Iglesia católica
El papa León XIV, ante el riesgo de cisma por la nueva rebelión de los lefebvrianos

El Papa León XIV en una imagen de archivo / Conferencia Episcopal Española
Las guerras culturales y teológicas de la Fraternidad San Pío X —más conocida como los lefevrebianos, que desde los sesenta del siglo pasado se niegan a aceptar lo que entonces modernizó la Iglesia católica— han vuelto al Vaticano de una manera inesperada. El detonante: el movimiento ultratradicionalista de origen francés, excomulgado en 1988 por negarse a aceptar el Concilio Vaticano II y perdonado por Benedicto XVI en 2009, ha anunciado que planea consagrar en julio a nuevos obispos sin permiso de Roma.
La información ha sido hecha pública semanas atrás y hasta ahora todo intento de apagar la rebelión ultratradicionalista ha sido en vano. Tanto que el Vaticano incluso organizó este febrero un encuentro con el grupo para intentar encontrar una solución, pero tampoco sirvió. Roma pide "dialogar sobre el Concilio [Vaticano II]", pero no "corregir sus textos", han vuelto a decir desde la Fraternidad, al cerrar la puerta a una posible marcha atrás en su decisión de ordenar a nuevos obispos sin la autorización del Papa.
La decisión ha sido tomada después de solicitar en agosto pasado una audiencia con León XIV y posteriormente escribirle una carta. En esta, los rebeldes expresaron "abierta y explícitamente la necesidad particular de la Fraternidad de asegurar la continuidad del ministerio de sus obispos, que recorren el mundo desde hace cerca de cuarenta años, para responder a los numerosos fieles apegados a la Tradición de la Iglesia".
"La Fraternidad no puede abandonar a sus almas", añadieron en otra comunicación. "El superior general [David Pagliarani]" ha pedido "dignamente a las almas prepararse para la ceremonia [de nombramiento de los nuevos obispos del 1 de julio" próximo, han añadido en otro de sus últimos textos.
Ruptura decisiva
La incógnita es el por qué de esta nueva arremetida justo ahora, cuando León no ha ni cumplido un año en el poder, y además ha dado muestras de diálogo, entre otros permitiendo en octubre la celebración de la misa del antiguo rito tridentino en la basílica de San Pedro, después de años de limitaciones impuestas por el fallecido Francisco. "Lo cierto es que el problema no es la misa en latín, es todo, es una cuestión teológica. Los lefevrebianos se niegan a aceptar el Concilio Vaticano II", han resumido algunos observadores.
"El riesgo es el cisma", ha resumido asimismo sin tapujos el diario católico Avvenire. También el Vaticano, en una nota, lo ha explicado. La ordenación de nuevos obispos sin mandato pontificio constituiría una "ruptura decisiva de la comunión eclesial", han dicho desde la Santa Sede.
¿Fuera de control?
Todo ello ocurre cuando la Fraternidad incluso parece haber perdido el apoyo de algunos pesos pesados del sector conservador, entre ellos, los cardenales Gerhard Müller y Robert Sarah, dos destacados defensores de la Misa Tradicional en latín. "Si la Sociedad de San Pío X quiere tener un impacto positivo en la historia de la Iglesia, no puede luchar por la verdadera fe a distancia, desde fuera, contra la Iglesia unida al Papa", dijo Müller. “Ningún católico ortodoxo puede invocar razones de conciencia si se sustrae a la autoridad formal del Papa", añadió.
Sarah también ha expresado su "profunda preocupación y tristeza" después de que la Fraternidad confirmara su decisión de ordenar nuevos obispos sin autorización papal. "¿Cuántas almas están en peligro de perderse a causa de esta nueva división?", se preguntó Sarah en un artículo publicado el 22 de febrero en Le Journal du Dimanche. Otros han sido más ambiguos, como el monseñor Athanasius Schneider, quien pidió a León de aprobar las nuevas ordenaciones.
Paradójicamente, la fecha del 1 de julio para las nuevas consagraciones tampoco es una cualquiera. Coincide con el aniversario de la excomunión en 1988 de Marcel Lefebvre, el fundador del grupo, con vínculos también con el Frente Nacional francés. Lefebvre, quien entonces consagró a cuatro obispos sin permiso de Roma, a los que luego seguirían otros, murió en 1991, pero con él evidentemente no la rebelión.
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