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¿Regular la IA? Corea del Sur lo intenta

El país asiático lanza una ley que obliga a la supervisión humana sobre esta tecnología en áreas como la seguridad nuclear, la gestión de agua potable y la sanidad pública, y exige que las imágenes creadas con esta herramienta que llamen a confusión lleven una marca de agua

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Un técnico de una compañía coreana fabricante de teléfonos móviles con IA incorporada revisa el estado de un terminal.

Un técnico de una compañía coreana fabricante de teléfonos móviles con IA incorporada revisa el estado de un terminal. / EPC

Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

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Nos impulsa la Inteligencia Artificial hacia un mundo tan excitante como inquietante, sin lindes entre lo veraz y lo verosímil e infinitas facilidades para el fraude y el crimen. Una joven fue acusada de matar a dos hombres después de que la policía consultara su historial telefónico de ChatGPT. “¿Qué pasa si mezclas alcohol y somníferos?”, “¿Cuántas pastillas son peligrosas?”, “¿Puede matar a alguien?”. Ocurrió recientemente en Corea del Sur, potencia global en IA y, desde el mes pasado, pionera en regular este salvaje oeste de silicio.

Son seis capítulos y 43 artículos con vocación de guía de uso. La Ley Básica de IA obliga a la supervisión humana en áreas consideradas de “alto impacto” como la seguridad nuclear, la gestión de agua potable, el transporte, la sanidad pública o la concesión de créditos y otros servicios financieros. Exige la transparencia en todos los contenidos (fotografías, videos o audios) que “sean difíciles de distinguir de la realidad”: una marca de agua o un aviso de voz aclarará que han sido generados con IA. Las infracciones se castigarán con multas de hasta 30 millones de won (casi 18.000 euros) pero concede un año de gracia. Asegura el Ministerio de Ciencia que busca un ecosistema seguro y saludable y finiquitar la incertidumbre legal.

Corea del Sur lidia con un problema muy global: cómo estimular un sector imprescindible en la nueva economía antes de que los engaños y 'deepfakes' o ultrafalsos laminen la confianza. La ardua tramitación de la ley, llevada durante cinco años al Parlamento, revela la dificultad. Los lamentos se han repetido tras su entrada en vigor: para los usuarios, se queda corta; para la industria, va demasiado lejos.

Montaje de Corea del Sur creado con Inteligencia artificial.

Montaje de Corea del Sur creado con Inteligencia artificial. / Archivo

Organizaciones civiles y abogados de derechos humanos han denunciado que los ciudadanos siguen desprotegidos ante los riesgos de la IA. Lo que la ley define como “usuarios” son compañías financieras, instituciones públicas u hospitales, pero no individuos. Conceptos nebulosos como “áreas de alto impacto” y las exenciones a la intervención humana anticipan peligrosas lagunas legales.

Al sector le preocupan varios asuntos. El 98 % de las startups de IA no están preparadas para cumplir la ley, según una encuesta de diciembre de Startup Alliance. Estas son más sensibles a los costes de adecuación y las multas que las grandes tecnológicas. Temen también que la vaguedad y la amenaza de sanciones aconsejen las iniciativas más conservadoras en un campo que exige audacia.

Promover la industria

El populismo legislativo, señalan, embrida su desarrollo cuando la competencia global cabalga sin bridas. “Hay algo de resentimiento. ¿Por qué tenemos que ser nosotros los primeros?”, se preguntaba Lim Jung-wook, representante de Startup Alliance. Una ley pionera no puede predecir todos los supuestos de hecho, menos en un campo tan novedoso y dinámico, ni aprovechar las experiencias globales: la primera ley también será la más imperfecta. Ha respondido Seúl que el 90% de la ley busca promover la industria y no restringirla. El presidente, Lee Jae Myung, ha pedido a los legisladores que atiendan las quejas de las startups y apoyen su desarrollo. Un país del Extremo Oriente con 50 millones de habitantes quiere replicar en la IA la honda huella que disfruta en la cultura global con la música K-pop, cine y series televisivas.

El contexto es proclive. Estados Unidos defiende una legislación suave que incentive la innovación pero las pugnas partidistas traban su tramitación. El ecosistema censor de China la anula como referencia y su propuesta de crear un cuerpo regulador internacional en el pasado G-20 encontró la oposición de Washington. La UE ya aprobó una ley sobre IA en 2024 pero su aplicación por fases no concluirá hasta 2027. Sus multas son mucho más altas que las surcoreanas: desde el 1 % de los beneficios anuales por infracciones menores hasta el 7 % por ignorar prohibiciones en el uso de IA de alto riesgo.

Corea del Sur pretende el tercer cajón del podio de la IA tras Estados Unidos y China. No escasean los argumentos. El uso de la IA desde finales de 2024 ha aumentado en Corea del Sur un 80% en contraste con el 35 % en el mundo y el 25 % en Estados Unidos, y solo la última le supera en suscriptores de pago de chatGPT. Suben al tren de la IA los surcoreanos con entusiasmo y sin las referencias culturales de Occidente (George Orwell, Frankenstein, las distopías cinematográficas) que anuncian tragedias cuando el hombre juega a ser Dios. Sólo al 16 % de los surcoreanos, el porcentaje más bajo del mundo, el auge de la IA le provoca más inquietud que entusiasmo.

Las cantantes y actrices surcoreanas constituyen el 53% de las personas que aparecen en pornografía 'deepfake' y son el grupo más comúnmente atacado. El escándalo de Telegram sacudió el país dos años atrás: en docenas de sus grupos, algunos con cientos de miles de usuarios, circulaban cantidades ingentes de 'deepfakes'. Cualquiera podía colgar la fotografía de una conocida y obtenerlo en segundos. Un joven fue condenado a diez años de cárcel por generar más de 2.000 composiciones de sus compañeras de una de las universidades más prestigiosas del país. El problema no ha remitido y no hay víctimas más propicias que las angelicales celebridades. Las mayores compañías del K-pop han declarado la guerra a esos 'deepfakes' que atentan contra la pureza que representan sus cantantes.

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