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'Bluetoothing', drogarse con sangre de otros: "Tenía el mono y no me importaba"

Un drogadicto se inyecta heroína en el centro de Karachi, Pakistán.

Un drogadicto se inyecta heroína en el centro de Karachi, Pakistán. / AP/Shakeel Adil

Marta López

Marta López

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Pensar en las Fiyi o en Tonga nos lleva a aguas cristalinas, arrecifes de coral, arenas blancas… a un paraíso terrenal perdido en el océano Pacífico, una posición que sin embargo sitúa estas islas en una ruta crucial para el narcotráfico, tanto el que procede de América Latina como el de Asia, un fenómeno por el que ya han expresado su preocupación tanto la ONU como las autoridades locales porque tiene un gran impacto en el consumo de drogas entre la población local, que ha aumentado a niveles que la organización independiente Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GI-TOC) califica de “epidemia”. Un consumo que lleva aparejado otras consecuencias, como el aumento de la delincuencia y un alarmante crecimiento de las infecciones por VIH (virus de la inmunoficiencia humana) debido al uso de jeringuillas compartidas y a una peligrosa tendencia que se está extendiendo en entornos marginales de otras zonas del mundo: el ‘bluetoothing’: inyectarse sangre de otros consumidores para obtener el mismo colocón, un “colocón secundario”, como lo han bautizado algunos expertos.

Para practicar ‘bluetoothing’, un primer consumidor se inyecta una droga como heroína o metanfetamina. Luego, la sangre de esa persona —ya mezclada con la droga— se inyecta en otro consumidor, con la esperanza de colocarse con la misma dosis, de forma más barata. Dos al precio de uno. No se conoce la dimensión del fenómeno a nivel mundial pero sí se sabe que está extendido a algunos países africanos y ha merecido ya la atención de medios internacionales como los diarios ‘The New York Times’ ‘The Guardian’, las cadenas de televisión británicas Sky News y BBC o la australiana ABC, entre otros, y de investigadores y autoridades sanitarias mundiales por el altísimo potencial que tiene en la propagación de enfermedades como el sida o la hepatitis.

Entre otras fuentes, el New York Times cita a un profesor de Medicina la Universidad de Emory, en Atlanta, Brian Zanoni, que calificó la práctica como «de altísimo riesgo». “Por cada gota de sangre de una persona con VIH, hay decenas de miles de partículas a las que se está expuesto», sostiene este especialista que ha trabajado en terapias antirretrovirales en África.

Una de las epidemias de mayor crecimiento

Esta práctica ha ayudado a impulsar una de las epidemias de VIH de más rápido crecimiento en Fiyi. En las islas del Pacífico, las autoridades identifican el ‘bluetoothing’ como uno de los factores detrás de una alarmante espiral de aumento de infecciones por VIH, que se han multiplicado por 10 entre 2014 y 2024, según UNAIDS, el programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH y el sida. El aumento de casos se centra entre personas de entre 15 y 34 años.

«Somos víctimas de nuestra ubicación geográfica», explicó en declaraciones a la agencia France Presse el responsable de la policía de la isla de Tonga, Shane McLennan, para explicar como se ha disparado el país el consumo de metanfetaminas. Esta droga es descargada de los buques procedentes de los laboratorios del sureste asiático para ser enviada a otros mercados. La otra ruta es la de la cocaína, procedente de América Latina.

Pero más allá de esta circunstancia, la práctica de de compartir sangre se ha extendido a otros países africanos. “En contextos de pobreza extrema, es un método barato para drogarse con muchas consecuencias», afirma Brian Zanoni al NYT, añadiendo: «Básicamente se obtienen dos dosis por el precio de una».

En Sudáfrica, en los barrios marginales de las afueras de Johanesburgo, el corresponsal de la televisión Sky News pudo comprobar como esta práctica es común entre los consumidores de una sustancia llamada de nyaope, un cóctel de heroína, medicamentos antirretrovirales e incluso vidrio triturado muy adictivo, por lo que sus víctimas hacen cualquier cosa por conseguirlo, como vender o compartir su sangre. "Yo mismo lo utilicé, era consciente de los riesgos, pero como tenía el mono no me importaba", contaba Thulani, un joven que seguía un programa de rehabilitación en Pretoria.

También en Lesotho, Zimbabue o Tanzania, países que como Suráfrica, se encuentran entre los que tienen mayor prevalencia del VIH en el mundo, prolifera esta práctica que alarma a sus autoridades. Ya no es solo la transimisón de enfermedades. "Puede provocar ataques al sistema inmunológico y una coagulación sanguínea severa, lo que puede causar el colapso del sistema circulatorio, el fallo de los órganos y la muerte", advierte la doctora Jackie Thomson, del Servicio Nacional de Sangre Sudafricano (SANBS). En algunas regiones de Sudáfrica donde el ‘bluetoothing’ está extendido, los investigadores han encontrado personas que padecen varias infecciones a la vez: VIH, hepatitis e infecciones bacterianas.

Aunque esa forma de drogarse parece circunscrita por ahora a entornos marginales de países pobres, las autoridades sanitarias mundiales están en alerta. El Consejo Americano de las Ciencias y la Salud (ACSH, por sus siglas en inglés) ha llamado la atención sobre esta práctica de alto riesgo, que además califica de “peligrosa e ineficaz” para colocarse: “El virus puede producir millones de virus descendientes, pero con las drogas ocurre lo contrario: mientras los niveles virales aumentan, los niveles de la droga disminuyen en sangre.”

Por su parte Catherine Cook, directora ejecutiva de Harm Reduction International, una organización con sede en Reino Unido ha dicho: «Es una llamada de atención para los sistemas de salud y los gobiernos: la velocidad con la que se puede llegar a un aumento masivo de infecciones debido a la eficiencia de la transmisión».

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