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Historias de la gente

Leo Zaal, holandés que estuvo 96 horas desaparecido: “No salgan a caminar solos por los montes de Anaga”

El holandés Leo Zaal volvió a nacer en la Isla donde estuvo más de tres días perdido tras caerse por un barranco en 2005 a solo 300 metros del Albergue Montes de Anaga, donde se hospedaba

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Leo Zaal, en una imagen tomada hace unos días.

Leo Zaal, en una imagen tomada hace unos días. / EL DÍA

José Domingo Méndez

Santa Cruz de Tenerife
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“No salgan a caminar solos por los montes de Tenerife y menos en Anaga. Hay que tener mucho cuidado, sobre todo con el tiempo imprevisibles porque todo cambia en cinco minutos”. Lo dice por experiencia el holandés Leo Zaal que en septiembre de 2005 sufrió en carne propia, nunca mejor dicho, lo que supone estar perdido durante más de tres días tras caerse por el barranco de Almáciga. Exactamente fueron 96 horas, por encima del umbral de supervivencia establecido en 72, y a solo 300 metros del Albergue Montes de Anaga del Cabildo de Tenerife, en El Bailadero, donde se hospedaba. Algo menos, día y medio, pasó en esas condiciones de deshidratación el pasado fin de semana la británica Susan Hornby, rescatada como Leo in extremis. Dos décadas después, Zaal recuerda una situación que lo marcó para siempre.

Secuelas pero sin trauma

Desde su actual residencia en los Países Bajos, rememora ya cerca de los 70 años, un episodio que “me dejó secuelas en las piernas de por vida, pero no un trauma”, aunque “apenas pienso en ello”. Leo volvió a la Isla unos años después para reencontrarse con los cuatro bomberos que lo salvaron in extremis al escuchar un hilo de voz entre unas zarzas mientras practicaban rappel. Subraya que “fue algo muy bonito y entrañable para mí”. Ahora quiere retornar de nuevo a Tenerife porque, asegura este holandés con mucha retranca “he hablado con mi ex, que todavía vive allí, y me quiere mucho”. Demuestra estar al cabo de la calle: “Me dice que las cosas han cambiado bastante y ahora es muy difícil encontrar apartamentos”.

Los guiris se pierden en la Isla

Leo argumenta que no sabe a ciencia cierta por qué los extranjeros, "los guiris" matiza, se pierden con tanta frecuencia en la Isla y concretamente en Anaga, pero apunta que “a mí me afectó el brusco cambio del tiempo. Todo empezó así”. Aquel día por la mañana, precisamente, “hablé con un guía alemán de Masca al que conocía y él ya me advirtió de que no fuera solo porque podía ocurrir que en unos minutos las nubes aparecieran para ponérmelo difícil; me pareció una tontería, pero eso es justo lo que pasó”.

Libro de referencia

Otro factor detonante fue el libro de una pareja alemana que Leo tenía casi como una biblia, 32 rutas para recorrer Tenerife. Recogía todos los senderos de la Isla, pero, apunta, "nunca plantearon los riesgos, incluidos los cambios radicales del tiempo en unos minutos, sobre todo por Anaga".

Equipado y confiado

El holandés salió bien equipado y muy confiado a dar un paseo, una caminata más en su proceso para dejar de fumar. Había hecho rutas por la Isla, sobre todo en el sur donde estaba afincado, pero le faltaba Anaga. Era su asignatura pendiente y casi fue la última. Leo mide más de metro noventa y es un hombre corpulento que entonces tenía 48 años. Ambos factores le salvaron la vida. Su mujer, Renata, se quedó aquellos días en Las Galletas con un esguince de tobillo. Comenzó a preocuparse al pasar las horas sin que Leo se comunicara con ella. Dio la alarma, primero a Montes de Anaga y luego a los servicios de emergencias. El operativo de búsqueda se desplegó sin éxito por el laberinto del Macizo. Cuando parecía que su cuerpo no iba a aparecer nunca ocurrió el milagro. Leo estaba vivo. Muy magullado, pero vivo.

Desorientado y solo

El holandés se desorientó en el último tramo de la ruta que emprendió en aquel agosto de 2005, aunque a historia acabara en septiembre, desde El Bailadero a Montaña Tafaya. Llevaba teléfono móvil pero no tenía cobertura. La tranquilidad inicial, pese a haberse perdido, se rompió al caerse sobre unas zarzas y quedar inmovilizado. Sobrevivió por su fortaleza y gracias a alguna maña como beberse su propia orina.

Doce días ingresado

Después de doce días ingresado en el Hospital Universitario de Canarias (HUC) recibió el alta y al poco tiempo dejó la Isla en cuyo sur se había asentado en 1998. Trabajaba entonces como animador en el sector turístico y hoy en día lo sigue haciendo en su tierra. Leo recorrió luego toda Europa como guía de guaguas turísticas, pero hace cuatro años, tras la pandemia de la Covid-19, se quedó en Holanda. Trabaja en un granja de quesos y vende zuecos, el calzado característico tradicional neerlandés, en tiendas destinadas a los visitantes foráneos. No supone ningún problema tratar con extranjeros para quien ha estado en medio mundo y domina ocho idiomas. Desde su fluido español al tagalo pasando por inglés, francés, alemán, italiano, por supuesto el holandés...

Cariño y emoción

Recuerda con mucho cariño y emoción el reencuentro con Wladimir, Andrés, Kem y Francsco, sus salvadores. Con ellos compartió mesa y mantel para degustar los productos de la tierra anaguense con la que a punto estuvo de mimetizarse eternamente. Tanto la añora que piensa volver porque "la señora (Renata) me quiere mucho". Leo, el holandés de Anaga, termina con otro guiño a la cultura hispana, un sentido 'visca el Barça' que denota su devoción por el club que engrandeció su compatriota Johann Cruyff.

Cambio en la ley

Canarias cambia la normativa para evitar que los rescatados por negligencias se vayan de rositas. El Gobierno regional prepara un régimen sancionador para introducirlo en la nueva Ley de Protección Civil ante la imposibilidad de cobrar la tasa aprobada hace 14 años para los operativos de socorrismo por imprudencias. La Dirección General de Emergencias ya trabaja en fijar las cuantías de las multas, unas sanciones que serán proporcionales al elevado coste de estos dispositivos, que en el caso de la Comunidad Autónoma realizan de forma mayoritaria los equipos del Grupo de Emergencias y Salvamento de Canarias (GES). La Ley de Medidas Administrativas y Fiscales de Canarias, que entró en vigor en 2012, contempla una tasa por la prestación de los servicios de búsqueda, rescate y salvamento. El fin es que aquella persona que cometa una negligencia y precise una asistencia urgente asuma su responsabilidad y corra con los gastos. Incluye los siguientes precios: 36 euros por hora y cada integrante del GES movilizado, 2.000 euros por cada hora de helicóptero, 40 euros la hora por cada vehículo, 300 euros la hora por la movilización del vehículo de puesto de mando avanzado y 300 euros la hora por cada embarcación. La tasa nunca se ha cobrado, además de haber quedado desfasada.

Diez rescates en una semana

Solo la segunda semana de este mes se desplegaron diez operativos para auxiliar a once senderistas en Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote. En la mayoría de los casos eran turistas de más de 60 años –la de mayor edad, Susan Hornby tenía 75– que se extraviaron o sufrieron accidentes por la falta de previsión. En 2025 fueron un total de 216 rescates por tierra, mar y aire. Tenerife lideró el ranking con mucha diferencia sobre el resto de islas, con 96 dispositivos de socorrismo.

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