La flota china del calamar, depredación a todos los niveles: "Hervía agua destilada para beber. Lo hice durante 20 meses"
Focas sin colmillos, tiburones cercenados y decenas de marineros muertos desembarcados en Latinoamérica conforman el rastro de la devastación de los poteros asiáticos que faenan en el Pacífico, según EJF

Imágenes recabadas por EJF que prueban el aleteo de tiburón y la matanza de focas llevada a cabo en parte de los calamareros chinos que pescan en el Pacífico. / Environmental Justice Foundation
Eko y Fajar son nombres habituales en la República de Indonesia: el primero, de origen javanés, significa «uno», mientras que el segundo, árabe, hace referencia al «amanecer». Así podrían llamarse dos de los 81 marineros a los que Environmental Justice Foundation (EJF) entrevista en su última investigación, Invisibles y sin supervisión: la creciente amenaza de la flota potera china en el Pacífico Sur.
Tanto Eko como Fajar se corresponden con identidades ficticias, pero son tan reales como los testimonios de ambos tripulantes, que embarcaron en un calamarero del país asiático en octubre de 2023 y estuvieron trabajando hasta junio de 2025. La comida solía estar caducada e incluso llegaron a ver gusanos —remarcan—, pero la insalubridad se extendía también al agua que les proporcionaban sus superiores, «amarilla por el óxido». Si querían beber de la buena, de la que había embotellada, tenían que pagar.
«Hervía agua destilada. Lo hice durante 20 meses», reconoce Eko. Fajar, por su parte, recuerda la violencia física que ejercían los altos cargos a bordo: «Cuando la tripulación estaba inmersa en el trabajo, ellos [el capitán y el contramaestre] nos golpeaban y regañaban».
Según el informe que acaba de publicar EJF, el 91,4% de los marineros encuestados denunciaron que sus documentos personales fueron confiscados por los responsables de los buques chinos en los que faenaban; el 92,6% realizó horas extraordinarias excesivas y al 93,8% le retuvieron salarios u otros beneficios prometidos. Asimismo, el 50,6% constata abusos físicos, el 79% expone condiciones laborales extremas y el 88,9% confiesa haber sido víctima de servidumbre por deudas, originadas la mayor parte de las veces solo por el hecho de querer trabajar.
Así ocurrió en el caso de Eko y Fajar, que para poder embarcar contactaron con dos agencias de contratación que se encargaron de administrar sus certificados, los chequeos médicos o la capacitación básica en seguridad, entre otros servicios. Por todo ello les cobraron más de 1.200 dólares estadounidenses a cada uno, cuando su salario apenas alcanzaría los 330 dólares al mes. Según denuncian, las agencias llegaron a tramitar dos préstamos bancarios en su nombre. Ya en el pesquero, relatan asfixiantes jornadas de 16 horas frente a los 120 minutos que en ocasiones solo tenían para dormir.
Fajar identifica como uno de los momentos más tensos una pelea multitudinaria que estalló cuando uno de los miembros de la dotación pidió desembarcar y no le dejaron. Y aunque acabó siendo disuelta, asegura que los implicados portaban barras de hierro y cuchillos. Eko también recuerda cómo en el barco, dedicado al calamar, predominaba la matanza indiscriminada de tiburones, cuyas aletas eran cercenadas como «souvenirs», y de focas, cuyos colmillos se quedaba el personal chino de alto rango a bordo del buque. «Usábamos cebo para calamares. Lo atábamos con cuerda y lo lanzábamos. Cuando una foca se acercaba, la arponeábamos [...], la arponeábamos hasta que moría», resalta.
España, en el punto de mira
En base a la encuesta realizada a los 81 tripulantes (77 indonesios y cuatro filipinos que trabajaron en 60 poteros chinos en el Pacífico Sur entre 2020 y 2025), EJF advierte en su investigación que el 60% de estos barcos participaban en el aleteo de tiburones y el 33% capturaron mamíferos marinos como focas, falsas orcas o delfines. Del mismo modo, alerta sobre «una prevalencia preocupante» de descargas de tripulantes muertos en puertos latinoamericanos. Y es que al menos 41 marineros fallecidos fueron transportados a tierra por buques chinos entre 2013 y 2023, dibujando «un panorama sombrío de negligencia».
El informe de Environmental Justice Foundation vuelve a reseñar muchas de las malas prácticas denunciadas ya por FARO en una serie de artículos de investigación que además ponen el foco en las importaciones de la pesca china por parte de la Unión Europea, habida cuenta de que se sigue permitiendo su entrada. En este sentido, el estudio señala que «algunos de los peores abusos pesqueros y laborales» los cometió la flota de la empresa estatal Corporación Nacional de Pesca de China (CNFC), que entre 2020 y 2025 exportó 23.384 toneladas de calamar al mercado global. De ellas, el 15% fueron a parar a España, situándose como el segundo país receptor solo por detrás de Estados Unidos (29%) y representando más de la mitad del conjunto de la Unión Europea (24,6%).
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