Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Adrenalina y tragedia

Armando del Rey, 55 años, el superviviente de la tribu del salto base de 'La fiera': "Volar juntos era lo más parecido a estar en el paraíso, mirar a los lados y ver a tus mejores amigos"

El paracaidista madrileño fue precursor de esta modalidad junto a Manolo Chana, el catalán Álvaro Bultó, el chef Darío Barrio y Carlos Suárez: todos murieron cuando saltaban con traje de alas

"Lo que le ha ocurrido a este grupo ha sido una estadística devastadora que es irreal, es como una maldición", asegura Armando en un encuentro con EL PERIÓDICO

Saltar al vacío para "celebrar la vida" y perder a cuatro amigos haciéndolo: 'La fiera' relata la desdicha de la pandilla de Darío Barrio

Armando del Rey (izq), el único superviviento de la tribu maldita del salto base, junto al actor Miguel Bernardeu, que hace de él en la película 'La Fiera'.

Armando del Rey (izq), el único superviviento de la tribu maldita del salto base, junto al actor Miguel Bernardeu, que hace de él en la película 'La Fiera'. / NICO DE ASSAS

Roberto Bécares

Roberto Bécares

Madrid
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

El pasado 1 de abril Armando del Rey y Carlos Suárez volvieron a saltar al vacío juntos. Lo habían hecho cientos de veces. Miles. En diferentes lugares del planeta (Groenlandia, Pakistán, Venezuela...). Desde riscos, edificios, avionetas... ¡Set, ready, go! Y ese vértigo al caer, el estómago dado la vuelta al sentirse volar, la brutal fricción con el viento. Aquel día el salto era desde un globo aeroestático. Quizá uno de los más emotivos que nunca habían hecho. Eran los últimos preparativos de la película que iba a rendir homenaje a sus tres amigos muertos haciendo precisamente salto base con traje de alas: Manolo Chana, Álvaro Bultó y Darío Barrio.

126316123

El aeródromo de Lillo (Toledo) era una estafeta de emociones, de cariño, de recuerdos. Pero el paracaídas de Carlos no se abrió. El conocido deportista y alpinista falleció en el acto. Tenía 52 años. Era la cuarta muerte en el grupo. "La salida que hizo fue perfecta, iba volando muy bien", recuerda Armando en uno de los salones del Corral de la Morería, en Madrid, el único restaurante del mundo con espectáculo -es un templo del flamenco- que tiene estrella Michelin y que gestiona junto a su hermano. Una válvula de escape cuando todo fuera se rompe. Un refugio.

El paracaidista Armando del Rey, durante un salto con traje de alas desde un avioneta en Ampuria Brava

El paracaidista Armando del Rey, durante un salto con traje de alas desde un avioneta en Ampuria Brava / FOTOGRAFÍA CEDIDA

"Estoy convencido de que tuvo una pérdida de conocimiento. Es algo que te ocurre una vez entre un millón... entre dos millones", lamenta Armando con ese hablar pausado que le caracteriza, reflexivo mientras observa tu reacción, y que tan bien dibuja el actor Miguel Bernardeu en 'La Fiera', la película que se estrena este viernes y que relata la amistad forjada en el aire, inquebrantable, de estos cinco tipos amantes del riesgo. Una tribu única, excepcional, cuya pasión pocos (o más bien casi nadie) alcanzan a comprender: "Sólo lo entienden los que están un poco metidos en el entorno o gente con el mismo perfil".

Armando del Rey, Carlos Suárez y Darío Barrio, en la primera época tras conocerse practicando paracaidismo.

Armando del Rey, Carlos Suárez y Darío Barrio, en la primera época tras conocerse practicando paracaidismo. / DARÍO RODRÍGUEZ / DESNIVEL

Todo empezó con el chef Darío Barrio y Armando conociéndose a mediados de los años 90 haciendo paracaidismo. Luego llegaron Bultó, Chana y Carlos. Después vendría el salto base, una modalidad consistente en saltar desde un objetivo fijo. Y años más tarde saltar con el wingsuit, un traje que incorpora membranas a modo de alas y que te permite planear como un ave, llegando a rondar los 250 km/h. El grupo creció como una piña, tejiendo vínculos para siempre. La emoción de los preparativos, los viajes a veces imposibles y siempre imborrables, adrenalina, confidencias. No eran amigos, eran otra cosa.

