalto al Capitolio en 2021, y pusieron en riesgo la salud pública mundial entre asanas y batidos verdes.

El coronavirus y el 5G

‘Conspiritualidad’, que antes de vídeo fue pódcast, empieza por documentar casos modestos: del herbolario que ha dejado de creer en los gérmenes a la profesora de yoga que en 2020 comenzó a hacer publicaciones donde negaba la existencia del coronavirus y conminaba a estudiar como las torres de telefonía 5G “están destruyendo nuestro sistema inmunitario colectivo”. Lo que podía haberse quedado en desvaríos individuales de corto alcance amplió su influencia gracias a internet. El despertar espiritual se transmitía en reuniones por Zoom y cursos ‘online’, la industria del bienestar comenzó a estar regida por antiguos ejecutivos que dominaban las estrategias del márketing.

En no pocos casos, el negocio se convirtió en una secta o algo parecido. Para hacer fortuna en la industria del bienestar, los productos ecológicos o la medicina alternativa no hace falta ninguna titulación específica. Sí grandes dosis de carisma, un término teológico que hasta hace un siglo significaba “don” o “gracia” de origen divino. “Si no puedes ver claramente cómo funciona la economía de una organización, es una señal de alarma. Casi todos los grupos tóxicos o cultos están unidos e inspirados por el carisma del líder. Si eres carismático puedes ser un farsante, puedes no saber nada si eres lo suficientemente impresionante. Los jóvenes deberían tener un radar para eso”, advierte Remski. La última parte del libro disecciona los más insignes de la “panoplia de vendehumos”: de Christiane Northrup, ginecóloga retirada que pasó de dar consejos sobre la salud alternativa femenina a ser una activista antivacunas, a JP Sears, antes gurú del bienestar y ahora ‘youtuber’ de la ultraderecha con un tono satírico.

Los autores hablan desde la experiencia. Remski, que enseña yoga y ayurveda en Toronto, cayó en la juventud en las redes de varias sectas. Una de ellas fue la del monje neobudista Michael Roach: en el verano de 2020 proclamaba el poder de la meditación para acabar con la pandemia en el curso en línea ‘El amor en los tiempos del virus’. Julian Walker sucumbió en su juventud al hechizo de la instructora de yoga Ana Forrest, hasta el punto de convencerse de que podía “ver la energía” y detectar las enfermedades. Por su parte Derek Beres encontró alivio en el yoga y la meditación a los ataques de ansiedad y pánico que solía padecer, pero cuando a los 35 años le diagnosticaron un cáncer testicular, en los círculos del bienestar de Los Ángeles por donde se movía le dijeron que “el cáncer está ahí por alguna razón”, aludiendo a la supuesta responsabilidad espiritual que el individuo tiene sobre sus enfermedades. La obsesión por los alimentos puros y limpios le llevó a sufrir ortorexia. Los tres se decidieron a denunciar que en su ambiente se estaba generando “comida basura espiritual, manipulación y demagogia pseudopolítica”.

¿Hay carne de cañón para este tipo de movimientos? Lo principal es la “vulnerabilidad situacional”, por encima de la salud mental o no haber desarrollado el pensamiento crítico, cree Remski. “Hablo de condiciones sociales y materiales que, si sufres las desgracias normales de la vida, te afectarán sin una red de seguridad adecuada, como un divorcio, haber perdido un empleo o sufrir algún trauma médico”, enumera.

EEUU, un país sin un sistema público de salud universal en el que los médicos interrumpen a los pacientes apenas once segundos después de que empiecen a hablar, es terreno abonado para la ‘conspiritualidad’. No es casual que los seminarios enseñen a los futuros naturópatas cómo encontrar la iluminación más acogedora, ni que ya en el siglo XVIII, cuando se inventó la homeopatía, Samuel Hahnemann dedicase más de una hora a charlar a con los pacientes antes de recetarles sustancias diluidas en agua en el mejor de los casos inocuas. La ‘conspiritualidad’ crece en un sistema médico deshumanizado, del que desconfía la ciudadanía tanto como del gobierno.

Remski, cuyo próximo libro será ‘Antifascist Dad’, está muy alarmado “por un panorama mediático roto y gamificado, donde es muy difícil obtener información sólida y donde las emociones de los jóvenes se exageran y manipulan en lugar de alimentarse con conocimiento útil sobre el mundo”. Aunque la ‘conspiritualidad’ viviera durante la pandemia su edad de oro, tiene visos de continuar. “Es una forma de imaginar una revolución sin conciencia de clase, sin crítica y sin hacer nada más que rezar, meditar, beber batidos y qué sé yo, enemas”, resume.

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