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Erosión constante

Una grieta de 17 metros en Castellfollit de la Roca vuelve a poner el foco en los desprendimientos: "No hay riesgo inminente, pero hay que estar vigilantes"

Está controlada por el Institut Cartogràfic de Catalunya, que la tiene monitorizada para detectar cuanto antes el mínimo cambio

Castellfollit de la Roca, una joya por descubrir en La Garrotxa

Castellfollit de la Roca, una joya por descubrir en La Garrotxa

Inés Sánchez

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Situada a 50 metros de altura, encima de un bonito acantilado y entre los ríos Fluvià y Turonell, la localidad de Castellfollit de la Roca figura como uno de los municipios más simbólicos de Catalunya. Pero desde hace casi una década sus habitantes conviven con el miedo a los desprendimientos, un fenómeno que se ha intensificado en los últimos años.

La roca en la que se asienta el pueblo es una inmensa base de lava creada hace casi 400.000 años por los volcanes de la Garrotxa. Tiene casi un kilómetro de longitud y 54 metros de altura en su punto más alto. Su edad geológica y la erosión provoca que los desprendimientos se den de forma periódica.

El desprendimiento de 2017

Pese a que siempre han convivido con los desprendimientos, desde hace nueve años los residentes piden recursos al Govern porque cada vez son de mayor intensidad. En febrero de 2017, 70 toneladas de piedras cayeron al vacío y dejaron la vertiente que da al río Turonell, muy fracturada. Una residente en el núcleo histórico detalló que escuchó "un ruido tan fuerte" que pensó que había sido "un accidente de circulación".

Cada desprendimiento acelera la fragilidad del conjunto al aumentar la debilidad de otras rocas próximas. Cuando cae nuevas rocas, que a su vez deterioran a sus vecinas y el ciclo es cada vez más intenso. La 'cinglera' va perdiendo volumen con el paso del tiempo y afecta a la estabilidad de las casas. Este municipio cuenta además con otra circunstancia que agrava el problema. Y es que es el segundo más pequeño de Catalunya, ya que no llega a un kilómetro cuadrado.

Una grieta de 17 metros

150 casas están construidas justo en el límite del acantilado. En las últimas semanas, debajo de la calle de la plaza ha aparecido "una grieta de 50 centímetros y verticalmente baja 17 metros", explican en 'El Radar', de 3cat. "No hay un riesgo inminente, pero sí que hay que estar vigilantes, porque, como decíamos, se produce esta erosión constante, aunque lenta", añaden.

Esta grieta está controlada por el Institut Cartogràfic de Catalunya, que, seún recoge el reportaje, la vigila constantemente y la tiene monitorizada en caso de que se haga más grande, para poder detectarlo muy rápidamente. La vertiente del Fluvià es la que preocupa y tiene 9 fisurómetros y 5 clinómetros que permiten saber cómo se abren y cierran grietas o cómo este movimiento y erosión en el acantilado.

También escanean el acantilado dos veces al año para comparar las imágenes y ver si se está produciendo algún cambio. El problema es que para esto se necesitan tareas de limpieza y mantenimiento del acantilado y su vegetación para obtener bien la imagen. Unas tareas que valen hasta 50.000 euros, un presupuesto que Castellfolit no puede pagar.

El Ajuntament de Castellfolit ha reclamado "una asignación fija" a la Generalitat para la "seguridad" de los locales, sin tener que buscar constantemente subvenciones en la Diputación, Generalitat o incluso la Unión Europea. Los vecinos, en los últimos años, han visto "cómo iba cambiando el paisaje y su casa, porque cada desprendimiento se ha llevado un trozo". Algunas de las casas ubicadas en el acantilado, en las que viven unas 350 personas, han perdido metros cuadrados o incluso el balcón entero.

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