"Volar con ellos era lo más cercano a estar en el paraíso. Tú imagínate que vas volando, miras a la derecha y ves a uno a uno a tus mejores amigos. Era como si fuéramos Capitán América, Superman, Batman...",

Armando del Rey

— Paracaidista

"Volar con ellos era lo más cercano a estar en el paraíso. Tú imagínate que vas volando, miras a la derecha y ves a uno a uno a tus mejores amigos. Era como si fuéramos Capitán América, Superman, Batman...", enumera Armando, que fue campeón del mundo de saltos de BMX en 1996.

Armando el Rey, Darío Barrio y Álvaro Bultó, en un salto homenaje a Manolo Chana en la catarata más alta del mundo, en Venezuela.

Armando el Rey, Darío Barrio y Álvaro Bultó, en un salto homenaje a Manolo Chana en la catarata más alta del mundo, en Venezuela, en 2011. / FOTOGRAFÍA CEDIDA

250 saltos en un año bueno

La gran pregunta que muchas veces le hacen es qué les movía, por qué estaban tan enganchados [en un año bueno podían sumar más de 250 saltos]. La respuesta siempre nace de las entrañas, del corazón. "Es que es una actividad que a nivel sensación es lo más desbordante que te puedas echar en el cuerpo. Volar con un traje de nylon a 250 kilómetros por hora... es una barbaridad si lo piensas. Es irreal", dice Armando.

Aquellos viajes irrepetibles empezaron a tener bajas el 14 de marzo de 2010, cuando Chana, hostelero, falleció al abrirse mal el paracaídas tras un salto desde una avioneta, precisamente en el aeródromo de Lillo (Toledo). Tenía 45 años. Para el grupo fue un shock, pero al día siguiente, con lágrimas en los ojos, sus amigos volvieron a saltar [desde un molino de viento], usando el casco de Chana. Un ritual que se repetiría más adelante cuando sumaron nuevas ausencias.

Chana era una de las almas del grupo. A Barrio, ya de entonces muy conocido por el gran público por sus apariciones televisivas -su restaurante Dassa Bassa estaba pegando fuerte en Madrid-, se le rompía el alma cuando alguien le recordaba. "Manolito era mi hermano", decía entre sollozos. "Joder, es que Chana era excepcional, qué tipo más majo", rememora Armando, que le acompañó en 2008 cuando se coló, vestido de obrero, en el recinto en obras de la Torre de Cristal, una de las Cuatro Torres, para encaramarse al esqueleto del edificio y saltar al vacío. Armando lo grabó desde la acera de La Castellana. Esas imágenes abrirían los informativos de todas las cadenas de televisión españolas semanas después. Pero apenas un puñado de personas sabía quién había sido. Su leyenda aumentaba.

Un homenaje en Venezuela

Un año después de morir Chana, sus otros cuatro amigos viajaron hasta el Salto del Ángel, en Venezuela, la cascada de agua más alta del mundo (980 metros). Seis horas de ascenso atrochando entre maleza y desafiando al barro, usando arneses para no resbalarse. En las mochilas llevaban la foto de Chana. "Es que su ilusión era ir allí", razona Armando.

"Nosotros para sentirnos vivos es lo que hacíamos. Cuando estábamos tiempo sin saltar, nos comían los demonios"

Armando del Rey

— Paracaidista

En 2013, en Los Alpes Suizos, otra tragedia sacudió al grupo. Álvaro Bulto falleció mientras volaba con su 'wingsuit' desde un talud. Se acercó demasiado a la pared, hizo un giro demasiado brusco y picó, como un avión que entra en barrena, algo que es muy raro que ocurra. Pese a las advertencias de su entorno, de sus familias, el resto siguió saltando. Era su forma de respirar, de "celebrar la vida": "Nosotros para sentirnos vivos es lo que hacíamos. Cuando estábamos tiempo sin saltar, nos comían los demonios".

Alvaro Bultó, Santi y Toni, "los catalanes", durante un salto base sobre Barcelona.

