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Polimedicación

Médicos de familia alertan del exceso de medicación en personas mayores

Prácticamente la mitad de las personas de más de 65 años toma cinco o más fármacos de forma regular

Tres mujeres de edad avanzada en una imagen de archivo.

Tres mujeres de edad avanzada en una imagen de archivo. / DdG

Laura Teixidor

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Médicos de familia alertan de que existe un exceso de medicación en la mayoría de la población y hacen un llamamiento a impulsar la reducción de este fenómeno, sobre todo entre las personas de edad avanzada. Según la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (CAMFiC), revisar periódicamente los tratamientos farmacológicos es una práctica vinculada a la calidad asistencial y a la seguridad de los pacientes.

Laia Gené, miembro del grupo de Gent Gran de la CAMFiC, advierte de que en la atención primaria es habitual encontrar personas mayores que consumen un número elevado de medicamentos, algunos de los cuales sin que aporten un beneficio claro. En este sentido, subraya que desmedicalizar no significa abandonar el tratamiento, sino optimizarlo. La deprescripción, explica, consiste en analizar los fármacos que toma el paciente y, si procede, reducirlos o retirarlos de forma consensuada y segura, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y minimizar riesgos innecesarios. En casos de fragilidad o al final de la vida, añade, es necesario priorizar el confort por encima de tratamientos preventivos.

La polimedicación —definida como la toma habitual de cinco o más medicamentos— afecta entre el 40% y el 50% de las personas mayores de 65 años. Esta situación se relaciona con un aumento de efectos adversos, interacciones farmacológicas, deterioro funcional y un mayor riesgo de hospitalización. Actualmente, aproximadamente una cuarta parte de la población tiene 60 años o más, un colectivo que concentra el 69% de las recetas y del gasto sanitario.

Según datos más recientes del Departament de Salut, casi 30.000 gerundenses toman diez o más fármacos o tratamientos prescritos con una duración igual o superior a tres meses. A pesar de la elevada cifra, supone un 3,1% de la población total. Según la media catalana, una de cada cinco personas mayores de 75 años toma 10 o más fármacos y las poblaciones con un nivel socioeconómico más bajo están más expuestas a la polimedicación.

Dificultades para reducir la medicación

Desde la CAMFiC señalan diversos obstáculos que dificultan la deprescripción. Por un lado, algunos pacientes temen empeorar si se les reduce la medicación o no disponen de suficiente información sobre los tratamientos. Por otro lado, los profesionales a menudo se encuentran con limitaciones de tiempo, falta de formación específica para retirar fármacos o miedo a posibles consecuencias negativas. Además, el sistema sanitario, con una cultura tradicionalmente orientada a prescribir y con guías clínicas centradas en enfermedades concretas más que en pacientes con múltiples patologías, tampoco facilita el cambio de modelo.

Por otra parte, la esperanza de vida es cada vez más elevada y la población de edad avanzada se caracteriza por un mayor consumo farmacéutico, debido al aumento de la prevalencia de las enfermedades crónicas y, por tanto, también de la pluripatología que convierte a estas personas en pacientes polimedicados.

Reforzar el trabajo interdisciplinar

Para revertir esta situación, la sociedad científica propone reforzar el trabajo interdisciplinar entre médicos de familia, enfermería y farmacia clínica, lo que podría aumentar la seguridad y garantizar una mejor continuidad asistencial. También consideran esencial implicar a los pacientes y a sus familias en la toma de decisiones, ofrecer formación específica a los profesionales y disponer de más tiempo para revisar los tratamientos y realizar un seguimiento individualizado, evitando modificaciones sin acompañamiento.

Entre las estrategias recomendadas figura empezar por los llamados “beneficios rápidos”, es decir, retirar primero aquellos medicamentos claramente innecesarios o con un riesgo elevado.

Gené insiste en que la deprescripción debe ser progresiva y supervisada, con revisiones constantes y, si no es posible eliminar completamente un fármaco, al menos ajustando su dosis. En definitiva, desde el grupo de Gent Gran recuerdan que este proceso requiere coordinación, escucha activa y decisiones compartidas, con el médico de familia como figura clave, con el apoyo de la enfermería y la farmacia.

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