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Medida controvertida

Los científicos cuestionan que talar árboles sirva para tener más reservas de agua

Esta solución, anunciada por el Govern en periodo de sequía, no tiene el consenso de todos los investigadores especializados porque la consideran poco duradera en el tiempo

Catalunya talará árboles en las cabeceras de los ríos para que llegue más agua a los embalses

Trabajos de gestión forestal en los bosques de Vidrà, en el Bisaura (Osona).

Trabajos de gestión forestal en los bosques de Vidrà, en el Bisaura (Osona). / ORIOL CLAVERA

Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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En plena sequía, hace dos años, el Govern anunció la intención de realizar talas puntuales de árboles en las cabeceras de los ríos para que llegase más agua a los embalses y los acuíferos. La propuesta consistía en reducir la densidad de pinos y matorral en puntos estratégicos para que el bosque 'gastara' menos agua en hojas (evaporación y transpiración) y aumentara la llamada 'agua azul', la que llega a los ríos.

Con estas tareas de gestión forestal, el Govern defendía que una mayor parte de la lluvia acabaría infiltrándose hacia los acuíferos o escurriéndose hacia los caudales y los embalses, en lugar de volver a la atmósfera. No obstante, varios científicos consultados por EL PERIÓDICO advierten de que esta medida acarrea algunas consecuencias negativas para las arboledas y que, aplicada como receta general, puede ser más una expectativa política que una certeza hidrológica.

"El consumo de agua puede reducirse, pero el bosque siempre tiende a recuperar la cobertura verde perdida"

Jordi Vayreda, investigador CREAF

Especialistas en bosques e hidrología aseguran que estas talas no siempre se traducen en más agua en ríos, embalses y acuíferos y subrayan que el resultado depende de la lluvia disponible, del tipo de bosque, del suelo, la pendiente y la meteorología. En zonas más áridas, el agua liberada por el clareo suele ser rápidamente captada por la vegetación que queda en pie o por el rebrote de las hojas.

El papel de las hojas

De hecho, la clave de todo está en las hojas, que son las principales consumidoras del agua. "Después de una actuación, es probable que el año siguiente haya menos hojas y que los caudales, siempre y cuando haya agua disponible, aumenten ligeramente", admite Jordi Vayreda, investigador del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales). "Pero las hojas se recuperan muy rápido y al cabo de cuatro años, sin tener tantos árboles, es posible que, sumando arbustos y árboles, tengas las mismas hojas que habías extraído", avisa.

Por lo tanto, según Vayreda, la tala de árboles o arbustos provoca una reducción momentánea del área cubierta por hojas pero no tiene efectos destacados a largo plazo: "El consumo de agua puede reducirse, pero el bosque siempre tiende a recuperar la cobertura verde perdida". "El aumento de caudal es variable y pasajero", coincide Eduard Pla, profesor de ecología de la UAB.

Cabe señalar que algunos estudios plantean incrementos de agua del 25% a través de esta medida. Tanto Vayreda como Pla no desacreditan estos trabajos, pero sí insisten en la idea de que este aumento dura poco en el tiempo y obligaría a actuaciones constantes e importantes, que además se tendrían que realizar en los bosques más húmedos, los más maduros y los que albergan más biodiversidad. "¿Vale la pena intervenir cada tres años en un bosque de este tipo? ¿Qué costes tiene para la biodiversidad y la protección del suelo?", se pregunta Vayreda.

La erosión, el gran peligro

Reducir árboles implica tocar un sistema que también presta otros servicios aparte del 'agua azul'. "Los árboles protegen el suelo frente a la erosión, amortiguan avenidas y deslizamientos en episodios de lluvia intensa, sostienen biodiversidad y contribuyen a almacenar carbono. "Una intervención mal diseñada o demasiado intensa puede alterar el microclima del bosque y, en determinados terrenos, favorecer la degradación del suelo", alerta Mireia Banqué, investigadora dedicada al estudio de los bosques y su gestión. "Todo depende de como miramos e interpretamos los datos, y no lo podemos hacer analizando solo el vector agua", considera.

A día de hoy, el escenario en Catalunya ya no es de crisis hídrica. Aun así, este tipo de medidas planteadas siguen vivas. Incluso la empresa pública ATL (ente de abastecimiento de agua Ter Llobregat) ha comprado créditos climáticos que invierten en proyectos que contemplan acciones de gestión forestal pensadas para reducir el riesgo de incendio pero también para obtener más agua. De todas formas, los científicos consultados afirman que, en épocas de escasez, la gestión forestal para disponer de 'agua azul' son poco convenientes, puesto que, al haber poca agua, la cantidad de recurso que se recoge es muy limitada. ¿Y qué sucede en periodos como el actual? "El agua que se puede conseguir es poco relevante cuando la situación es de abundancia", concluyen.

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