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SINHOGARISMO

Devoluciones en caliente de migrantes, de Francia a Portbou: "Cruzaremos de noche para evitar a la policía"

El Ayuntamiento de Portbou y el Consell Comarcal revelan que la policía francesa devuelve a España entre 30 y 150 personas al mes

Fuentes policiales advierten de que el problema se acentúa en La Jonquera: "Pueden llegar a devolver a 15 al día"

Una persona sin hogar, en Portbou.

Una persona sin hogar, en Portbou. / DLF

David López Frías

David López Frías

Portbou
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Reda y Nabil son dos veinteañeros de Larache (Marruecos) que deambulan por Portbou (Girona). Acaban de llegar de Almería, donde han estado varios meses trabajando sin papeles. Por delante tienen un largo trayecto en tren y autobús que acabará a las afueras de Bruselas. Si es que consiguen llegar, porque ya están advertidos: "Si nos para la policía francesa, nos devolverán a España".

Reda y Nabil son solo dos de los cientos de migrantes que cruzan cada año la frontera en su camino hacia el norte de Europa. No quieren permanecer en España, pero ambos temen quedarse aquí contra su voluntad. Su situación no está regularizada y, según cuentan, saben que las autoridades galas los echarán del país si los identifican.

Son las polémicas 'devoluciones en caliente' de migrantes. Una práctica que se está dando a diario en la frontera entre Francia y España. La estimación del número de personas que son objeto de estas devoluciones varía según la fuente: las más conservadoras hablan de 20 o 30 al mes; las más críticas elevan la cifra hasta 150.

Sólo cuatro kilómetros separan el municipio español de Portbou del francés de Cerbère

Sólo cuatro kilómetros separan el municipio español de Portbou del francés de Cerbère / DLF

Dar respuesta al sinhogarismo

La voz de alarma se dio en la última mesa del sinhogarismo de Portbou, constituida por el Ayuntamiento, el Consell Comarcal de l'Alt Empordà, Cruz Roja y Mossos d'Esquadra. Una iniciativa creada para intentar dar solución a un problema recurrente: personas sin hogar (a menudo con serios problemas de salud mental o de adicciones) que llegan de los lugares más diversos y permanecen allí por un tiempo indeterminado. La situación geográfica del municipio (es el último de España; el siguiente pueblo es Cerbère, ya en territorio francés) y su relevancia ferroviaria (es un nodo transfronterizo histórico) convierten a Portbou en el 'lugar de paso' por antonomasia desde España hacia el resto de Europa.

En la mencionada mesa, desde el Consell Comarcal de l'Alt Empordà alertaron de que las autoridades francesas están devolviendo a migrantes a España, principalmente magrebíes y subsaharianos, de forma masiva. Según esta versión, cuando la policía nacional francesa identifica en territorio galo a estas personas en situación irregular, los hacen subir a un coche de paisano y los dejan en territorio español de forma casi clandestina.

"El problema es que Portbou es un lugar de paso, con un volumen muy alto de circulación de personas. Pero Portbou es un pueblo pequeño (de poco más de mil habitantes), que no está preparado para atender a tanta gente. No hay hostales, ni lugares para que las personas sin hogar tengan unas mínimas condiciones dignas, se duchen o carguen el móvil. Y trabajamos para que eso se solucione", explica Dani Sánchez, técnico de Servicios Sociales del Consell, a EL PERIÓDICO. El organismo al que representa es el que cifra en unas 150 al mes las devoluciones en caliente de la policía francesa.

La estación de Portbou es uno de los nudos ferroviarios transfronterizos más importantes de Europa

La estación de Portbou es uno de los nudos ferroviarios transfronterizos más importantes de Europa / DLF

Gael Rodríguez, alcalde de Portbou (el alcalde más joven de Europa, con solo 21 años de edad), coincide en el diagnóstico: Portbou es un lugar demasiado pequeño para la cantidad de gente que pasa diariamente por allí. Confirma que el sinhogarismo es un problema persistente en el municipio, pero apunta a que "esas devoluciones han existido", pero desde hace un año y medio o dos se han reducido de forma significativa. Rodríguez rebaja la cifra que da el Consell y la sitúa en unos 30 al mes. Una persona al día.

