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Propuestas

Las monjas benedictinas que ofrecen retiros en Montserrat

Unas 1.500 personas pasan cada año por la hospedería del monasterio de Sant Benet de Montserrat en busca de calma, respuestas y una experiencia espiritual

La mayoría de usuarios son mujeres de 35 a 40 años que buscan hacer un retiro, alejarse del frenesí de la vida moderna o encontrar alguna respuesta relacionada con la fe

La hostería del monasterio de Sant Benet de Montserrat, por donde pasan unas 1.500 personas en el año

La hostería del monasterio de Sant Benet de Montserrat, por donde pasan unas 1.500 personas en el año / Dani Casas / RG7

Xavi Moraleda

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"Todos los forasteros han de ser acogidos como Cristo". Así lo establece la Regla de Sant Benet, y así lo ponen en práctica todas las órdenes benedictinas como la del monestir de Sant Benet de Montserrat. El convento se levanta en una ladera del macizo donde habita una comunidad de más de veinte monjas y en el que la naturaleza, la calma y la contemplación se entrelazan hasta hacerse presencia viva. Son estos los valores que atraen a unas 1.500 personas cada año para realizar estancias de algunos días, ya sea a modo de retiro, para alejarse del frenesí de la vida moderna, o para encontrar alguna respuesta relacionada con la fe.

Cuando un huésped llama al timbre, la hermana Montserrat Unterlöhner, encargada del servicio, se siente inundada por una alegría y una excitación difíciles de contener. Llega un nuevo inquilino, algún repetidor o quizá una cara conocida, pero, en cualquier caso, alguien a quien recibirá con una cálida sonrisa. "Es un trabajo muy bonito y lo hago con gusto: para mí se basa en poner tus dones al servicio del otro", tanto si necesitan unas sábanas nuevas, desahogarse o, simplemente, alguien que los escuche, apunta.

La hospedería monástica consta de diez habitaciones, muchas de ellas dobles, que pueden alojar hasta a una veintena de personas. Además, los huéspedes tienen a su disposición otros espacios, aunque están diferenciados de los de la comunidad de monjas. Tienen su propia sala de comedor, otra para trabajar o celebrar reuniones e, incluso, una pequeña porción de bosque a la que se refieren como "el turonet", donde pueden ir a meditar, a trabajar o simplemente a disfrutar de las privilegiadas vistas de Montserrat mientras escuchan el canto de los pájaros. Todos estos son espacios a los que pueden ir siempre que quieran, ya que al ingresar las monjas les entregan las llaves de acceso.

El único espacio que pueden compartir con la comunidad de religiosas es la Església del monasterio, donde cada día realizan sus seis oraciones, de las cuales las vísperas (18.45 horas) se retransmiten en directo por YouTube. De estilo rústico, su presbiterio está situado en un ángulo orientado hacia las montañas de Montserrat, que se pueden contemplar desde una vista privilegiada gracias a un gran ventanal que se abre en esa dirección.

Aunque no es obligatorio asistir a las oraciones, la hermana asegura que la mayoría suele ir, especialmente a las del mediodía y la tarde. "Poca cosa más tienes que hacer, suenan las campanas y es inevitable no sentir que te llaman", apunta Unterlöhner. Aun así, añade que depende del objetivo que tenga cada huésped con su estancia. "Hay quienes no son cristianos, o ni siquiera religiosos, y vienen simplemente para descansar o concentrarse para trabajar en algún proyecto propio, como escribir un libro", añade.

En la hospedería, el perfil predominante de los usuarios son mujeres de 35 a 40 años, aunque cada vez hay más hombres y chicas jóvenes que se animan a hacer estancias. Y, si bien no todas se definen como religiosas, la mayoría se sienten atraídas de una manera u otra. Además, el flujo de huéspedes suele ser constante durante el año. «Como mínimo, pedimos que hagan una pensión completa; y, a partir de ahí, cada uno elige cuántos días quiere quedarse». Según añade la hermana, cuando hay más demanda es los viernes y fines de semana y, generalmente, los inquilinos suelen quedarse entre tres y cuatro días.

El precio ronda entre los 60 y 70 euros la noche, dependiendo de si se alojan en una habitación individual o doble y de los días que finalmente se queden. Según explica la religiosa, «estas tarifas no son a precio de mercado, no son para hacer negocio, solo para cubrir gastos». Por eso, si hay personas que por circunstancias personales no pueden pagar la cantidad, siempre procuran adaptarse.

De esta manera, la comunidad cumple su voluntad de vivir abiertas a todo aquel que llame a la puerta, acogiendo y compartiendo su búsqueda en la fe y de la vida, ofreciendo espacios de confianza para hacer enriquecedoras sus estancias.

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