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Tumores pediátricos

Las secuelas del cáncer infantil: el desafío actual en una enfermedad donde la supervivencia supera el 80%

Un 60% de los niños desarrollará una enfermedad crónica relacionada con el tratamiento a lo largo de su vida, por eso la investigación se centra en cómo aminorar los efectos secundarios

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El 15 de febrero se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil

El 15 de febrero se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil / EP

Patricia Martín

Patricia Martín

Madrid
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El cáncer infantil es, afortunadamente, poco frecuente pero cada tumor que se diagnostica, supone un impacto arrollador para el niño y toda su familia. Y eso que gracias a la investigación y la prevención, la supervivencia es elevada y supera el 80%, pero algunos niños o adolescentes no responden a los tratamientos o tienen recaídas, por eso el cáncer sigue una de las principales causas de mortalidad en menores de 14 años.

Los cánceres infantiles más frecuentes son las leucemias, los tumores cerebrales, los linfomas y tumores sólidos como el neuroblastoma y los tumores de Wilms (riñón), según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año se diagnostican en España alrededor de 1.500 tumores infantojuveniles, de ellos 1.100 afectan a menores. Por ello, con motivo del Día Mundial contra el Cáncer Infantil, que se celebra este domingo 15 de febrero, los especialistas indican que son dos los grandes desafíos futuros: mejorar la prevención, el diagnóstico y los tratamientos para reducir la mortalidad oncológica infantil y disminuir las secuelas de los supervivientes a corto y largo plazo.

Se calcula que uno de cada 450 adultos jóvenes en Europa será superviviente de un cáncer pediátrico y que el 60% de los pacientes desarrollará alguna enfermedad crónica relacionada con el tratamiento recibido a lo largo de su vida. Y es que la radioterapia, la quimioterapia u otras terapias actúan contra el tumor pero, en ocasiones, también dañan los tejidos sanos. Por ello, el sistema inmunitario puede quedar debilitado y no ser capaz de frenar infecciones graves.

Por otro lado, los fármacos pueden afectar al corazón, al sistema endocrino o a la fertilidad, síntomas que suelen manifestarse en la edad adulta. En algunos casos, incluso, el tratamiento que permitió la curación aumenta el riesgo de desarrollar un segundo tumor décadas más tarde. Y a todo ello hay que sumar las secuelas cognitivas y emocionales. Muchos pacientes tienen problemas de aprendizaje, de atención, sufren ansiedad o alteraciones en su autoestima, que influyen en su integración social, laboral o bienestar personal.

La investigación

“Hoy curamos a la inmensa mayoría de los niños con cáncer, pero eso no significa que el proceso termine cuando el tumor desaparece. El gran reto es que esa curación vaya acompañada de la mejor calidad de vida posible”, explica Antonio Pérez Martínez, pediatra, jefe de Onco-Hematología y Trasplante Hematopoyético y director de la Unidad CRIS de Terapias Avanzadas en el Hospital Universitario La Paz de Madrid.

“En hemato-oncología pediátrica tratamos a pacientes en pleno desarrollo, y por eso cada toxicidad importa. Reducir los efectos secundarios no es un objetivo secundario: es esencial para proteger su futuro”, subraya el doctor Pérez.

Ante ello, organizaciones como la Fundación CRIS contra el Cáncer está impulsando diversos proyectos de investigación que buscan reducir los efectos secundarios de los tratamientos, entender mejor la toxicidad que provocan y diseñar estrategias de seguimiento más personalizadas.

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