Formación
Cursar estudios universitarios en Perpiñán desde el Alt Empordà: solo 250 euros al año y sin selectividad
Los jóvenes de la comarca pueden acceder a becas y ayudas económicas que cubren la matrícula y el alquiler, promoviendo la igualdad de oportunidades

El alumno Santi Benítez / Sònia Fuentes
Para muchos jóvenes del Alt Empordà, estudiar en la universidad es una decisión condicionada por el precio de las matrículas y los gastos derivados de vivir fuera de casa, como el alquiler. Girona y Barcelona son las opciones más habituales, pero a menudo resultan económicamente inasumibles para muchas familias.
Lo que pocos saben es que, muy cerca de la frontera y a poco más de una hora de la comarca, existe una alternativa mucho más asequible: estudiar en Francia. Esta opción permite combinar estudios universitarios con un coste muy inferior y la oportunidad de vivir una experiencia internacional sin tener que desplazarse muy lejos.
Una experiencia internacional
El exalumno Santi Benítez, del Institut Illa de Rodes de Roses, ha visitado su antiguo centro para explicar los estudios de Filología Española que cursa en la Universidad de Perpiñán, así como otras carreras, el acceso sin tener que pasar la Selectividad, los precios y las becas disponibles. Santi es uno de los primeros jóvenes de Roses en optar por esta opción después de ocho años sin que ningún alumno de la localidad se hubiera decidido a matricularse en Perpiñán. Su objetivo es visibilizar entre los jóvenes del Alt Empordà una alternativa que considera clave para garantizar la igualdad de oportunidades. «Es una oportunidad muy grande, sobre todo a escala económica, porque en Francia es el Estado quien subvenciona los grados universitarios. Yo pago 250 euros al año de estudios, y con la beca directamente no pago nada», explica.
El coste de estudiar es simbólico y el alquiler asequible
A diferencia del sistema catalán, en Francia el coste universitario es simbólico. Santi está en tercer curso y concreta que el año académico le cuesta 250 euros anuales, destinados al mantenimiento de la universidad, y que con una beca queda exento de cualquier pago. Además, recibe una beca mensual de unos 520 euros durante diez meses, cantidad que le permite cubrir el alquiler e incluso ahorrar. «Con la beca me pago el alquiler y todavía me sobra dinero», comenta, aunque aparte hay una ayuda del Estado francés que paga directamente la mitad del alquiler. «En la ciudad francesa, el alquiler es asequible, una realidad que contrasta con los costes de la vivienda de un piso en Girona o Barcelona, donde puede superar fácilmente los 500 euros por persona». También las residencias son más asequibles como opción para los estudiantes, asegura.
Contrato de estudiante
En Perpiñán, Santi comparte un piso de 78 metros cuadrados con un amigo, pagando 600 euros en total, es decir, unos 365 euros por persona con gastos incluidos. «Un piso de 75 metros cuadrados en Girona o Barcelona sería inasumible», asegura. Otra diferencia significativa es el acceso a los estudios: en Francia no hace falta hacer la Selectividad; solo es necesario acreditar el bachillerato y un nivel mínimo de francés. «Aunque hagas el bachillerato normal, tienes la misma opción de estudiar en Francia», comenta Santi.
Para carreras de letras, como español o catalán, «un nivel B1 de francés es suficiente», hecho que abre la puerta a alumnos que no han cursado Batxibac. Además, Francia permite compaginar los estudios con un contrato de estudiante, y algunos trabajan solo los fines de semana ganando entre 200 y 300 euros adicionales al mes».
El joven también menciona la oferta deportiva y cultural gratuita de la universidad, que incluye actividades deportivas, salidas a la nieve a bajo coste, entradas reducidas a partidos y una vida universitaria activa y enriquecedora. Todo ello contribuye a que la experiencia universitaria sea un periodo completo y motivador, en el que los estudiantes pueden continuar con su práctica deportiva mientras cursan los estudios superiores, como es su caso.
Desconocimiento del sistema
El exalumno de Roses, de 20 años, subraya que uno de los principales problemas es la falta de información: «Es fácil convencer a los alumnos, pero no tanto a las familias. Muchas tienen miedo porque no conocen el sistema». Por eso, ha empezado a hacer charlas en los institutos de Roses para explicar la opción a los alumnos y a sus familias, ofreciendo consejos prácticos sobre pisos, transporte, trámites, supermercados y adaptación a la vida en Francia. «No es vender la moto de una universidad, es explicar una oportunidad real», añade. Para muchos estudiantes, irse a Perpiñán no implica estar más lejos que ir a Girona o Barcelona. La diferencia está en el país, la lengua y la cultura, pero también en la oportunidad de vivir una experiencia internacional sin que la economía sea un obstáculo. «Hay familias que no pueden asumir los costes aquí. La opción de Perpiñán es una oportunidad muy grande», concluye Santi.
Batxibac, una puerta abierta a la universidad francesa
Desde el centro Illa de Rodes de Roses se apunta que el Batxibac es una puerta directa a la universidad francesa y otra alternativa para los jóvenes del Alt Empordà. La coordinadora del Batxibac, Graziella Berto, destaca que la proximidad con Francia hace especialmente útil tener un buen nivel de francés, tanto por motivos académicos como laborales. «Vivimos al lado de Francia y es importante que los alumnos hablen bien el francés y tengan un buen nivel», comenta.
El instituto es centro Batxibac desde hace más de diez años, un programa que permite obtener doble titulación: el Bachillerato español y el Baccalauréat francés, lo que abre el acceso directo a universidades francesas. Municipios como La Jonquera, Llançà y Figueres también disponen de centros con esta opción. Los alumnos salen con un nivel B2 de francés, requisito que a menudo se pide al final de una carrera universitaria, pero que estos estudiantes ya tienen desde el primer día. «Esto les da ventaja para pedir becas Erasmus y abre muchas puertas», señala Berto.
Por último, la diferencia económica entre estudiar en Catalunya y en Francia es notable. «Aquí se habla de matrículas de 2.000 o 3.000 euros, mientras que en Francia los precios son completamente diferentes», explica. El instituto de Roses también pone énfasis en la calidad de la atención al alumnado, con grupos pequeños de 5 a 7 estudiantes por clase, lo que permite un seguimiento muy individualizado.
Según la profesora, muchos alumnos que han ido a estudiar fuera han encontrado oportunidades laborales interesantes y no han vuelto, con carreras consolidadas en Francia y otros países. «Tenemos alumnos trabajando en París y en otros sitios, se les han abierto muchas puertas», concluye. Las personas interesadas en conocer el centro y su oferta pueden asistir a la jornada de puertas abiertas el 17 de marzo a las siete de la tarde.
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