Tratado de readmisión

¿Pueden las autoridades francesas llevar a cabo estas devoluciones? Gael Rodríguez explica que sí: "Entre Francia y España hay un tratado de readmisión recíproco que permite a las autoridades francesas que identifiquen en su territorio a personas indocumentadas procedentes de España las devuelvan a territorio español y viceversa".

¿Se hacen de forma soterrada y en coches sin rotular? El primer edil reconoce que "es posible que haya algunos agentes, como en cualquier sector laboral, que quieran ahorrarse el papeleo y no dejen siquiera que la persona indocumentada baje del tren y la hagan volverse a España", pero insiste en que "es algo puntual" y que las cifras que ellos manejan difieren sustancialmente de las que da el Consell.

Este diario también ha podido hablar con fuentes policiales conocedoras de la situación. Aseguran que las devoluciones existen, pero desde hace un año y medio o dos ya no se realizan sin registro. "Las autoridades francesas se pusieron serias con ese tema y ordenaron que se cumpla el 'protocolo de las cuatro horas', que consiste en devolver a los migrantes en un plazo de cuatro horas y siguiendo los procedimientos oficiales". Y advierte: "En el otro paso a Francia, en La Jonquera, sucede con mucha más frecuencia que en Portbou. Allí podríamos estar hablando de 15 devoluciones al día".

Las antiguas garitas de la frontera están cerradas y abandonadas

Las antiguas garitas de la frontera están cerradas y abandonadas / DLF

Sea como fuere, los migrantes irregulares saben que las devoluciones son una realidad. Reda y Nabil, que apenas chapurrean castellano, reconocen que otros marroquíes que previamente han hecho este mismo trayecto ya les han alertado de que deben esconderse de las autoridades francesas si quieren proseguir su camino hasta Bélgica. "Por eso pasaremos la frontera de noche, para que no nos coja la policía", explican.

Reda y Nabil cruzarán a Francia campo a través, por los viejos caminos del exilio por los que los republicanos huían de España durante la Guerra Civil. Irán por la montaña porque están advertidos de que deben evitar la carretera transfronteriza que une Portbou con Cerbère, ya que aseguran que "en la gasolinera avisan a la policía".

Gasolinera

Justo al final del término municipal de Portbou, en plena montaña, hay una pequeña gasolinera. Una de las pocas Cepsa que aún es Cepsa y no Moeve. La gasolinera se ha convertido en una especie de área de servicio para estos migrantes que quieren salir de España. "Algunos vienen con dinero y compran algunas cosas. Otros simplemente piden que les dejemos cargar el móvil", cuenta una trabajadora.

En la gasolinera niegan que ellos avisen a la policía: "Yo solamente tuve problemas una vez, cuando vinieron unos cuantos jóvenes que iban a cruzar y se pusieron violentos. Pero llegó un policía francés retirado que consiguió que se fuesen de aquí", cuenta a EL PERIÓDICO. Frente a la gasolinera hay una pequeña caseta abandonada donde se resguardan del frío.

Lo que sí hacen en esta gasolinera es apuntar en una lista la gente que ven pasar caminando. Lo hacen, aseguran, porque así se lo pidieron desde la Guardia Civil de Girona. Anotan la fecha de paso, el número de personas y lo que crean que pueden aportar en cuanto a su descripción: si las personas son de origen norteafricano o subsahariano. Si son mochileros o si llevan menores con ellos (según consta en las anotaciones a las que tiene acceso este periódico). Lo que sí confirman es que "siempre son varones, de entre 20 y 40 años. Nunca hay ninguna mujer".

