Así trabaja junto a sus compañeros "Anja", "Morgan"... y sus guías
La historia de "Kenia", la perra adoptada que encontró al octogenario desaparecido en Cudillero: no es la primera vez que lo logra
Rubén Rocandio, integrante de la unidad canina del Servicio de Emergencias desde hace casi siete años, hace dupla con la pastor belga malinois que logró el final feliz en este último operativo
Este equipo de rescate del Principado participó en los últimos seis meses en cuatro rescates y en tres de ellos los rescatados volvieron sanos y salvos a casa

VÍDEO: Así trabajan los perros de rescate que encontraron al octogenario desaparecido en Cudillero / J.A.
Caía el amanecer cuando los ladridos de “Kenia”, una pastor belga malinois de apenas cinco años, daban la buena nueva en Cudillero: Ernesto Busto López, el octogenario desaparecido en el monte desde el lunes, estaba vivo. El can logró dar con su rastro tras olisquear un gorro y unas gafas hallados en la zona acotada por la geolocalización de su teléfono móvil. Estaba algo desorientado, pero bien. Pero no es la primera vez que "Kenia" logra algo así.
En Cudillero, el rescate no fue nada sencillo. “No era una zona buena de caminar, porque era un barranco complicado, pero para nosotros ya fue más sencillo (una vez se localizaron los objetos y se acotó la zona)”, explica Wenceslao Fernández, responsable de la Unidad Canina de Rescate del Principado, integrada por voluntarios y que es movilizada por el Servicio de Emergencias (SEPA) en los dispositivos de rastreo.
Cuando los voluntarios de la unidad canina supieron que dos bomberos del SEPA habían encontrado varios objetos decidieron trasladarse con sus vehículos particulares e iniciar la búsqueda antes de lo previsto. “El amanecer es el mejor momento porque empieza a calentar la tierra y los olores suben”, detalla Fernández.
Una vez en el área acotada, el equipo se dividió en dos, uno en la parte superior del barranco y otro en la inferior. Los perros (se utilizaron hasta seis en la búsqueda) “centraron rápido la zona” y fue el segundo grupo el que dio con López.
Segundo rescate en seis meses
“Kenia”, la perra que encontró el rastro, pertenece a Rubén Rocandio, quien lleva casi siete años como voluntario en la unidad canina. La adoptó con apenas tres meses a la Asociación SOS Malinois, aunque reconoce que “adoptar siempre es una tómbola, porque los perros ya vienen con sus cosas”.
En su caso, la experiencia no puede estar siendo mejor. Ernesto López es el segundo asturiano desaparecido que la perra ha localizado en menos de seis meses. El anterior rescate fue en Corvera, en octubre del año pasado, a un vecino de 87 años que pasó dos noches a la intemperie tras caer por un terraplén.

La unidad canina del Servicio de Emergencias que participó en el rescate de Cudillero. / Miki López / LNE
“Kenia” fue la encargada de localizar a López, pero no el único perro en participar en el rescate. “Anja”, de cinco años y propiedad de Wenceslao Fernández, y “Morgan”, de tres años y perteneciente a Jesús Gómez, también ayudaron a acotar la zona para facilitar el rescate. También participó el rescatista Pelayo Fernández.
En los últimos seis meses, la unidad canina asturiana participó en cuatro rescates. Tres de ellos acabaron con una final feliz gracias a los canes y las víctimas volvieron a casa; solo en uno de los rescates, el desaparecido fue encontrado ya sin vida.

EN IMÁGENES: Así fue el momento en el que localizaron al octogenario desaparecido en Cudillero tras caer en el monte / Sepa/ GC
Tres años de entrenamiento
La unidad canina trabaja, como mínimo, con dos perros a la vez. El perro de rastreo se encarga de intentar localizar a la víctima a través de un olor de específico, mientras que el de venteo limpia el terreno olfateando el aire. También cuentan con un perro detector de restos humanos.
El entrenamiento de estos canes dura tres años. El primer paso es “sacarle el ladrido” porque es la forma en la que se comunica con su guía para avisar de que encontró a la víctima. También le enseñan a “no acercarse y mantenerse a un metro de distancia, que sea respetuoso”.
En los siguientes meses, el perro aprende a trabajar a distancia de su dueño, seguir la dirección del viento, buscar en condiciones más complicadas (como entre escombros) y, sobre todo, obediencia. “Eso es algo que hay que trabajar un poco todos los días”, señala Jesús Gómez.
Aunque tan importante como el entrenamiento es el “binomio” que se forma entre el perro y el guía. “Es indivisible”, asegura Wenceslao Fernández. Es más, “los perros pasan unos exámenes, tienen unas capacitaciones, que si se cambia el binomio tienen que volver a pasar”. Una dupla inseparable que, en este caso, ha permitido a Ernesto Busto López volver sano y salvo a casa.
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