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Novedad editorial

Neus Martí, superviviente de cáncer: "La Neus que empezó este proceso ha muerto, es un renacimiento"

En octubre de 2024, cuando tenía 37 años, a la logopeda Neus Martí se le diagnosticó un Phyllodes maligno, un tumor gigante en el pecho izquierdo. Hubo que hacerle una mastectomía para extirpárselo. Iniciaba así un viaje de transformación y sanación que ha culminado con la publicación del libro 'El cor de les meves tetes' (Gorbs), presentado este viernes pasado en la Clínica Girona.

Neus Martí muestra la maceta que reconstruyeron con la técnica Kintsugi, simbolizando que, a pesar de venir del invierno más duro, se puede volver a florecer.

Neus Martí muestra la maceta que reconstruyeron con la técnica Kintsugi, simbolizando que, a pesar de venir del invierno más duro, se puede volver a florecer. / Cedida

Cristina Vilà Bartis

Girona
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Para Neus Martí la base de la existencia es "estar rodeada de buenas personas, aún más durante una enfermedad. Cuidar del otro es, al final, lo que cura y si los médicos pudieran recetar ‘necesitas amor’ muchas enfermedades se acabarían". Esta tribu, como la llama ella, se ha hecho muy grande desde que en octubre de 2024, después de una biopsia, le informaron de que padecía un cáncer de mama "raro", un Phyllodes maligno con forma de hoja. Neus Martí ya había visto morir a su padre, de cáncer, y cómo a su madre le diagnosticaban, también, cáncer de mama. En este viaje de sanación que inició entonces y en el que continúa inmersa y que la ha transformado profundamente, la creación ha jugado un papel esencial. Neus Martí siente interiormente que este proyecto "quería nacer y yo he hecho, simplemente, de canal". El proyecto ha tomado forma de exposición, que recorre en ilustraciones e imágenes todo el proceso, y la publicación del libro 'El cor de les meves tetes' (Gorbs), presentado este viernes pasado en la Clínica Girona.

La cuenta de Neus Martí en Instagram se llama La filla de les flors. No es casualidad. Aunque vive en Girona, sus raíces son altempordanesas. Forma parte de una estirpe de jardineros y floristas -Jardineria Martí y Flors Martí, de Vila-sacra- y, pese a no haber seguido los pasos en este mundo -es logopeda especializada en neurorrehabilitación en ictus- las flores siempre han estado presentes. También el día que iba a hacerse la biopsia cuando, en una cafetería, conoció a la florista y artista Anna Pol quien, después de escuchar sus temores, le regaló una flor y le pidió que, una vez tuviera los resultados, la fuera a ver de nuevo. Lo hizo. Más adelante Martí le pediría que le dibujara una pieza con dos tetas y con una hoja en el pecho izquierdo, el que le ha quedado afectado. "Esto era para mí, no para compartir, sino para recordar de dónde venía", dice. Al final, sin embargo, esta ilustración luce en la cubierta de El cor de les meves tetes. No es la única del proyecto. También su madre, florista y pintora, supo plasmar a su niña interior para recordarle que "nunca es tarde para empezar de nuevo".

Imágenes premonitorias

La historia, sin embargo, arranca mucho antes. Cuando la madre recibió el diagnóstico de cáncer -su abuela materna, también- aquello empujó a Neus Martí a hacerse una mamografía aunque aún no le tocaba por edad. No salió nada, pero dos meses después se encontró un tumor gigante detrás del pezón. Aquellos días tenía un viaje programado a Málaga y se fue, pero cuando estaba delante de la catedral, La Manquita, se dio cuenta de que al monumento le faltaba una torre. "Esto me hizo reaccionar", recuerda y, de vuelta, se dirigió al médico de cabecera que la envió urgente al Hospital Trueta, en Girona. Así supo que padecía un tumor mamario poco común. Le practicaron una mastectomía y le extirparon el pecho izquierdo. Antes, sin embargo, quiso despedirse de él con una fiesta, un gesto que, dice, le fue muy bien.

La presentación del libro llenó la sala de actos de la Clínica Girona

La presentación del libro llenó la sala de actos de la Clínica Girona / Cedida

También le ayudaron el arte y, sobre todo, la escritura. Hacía quince años, explica, que escribía relatos, a raíz de la muerte del padre. "Esto me drenaba mucho", admite. Los relatos, sin embargo, no los compartía hasta que "me di cuenta de que o lo hacía o estaba perdida. Era compartir cómo me sentía y saber que esto no era solo mío". Neus Martí es de la opinión de que "hay que perder el miedo a hablar de ello, esto, a mí, me está sanando mucho" aun siendo consciente de que se expone "desde la vulnerabilidad, no desde la fortaleza, aunque también está". El primer relato lo leyó en público durante la fiesta de despedida de la teta. Allí también explicó que unos días antes se le había roto una maceta y que todos aquellos trozos la representaban simbólicamente y que necesitaba que se la volvieran a montar. Es el llamado Kintsugi, una técnica japonesa de reparación emocional: "Cuando nos pasa algo que nos rompe, hay que volver a montarlo pieza a pieza entendiendo que cada cicatriz, en el fondo, es un signo de fortaleza y un aprendizaje. Lo más importante es no tener miedo de rompernos, porque sabes que volverás a recomponerte". Lamenta que "vivimos en una cultura que nos ha enseñado a huir del dolor, pero mirar el dolor es lo que nos transforma para bien". Para cerrar el círculo, el día de la presentación en Girona, puso la última pieza que faltaba de la maceta, casualmente en forma de corazón, y la llenaron con una planta con flores.

"La enfermedad nos hace ser sinceras con nosotras mismas: tienes la opción de mirarte al espejo y quitarte capas y máscaras o no mirarlo"

"La Neus que empezó este proceso ha muerto. Lo siento así, es un renacimiento", confiesa añadiendo que "la enfermedad nos hace ser sinceras con nosotras mismas: tienes la opción de mirarte al espejo y quitarte capas y máscaras o no mirarlo". Ella lo ha hecho y la transformación ha sido absoluta, también en su faceta profesional como sanitaria: "Ahora veo muy diferente al paciente. Cuando tú no has pasado por ello, es complicado saber qué siente, solo te lo puedes imaginar".

Publicar El cor de les meves tetes ha sido posible gracias a un micromecenazgo, pero también Martí ha contado con la complicidad de la escritora Anabel Gardell, de Capmany, que le ha hecho de mentora literaria y de la escritora Núria Esponellà, también superviviente de cáncer, con quien hizo un taller de escritura y que ha acabado haciendo el prólogo. Escoger la Clínica Girona para hacer la primera presentación no es casual, ya que este ha sido un escenario que la ha marcado, a ella y a su familia. "He estado como cuidadora, como trabajadora y ahora he vuelto para cerrar el ciclo, la Clínica es mi casa", asegura. Aunque actualmente trabaja en un hospital de atención intermedia en Girona, con la Clínica, admite, "no he cortado el cordón umbilical, me apetecía parir el libro allí".

El yoga, el otro apoyo

Otro elemento que le ha ayudado a salir adelante ha sido practicar yoga. De hecho, el tumor se lo detectaron quince días después de iniciar la formación para ser maestra de yoga. Así es como empieza el libro, con ella meditando, el momento en que se enfrenta "al monstruo". "El yoga es lo que me ha arraigado, incluso en momentos de mucho dolor me he sentido muy acompañada, quizá estaba sola, pero era algo mucho más poderoso. Esto es fe, al final, es confiar en la vida".

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