Crisis de la vivienda
"Esto no es un hotel": vivir con los padres más allá de los 30 abre un nuevo foco de conflictos familiares
La tardía emancipación alimenta el fenómeno del ‘nido repleto’: los padres se frustran porque sus hijos adultos no logran abrirse paso y estos se sienten excesivamente controlados
Los psicólogos apuntan que las consultas sobre problemas de convivencia entre padres e hijos adultos se han triplicado en los últimos años
Las rupturas entre padres e hijos 'salen del armario': libros y redes visibilizan un fenómeno hasta ahora tabú

Una joven pasa delante de una inmobiliaria. / Efe

España se sitúa entre los países en los que los hijos se emancipan más tarde. La crisis de la vivienda y la precariedad laboral han provocado que la edad media para abandonar el nido se sitúe en torno a los 30 años pero, en muchos casos, se prolonga mucho más allá. También se da la circunstancia de que una parte de los que se emancipan regresan a la casa familiar ya sea porque el coste de vida les asfixia o porque quieren ahorrar para poder acceder a una vivienda. Sea como sea, este fenómeno, que algunos investigadores denominan ‘nido repleto’ o 'lleno', está provocando un incremento de las tensiones familiares. Psicólogos consultados por EL PERIÓDICO indican que las consultas relacionadas con los problemas de convivencia que se generan se han triplicado en los últimos años.
El conflicto se sustenta en que a los padres les preocupa y les frustra que sus descendientes no consigan abrirse paso de forma autónoma, pese a que ellos se han esforzado en darles la mejor educación posible y, mientras tanto y por lo general, viven en sus casas “como si fuera un hotel”, sin atenerse a unas normas básicas.
Los hijos que no consiguen emanciparse suelen tener sentimientos de desesperanza ante la falta de un horizonte claro y recelan del excesivo control paternal
Y, del otro lado, los hijos sienten esa misma desesperación por la falta de un horizonte claro y, al seguir bajo la tutela de sus padres, se sienten excesivamente controlados. Una situación que puede mermar su desarrollo personal y la confianza en sí mismos, de forma que muchas veces se produce una “distorsión total de las relaciones”, según explica Rosa Rabbani, psicóloga especialista en terapia de pareja y familiar.
Aunque la mayoría de estudios y debates sobre las relaciones familiares se centran en la crianza infantil o las tensiones con los adolescentes, también hay investigaciones -aunque menos numerosas- que han analizado el problema del ‘nido repleto’. Por ejemplo, una efectuada por la Universidad de La Laguna (Tenerife) indica que la permanencia de los hijos en el hogar familiar durante la adultez emergente (de los 18 a los 25 años) aumenta los conflictos debido al “desencuentro” en torno a los valores sociales y las expectativas de padres e hijos.
Un estudio indica que la convivencia con hijos mayores de 30 años disminuye el bienestar de los progenitores, sobre todo de las madres
Tareas domésticas
Asimismo, un análisis llevado a cabo con datos de la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, por María José Gil-Moltó y Arne Risa Hole, indica que la convivencia con hijos mayores de 30 años se asocia a peor bienestar de los progenitores, sobre todo de las madres, dado que tienden a asumir mayor proporción de tareas domésticas. A su vez, el informe ‘Salud mental y desigualdad de los jóvenes’, del Centro Reina Sofía-Fad Juventud, revela que las personas que no pueden emanciparse tienen más problemas de salud mental (un 20%), en comparación con los que sí han abandonado el nido (un 15%).
Por ello, según Enric Soler, psicólogo relacional y tutor del grado de psicología de la UOC, las consultas en torno a conflictos familiares relacionados con el ‘nido repleto’ se han “multiplicado” en los últimos 10 años, con mayor “intensificación” después de la pandemia. En su caso personal, se han triplicado: no siempre los pacientes acuden específicamente por los problemas de convivencia familiares, pero el choque acaba emergiendo a lo largo de la terapia.
Los padres sienten rabia, impotencia, viven como una injusticia que sus hijos no puedan emanciparse, pero sin ser conscientes de que es una especie de duelo
Según su experiencia, el problema, en el caso de los padres, radica en que “sufren un duelo” cuando comprueban que sus hijos no pueden ‘volar’, pese a la educación que han tratado de darles. “Sienten rabia, impotencia, lo viven como una injusticia, pero sin ser conscientes de que es una especie de duelo y el primer paso para solucionarlo es el reconocimiento”, apunta. A ello se une que los padres quieren que en su casa se sigan cumpliendo una serie de normas y los hijos adultos “se sienten excesivamente controlados” ante frases del tipo “¿dónde vas?, “¿a qué hora vas a volver?”, “no te vayas sin hacer la cama”. Y, por último, el ‘nido repleto’ provoca una sobrecarga económica en el hogar y dificulta las relaciones íntimas de unos y otros.
Confianza
Este último problema está emparentado, a su vez, con que un profuso control sobre los hijos les impide “gestionar su independencia, su propio dinero o la toma de decisiones; lo que puede suponer un freno a su desarrollo personal, disminuye la confianza en ellos mismos y les dificulta tener proyectos vitales consolidados, como una relación de pareja estable”. “Abunda la sensación de fracaso y psicológicamente les duele sentir que la dependencia se prolonga sin fin”, añade Soler. Todo ello se puede traducir en discusiones, enfados y disgustos constantes. “Hay veces que los hijos se convierten en eternos adolescentes y los padres, en eternos padres de adolescentes, sin evolucionar”, añade.
Poner normas a una persona de 30 años no es fácil, dado que la autoridad de los padres está dotada de significado pero solo en ciertas etapas
Adolescentes hasta los 30
A este respecto, Rosa Rabbani indica que la convivencia en estos casos es compleja porque “poner normas a una persona de 30 años no es fácil, dado que la autoridad de los padres está dotada de significado pero solo en ciertas etapas”. Por ejemplo, indica, hay muchos padres que se quejan de que sus hijos adultos viven en casa “como si fuera un hotel”, dado que no se implican lo suficiente en las tareas domésticas ni les dan explicaciones sobre su vida. A esto se añade “la lógica preocupación e inquietud de padres e hijos porque la emancipación no pueda llevarse a cabo”.
A esta situación, apunta la especialista, a se suma un fenómeno “que en psicología se está investigando muchísimo” en varios países y que no está estrictamente relacionado con los problemas financieros o la falta de acceso a la vivienda, sino con que la adolescencia parece alargarse hasta la treintena. Según Rabbani, se está detectando que buena parte de la generación entre los 20 y los 30 años posterga decisiones que son propias de esta etapa, con el argumento de que aún se sienten jóvenes. El resultado, añade, es que llegan a la siguiente década y “se dan cuenta de que no han sido capaces de consolidar nada, ni a nivel profesional, ni a nivel familiar, y caen en el desánimo o en la depresión porque han perdido años buenísimos en los que prácticamente no han hecho nada”. Todo un cóctel de situaciones que dificultan la convivencia familiar.
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