Alvaro Bultó, Santi y Toni, "los catalanes", durante un salto con traje de alas sobre Barcelona. / FOTOGRAFÍA CEDIDA

En junio de 2014, Armando, Barrio y otros compañeros saltaron desde un paramotor a unos 900 metros sobre el castillo de Segura de la Sierra (Jaén) para rendir homenaje a Bultó. Barrio calculó mal en su 'proximity', se "tiró muy lejos" y cuando quiso abrir el paracaídas ya era tarde. Fue un mazazo. El tercer amigo que ya no iba a compartir con ellos el cielo. "Tardé un año en volver a saltar", admite Armando mientras apura una taza de té y, aunque son las siete de la tarde, comienza a colarse entre los cortinajes el bullicio de las primeras mesas del turno de la cena.

En apenas cuatro años tres de sus mejores amigos habían pasado a estar en la temida fatality list, una página web donde se detallan los nombres y circunstancias en los que fallecen los saltadores de salto base a lo largo de todo el mundo. "Es superimportante saber qué accidentes hay y por qué para aprender. Qué experiencia tenían, qué condiciones meteorológicas había, si el saltador había hecho trekking antes, hiking... todo eso influye", dice Armando, que asegura que, aunque el porcentaje de accidentes ha "bajado muchísimo", este año "ha sido terrible": "Los trajes de ahora vuelan muchísimo más. Todo está muy medido. Son diseños hechos por ingenieros, pero la gente cada vez se mete en más complicaciones".

Carlos Suárez volando con el traje de alas en una imagen tomada en vuelo por Armando del Rey.

Carlos Suárez volando con el traje de alas en una imagen tomada en vuelo por Armando del Rey. / CEDIDA

Siguieron los saltos, aunque igual no con tanta intensidad. Carlos se centró en la escalada. Armando, que este año cumple 56 años, en el surf. Y, cuando este 2025 llegó el momento de mirar por el retrovisor, recordar a los que no estaban, el mazazo de Carlos en el rodaje.

- Fue terrible, es la que más me ha machacado porque no te la esperas. Estamos haciendo algo de la manera más segura que existe en el planeta para hacer un salto de paracaidismo...y ocurre esto. La estadística dice que en tu entorno, pues sí, vas a tener accidentes, dependiendo del tiempo tiempo que lleves, pero lo que nos ha ocurrido a este grupo ha sido una estadística devastadora que no es irreal, ¿sabes? Al final es que es como una maldición.

Llega un momento de la conversación que se plantea sobre la mesa el por qué él sigue aquí, pese a tener "sustos" gordos. "Es verdad que Manuel y Darío, por ejemplo, saltaban más que yo, porque yo tenía una gran absorción en el Corral. A veces pienso que a lo mejor esto también hizo que esté aquí, estar menos expuesto al riesgo... y luego es cierto que en los saltos he sido la parte más segura y equilibrada de todos. Siempre he mirado mucho el plan B", cuenta Armando, que después de darse una pateada por el monte de cuatro horas para saltar no le importaba bajarse andando si no lo veía claro por el viento.

¿Y cómo has superado todas esas pérdidas, tus mejores amigos?

Yo qué sé... Supongo que cuando no hay más, cuando no tienes otra alternativa, otra salida, el cerebro, inconscientemente, te dice, bueno, "hay que seguir, para adelante". Es que no puedes hacer nada, ¿qué vas a hacer? Y si en general eres feliz en tu vida, pues te ayuda. No es lo mismo que te pase una desgracia siendo un desgraciado que te pase siendo una persona feliz. Es lo que marca la diferencia. Y luego sí es cierto que yo tengo una capacidad de pasar página relativamente rápido, y lo que te va pasando te curte, lógicamente.

Darío Barrio (a la izq.) observa a uno de sus amigos saltando al vacío.

Darío Barrio (a la izq.) observa a Armando del Rey al inicio de un salto base en Riglos en 2013. / CEDIDA

¿Y vas a volver a saltar, o lo tienes totalmente descartado?

A ver, a mí siempre me entran ganas de saltar, ¿no? Es que es lo que soy, sabes, aunque si que es cierto que creo que se ha cumplido un ciclo ya...pero a mí me gustaría dejar de saltar sabiendo que dejo de saltar. El último, o el penúltimo salto con todos mis amigos que tengo ahora que saltan, con los especialistas que ha habido en la película, que son increíbles, Dani Román, Danilo, Daniel Hernán, Alberto Molano, Ernesto Gainza... Saltar haciendo una formación y despedirnos, eso sería la hostia, por ejemplo. Y entonces ahí también el cerebro igual dice "click", ¿no? O igual aterrizo y digo, "hostia, esto no lo dejo ni de coña".

Suscríbete para seguir leyendo