En la gasolinera llevan el control de las personas que cruzan a pie de España a Francia

En la gasolinera llevan el control de las personas que cruzan a pie de España a Francia / DLF

Cuatro kilómetros de sinuosas curvas separan Portbou de Cerbère. En el punto intermedio hay dos viejas garitas que antaño alojaban a agentes aduaneros. Ahora están cerradas y abandonadas. No hay un control policial de acceso a Francia. Pero al llegar a Cerbère sí se puede observar algún coche de policía circulando. A Reda y Nabil les han contado que lo que hay es "policía secreta, que si te pilla, te deja de nuevo en la gasolinera".

Petición de ayuda del municipio

Portbou en invierno, como el resto de la Costa Brava, es un lugar con muy poco movimiento. Solo quedan un par de bares abiertos. Los chiringuitos de la playa están cerrados y apenas hay vida en la calle. Por el entorno de la enorme estación de tren deambulan personas sin hogar que cargan grandes mochilas. Gente de paso que, por uno u otro motivo, se ha quedado varada en el pueblo.

Una vieja caseta abandonada es el lugar en el que los migrantes se refugian

Una vieja caseta abandonada es el lugar en el que los migrantes se refugian / DLF

Algunos de los residentes de Portbou revelan que estas personas, a menudo, causan problemas: "Orinan en cualquier lado, se cuelan en portales. Alguno se mete en las propiedades. Otros roban. Ayer, sin ir más lejos, robaron en el bazar chino", explica un vecino.

El alcalde reconoce dicho robo, pero matiza que "se llevaron un cargador de móvil y la policía acudió enseguida". También admite que algunas de estas personas tienen comportamientos incívicos, pero entiende que "es gente desesperada a la que no le preocupa el espacio público, porque entienden que la culpa de que no tener hogar es de lo público. Y piensan que "si a mí lo público no me ha cuidado, por qué voy yo a cuidarlo". Por eso orinan aquí, defecan allá, dejan los cartones en cualquier parte o se tumban en cualquier colchón abandonado. Y eso es lo que tenemos que resolver".

Un punto que también comparte Dani Sánchez, que considera que Portbou va a seguir siendo una zona de paso: "Por eso necesitamos que se dote al lugar de un espacio donde puedan tener unas condiciones mínimas de humanidad. Que puedan ducharse, cargar el móvil o pasar la noche".

Cerbère es el primer pueblo de Francia si se accede desde Portbou

Cerbère es el primer pueblo de Francia si se accede desde Portbou / DLF

El alcalde coincide en ese planteamiento: "Nadie quiere vivir en la calle. Es una situación que conozco de cerca y sé que es algo terrible para cualquier ser humano; todos tenemos los mismos derechos. Y en Portbou hace mucho frío, mucho viento y llueve mucho". Rodríguez indica que precisamente para resolver ese problema trabaja la mesa del sinhogarismo. Y pide ayuda, porque es una solución, asegura, que el ayuntamiento por sí mismo no puede asumir.

Anochece en Portbou y empieza a llover. Las personas sin hogar que están de paso en el pueblo solo tienen una certeza: no quieren permanecer allí. Nabil y Reda buscan un sitio donde guarecerse del chaparrón. Por la noche evitarán la gasolinera, se adentrarán en el monte y caminarán a oscuras por alguno de los viejos caminos del exilio para intentar cruzar a Francia. Quizá tengan suerte y acaben llegando a Schaerbeek, el barrio de Bruselas que tienen como destino tras su largo viaje desde Almería. O quizá sean interceptados antes por la Police Nationale francesa, que los subirá en un coche y los dejará en la gasolinera de Portbou. Otra vez en territorio español; en la casilla de salida. Pasarán entonces a engrosar esa lista de migrantes, sean 30 o 150 al mes, que son retornados de manera forzosa a España. Al menos uno al día está condenado a pasar por ese trance.

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