Fuerte temporal
Geógrafos y expertos en emergencias ven "más útil" restringir la movilidad frente al viento extremo que adaptar las ciudades
Govern y especialistas coinciden en la necesidad de "educar" a la ciudadanía para que se comprendan las medidas de autoprotección que minimizan daños
Última hora de la alerta roja por fuerte viento en Catalunya, hoy en directo | El vendaval irá a más hasta el mediodía y deja ya cinco heridos

El temporal de viento provoca daños en la valla de la Ciudad Deportiva del FC Barcelona / Bombers / FOTO: JORDI OTIX

La imagen del patio de la escuela Gitanjali de Badalona no puede ser más potente. El árbol de más de 15 metros que desde hace décadas presidía el espacio exterior en el que los alumnos juegan cada día ha caído por las rachas de viento de este jueves. Por suerte, las clases se habían cancelado y la incidencia no ha provocado daños personales.
Situaciones como esta, justifican, según la Generalitat, la decisión de suspender las escuelas y reducir la movilidad ante el vendaval. "Las medidas preventivas afectan a nuestra vida pero ayudan a rebajar el riesgo y el número de accidentes", sostiene Imma Solé, subdirectora de Protecció Civil.
Otro ejemplo es la palmera que se ha desplomado sobre un coche en Mataró, sin llegar a herir a la conductora. "Si hubiéramos tenido más vehículos circulando, el riesgo de incidencias habría sido mucho más elevado", avisa Solé, que se felicita por el hecho de que los desplazamientos se redujeran a la mitad de lo habitual.
No hay cultura del viento
No obstante, a lo largo de la jornada algunas voces han cuestionado este tipo de medidas que 'paralizan' la movilidad y parte de la actividad educativa, sanitaria y económica. ¿Qué hacen otros países, ante rachas de viento de más de 100 kilómetros por hora? ¿Es posible adaptar las ciudades a fenómenos como los que ha desencadenado la borrasca Nils y así poder continuar con la vida cotidiana?
Los expertos consultados por este diario sugieren que, ante el viento, son más eficaces las medidas de prevención como las que se han activado que una hipotética adaptación a las ráfagas de aire extremas. "En el Mediterráneo, tiene sentido aplicar fórmulas para tener un urbanismo más resiliente al calor y las inundaciones, pero el viento es un riesgo menos común y es complicado encontrar soluciones permanentes", considera José Vicente Sánchez Cabrera, geógrafo especialista en ordenación del territorio y urbanismo, que opina que no existe una cultura establecida de viento.
Medida habitual
En lugares mucho más ventosos, no es extraño paralizar la actividad escolar cuando las rachas son peligrosas. Cabe señalar que, cuando el viento sopla a menos de 50 kilómetros por hora, apenas genera problemas. "Cuando los picos son más elevados, la mayor problemática son las caídas de árboles y mobiliario urbano", sostiene Iván Portugués, geógrafo y especialista en territorio y medio ambiente. "Ante este escenario, las restricciones preventivas son útiles", defiende.
Además, lo que sucede en las grandes áreas metropolitanas no tiene nada que ver con el peligro en zonas rurales. "El riesgo tiene tres patas: amenaza, exposición, vulnerabilidad", explica el especialista. "En los ámbitos urbanos, la exposición es considerable, porque hay mucha más gente afectada por la amenaza, por este motivo es razonable limitar los desplazamientos", prosigue. Esto es precisamente lo que ha sucedido en Catalunya, puesto que el viento ha impactado de lleno en Barcelona y sus alrededores.
"Difícil de abordar"
¿Qué se podría hacer en las urbes para que estuvieran más adaptadas al viento, en caso de que estos episodios excepcionales se repitan cada vez más? "El viento es algo particular, pero tal vez se podría anclar mejor el mobiliario urbano", plantea Portugués. "Como mucho, se podría tener en cuenta el viento a la hora de realizar nuevos desarrollos urbanos en lugares en los que el viento es constante, como pasa en Zaragoza con el Cierzo", especula.
Aun así, no ve mucho recorrido a este tipo de acciones en localidades como Barcelona: "Sería difícil de abordar y cuando se declarase un gran vendaval convendría limitar los movimientos igualmente para reducir daños y minimizar el riesgo de víctimas mortales", afirma.
Apuntar a la exposición, una de las tres variables del riesgo, es el "mejor camino". "Con el cambio climático, todos debemos empezar a habituarnos a que se apliquen estas medidas si queremos reducir al máximo las incidencias", resume.
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