En Barcelona
Carmen vuelve a respirar gracias a un piso de emergencia social en Barcelona: "Ha sido mi regalo de Reyes"
Tras tres años malviviendo en un local, esta peluquera de profesión ha podido acceder a una vivienda en el Raval a través de la Mesa de Emergencia municipal
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Carmen Bianchi, en el recibidor de su nuevo piso de emergencia en Barcelona / Jordi Otix / EPC

Carmen Bianchi es peluquera, aunque desde hace tiempo no encuentra trabajo, pero definirla por su profesión no le hace justicia. Hace pintura, fotografía, actúa y hasta dirige películas. "El año pasado gané el segundo premio con un cortometraje que se llama 'Cuando se acaben los aplausos'", explica esta mujer de origen venezolano. "Tengo muchos cortometrajes que están enfocados en cosas que yo he vivido... No lo voy a negar, he pasado momentos bastante difíciles", narra Bianchi.

Carmen Bianchi mira por la ventana de su nuevo piso / Jordi Otix / EPC
Y es que hace poco más de tres años, esta mujer y todas sus mascotas –cuatro gatos y dos perros– sufrieron un desahucio. "No tenía recursos económicos para pagar la casa, me quedé sin documentación habiéndola tenido y todo empezó a ser un bucle", recuerda. Le ha costado tres años y un diagnóstico de ansiedad y depresión, pero Bianchi ha podido reponerse, y el pasado 5 de enero pudo entrar por primera vez en el piso de emergencia que la ha procurado el Ayuntamiento de Barcelona. "Fue mi regalo de Reyes", celebra.
Hasta que entró en el piso, Bianchi vivía en un local de 10 metros cuadrados sin ventilación ni cédula de habitabilidad
Hasta entonces, y desde que la expulsaron de su anterior residencia, había pasado una breve temporada en un piso de transición, y más tarde consiguió costearse un local de 10 metros cuadrados. "No tenía ventilación, ni cédula de habitabilidad y tuve que tirar los muebles que tenía en mi casa", lamenta Bianchi, que también recuerda que sus mascotas tenían muy poco espacio para vivir. "Pero bueno, ellos conmigo y yo con ellos, eso es lo importante", asegura.
"Esto ha sido una caída muy dura, pero hay que levantarse, sacudirse las rodillas y seguir"
En ese tiempo, Bianchi tuvo que hacer frente, además, a problemas burocráticos. Sus permisos de residencia y trabajo en España caducaron poco antes de ser desahuciada, algo que le impidió solicitar un piso de emergencia durante un tiempo. "Ahora por suerte tengo mi DNI", celebra. "En cuanto mi documentación salió, se activó de nuevo mi petición de un piso de emergencia, y pasó un tiempo, pero llegó un momento en que las cosas empezaron a salir, y esto lo considero una gran victoria", asegura.
Desesperación y vergüenza
Aún así, el proceso de verse privada de una vivienda no fue nada fácil para Bianchi. "Fue un momento bastante duro: desesperación, incertidumbre, dolor... y también vergüenza. Al final la gente te juzga", recuerda la mujer.

Carmen Bianchi, junto a sus mascotas en la cocina / Jordi Otix / EPC
Quién empezó a sacarla de ese pozo en el que cayó fue Francesc, un trabajador social de los Servicios Sociales de Barcelona. "Ha sido un gran aliado, un gran colaborador y un amigo. Siempre se ha mostrado comprensivo y ha sido sensible con mi familia peluda. Hay gente que no lo entiende, pero él sí", asegura.
Los beneficiarios de un piso de emergencias pagan de alquiler un porcentaje de lo que ingresan y firman contratos de hasta siete años
Ahora, sus cuatro gatos y sus dos perros campan a sus anchas por su nuevo piso en una tercera planta de un bloque en el barrio del Raval. El piso cuenta con dos habitaciones, además de un comedor y, por supuesto, cocina y baño. Vive con la tranquilidad de saber que su contrato de alquiler estará vigente los próximos siete años, y que es renovable. Además, estos pisos de emergencia cuentan con un sistema de pago adaptado a los ingresos de sus inquilinos. "Pago un porcentaje de acuerdo a lo que yo voy ganando", explica Bianchi, que aclara que los suministros como la luz, el gas y el agua también corren de su cuenta. "Es muy considerado", resume.
Aún así, "la idea siempre es superarse, conseguir un trabajo y tirar para adelante", asegura Bianchi. "Esto ha sido una caída muy dura, pero eso no quiere decir que uno se quede en el suelo. Hay que levantarse, sacudirse las rodillas y seguir", resume Bianchi de su periplo hasta encontrarse con el piso.

Carmen Bianchi, en su nueva cama / Jordi Otix / EPC
Ahora, mientras acaba de amueblar y de disponer a su gusto su nuevo hogar, da rienda suelta a sus pasiones. En los pocos estantes que tiene en su salón, guarda las bolsas y abalorios decorados con sus propios dibujos. En la pared, cuelga un cuadro que ella mismo ha pintado de uno de sus gatos y en su balcón destacan las plantas que ha salvado de la calle y que ahora se ocupa de cuidar. En una sola palabra, su nuevo piso le ha permitido "respirar".
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