Sociedad
Àngels Gómez, 58 años, sin ingresos tras más de dos décadas cuidando de su hermana discapacitada: "Dejé mi trabajo para cuidar”
Àngels Gómez, de Roses, ha dedicado más de dos décadas a cuidar a su hermana con una discapacidad del 98%
Ahora, después de su muerte, se encuentra sin ingresos ni apoyo institucional, poniendo de relieve la situación de muchas cuidadoras familiares en Cataluña

Àngels Gómez, de Roses y con 58 años, se ha quedado sin ingresos después de toda una vida cuidando a su hermana. / Empordà
La vecina de Roses Àngels Gómez, de 58 años, ha dedicado más de dos décadas de su vida a cuidar de su hermana Elena, con un 98% de discapacidad. Desde pequeña, recuerda salir de la escuela y tener que hacerse cargo porque su madre no podía sola. "Ya de niña tenía que lavarla", explica.
Cuando la madre murió atropellada, la responsabilidad recayó completamente sobre ella. Ahora, tras la muerte de Elena, denuncia una situación de desamparo que ejemplifica las dificultades que afrontan muchas personas cuidadoras familiares en Catalunya.
Elena nació con parálisis cerebral tras un parto traumático. Según recuerda Àngels, su madre había roto aguas con siete meses de gestación y pidió un taxi para ir al hospital. "En una época con poco transporte público, el retraso en la atención médica provocó que el bebé sufriera una grave falta de oxígeno. Mi hermana nació morada, casi sin oxígeno. Dos segundos más y habría muerto".
“Dejé mi trabajo para cuidar”
Aquel episodio marcó a toda la familia. Su vida adulta parecía encarrilada: estudios en Girona y Barcelona, un trabajo estable y clientela propia. Pero todo cambió con la muerte repentina de la madre y la edad avanzada del padre. Àngels dejó su trabajo para asumir el cuidado de su hermana y de su padre. "Tuve que renunciar a mi vida profesional para cuidarla. No tenía alternativa", afirma. Se convirtió en su tutora y cuidadora a tiempo completo, con un convenio especial que le permitía cotizar mientras ejercía esa labor.
Durante más de veinte años, la dedicación fue absoluta. Preparar la comida triturada, administrar medicación, dar masajes, cambiar pañales o levantarla exigían atención constante. "Día y noche, las 24 horas, los 365 días del año. No dormía. El estrés era constante", relata. La situación afectó gravemente a su salud: ha sufrido fibrilación auricular paroxística de nivel elevado grave, poliartritis, problemas de espalda y diversas intervenciones quirúrgicas. Lleva una prótesis en el hombro, ha sido operada del corazón y de la mano, y está pendiente de tres operaciones más. "Te destroza física y psicológicamente", resume.
Las dificultades económicas también fueron constantes. Aunque su hermana recibía una pensión y un complemento por orfandad, los gastos superaban las ayudas. "Solo en material básico como empapadores, guantes, gasas o pomadas me gastaba unos 250 euros al mes", explica. La ayuda pública que ella recibía como cuidadora era de poco más de 500 euros mensuales, muy inferior a la carga real de cuidados.
"Después de la muerte de Elena me han denegado el paro: esta situación me ha dejado sin ingresos y hace meses que estoy en esta situación"
La muerte de Elena, en noviembre pasado, ha supuesto el inicio de un nuevo laberinto burocrático. Según le han comunicado, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) ha denegado a Àngels el acceso al paro "porque los pagos de la prestación de dependencia figuraban a nombre de mi hermana, ya que se trataba de un convenio especial. Esta situación me ha dejado sin ingresos y hace meses que estoy en esta situación".
Cuidados invisibilizados
El caso de Àngels refleja una realidad estructural. En España, cerca del 90% de los cuidados a personas dependientes recaen en familiares, mayoritariamente mujeres. El perfil mayoritario es el de una mujer familiar directa y de más de 45 años, a menudo sin formación específica y con trayectorias laborales interrumpidas. Pese a su papel esencial, los cuidados siguen invisibilizados.
En Catalunya hay más de 200.000 personas con dependencia reconocida, según el Departament de Drets Socials, una cifra que crece con el envejecimiento de la población. Diversos estudios también alertan del impacto en la salud física y mental de las cuidadoras, así como de la pérdida de ingresos y oportunidades profesionales.
Àngels asegura que esta realidad es invisible hasta que se vive en primera persona. "Cuando cuidas a alguien tan dependiente, tu salud queda destrozada y luego me he encontrado con que nadie te protege", afirma.
Actualmente, Àngels sigue sin ingresos para mantenerse. "Es como si mi hermana me hubiera contratado para cuidarla y hubiera perdido el trabajo, pero sin poder tener paro", afirma. "Mi salud me impide trabajar, tengo una salud muy deteriorada. Tomo medicación permanente para el corazón y sigo esperando ser operada. Después de haber cuidado toda la vida, me encuentro sola y desamparada por el sistema", concluye.
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