Responsable del programa Pantallas
Miguel Mamajón, psiquiatra: "Los adolescentes ya hablan de sus problemas con avatares de IA y pueden recibir malos consejos"
Responsable del programa Pantallas en el Hospital Marqués de Valdecilla, el médico advierte de que los jóvenes están sustituyendo amistades reales por avatares de inteligencia artificial
Más de la mitad de los menores con problemas derivados de las pantallas no reciben atención psicológica

El psiquiatra infantil del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander Miguel Mamaón. / Román G. Aguilera / Efe

El psiquiatra infantil Miguel Mamajón está a cargo del programa Pantallas, puesto en marcha hace meses en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (Santander). Se trata de una unidad médica especializada para atender a niños y jóvenes con problemas desencadenados por el abuso de dispositivos. Está abierto a todas las edades, desde los 3 años hasta los 18, aunque los pacientes mayoritarios son adolescentes.
–¿Por qué puso en marcha el programa Pantallas?
–Por un intento de dar respuesta a la demanda creciente que, en consulta, nos hacían muchas familias. Los chavales tienen cada vez más problemas emocionales que pueden guardar relación directa con el consumo que hacen de los dispositivos.
–¿Por ejemplo?
–Estamos viendo un riesgo, algo que muchos expertos vaticinaron. Lo que está ocurriendo con los adolescentes es lo siguiente: usan aplicaciones y webs donde la IA opera a través de avatares y mantienen con ellos un diálogo aparentemente normal. Los chavales ya no hacen consultas típicas sobre un dato histórico o geográfico, sino que consultan problemas y toman de decisiones. Necesitan cierta validación y los avatares de IA se la dan, les cubren también esas necesidades emocionales. El adolescente busca un acompañante y los avatares de IA están ahí siempre, en su bolsillo. No se sienten solos. El peligro es que el adolescente haga consultas de determinados malestares psicológicos y, en lugar de pedir ayuda a profesionales, estos avatares den consejos inadecuados.
"Debemos enseñar a los jóvenes consumir información, detectar bulos y desarrollar pensamiento crítico. Aquí, la escuela juega un papel importante"
–En la adolescencia, los vínculos con la familia y sus iguales son un escudo protector frente a intentos de suicidio, conductas autolesivas y soledad. Un ‘amigo’ virtual no se puede comparar a amigos de verdad en el instituto.
–El problema que estamos detectando es que la IA es cada vez más sofisticada y perfecta y puede desarrollar con el adolescente una falsa empatía cada vez más cercana a la realidad.
–¿Cuál es el principal riesgo?
–Dificulta que los jóvenes pidan ayuda a profesionales que, de verdad, saben de salud mental. Por ejemplo, un chico de 14 años le dice a un avatar de IA: "Me siento vacío". Y el avatar le dirá que es común y que haga ejercicios de respiración. Un terapeuta, sin embargo, indagará y querrá entender qué significa estar vacío.
–E intentará cambiar la conducta problemática.
–Eso es. La IA, a día de hoy, no tiene esa capacidad. Nunca debería sustituir a un terapeuta. Pero estamos viendo que muchos adolescentes no son conscientes. 'The Lancet' publicó que hasta un 30% de los chavales que habían consultado a los avatares de IA consideraban que eran más proclives a seguir preguntando dudas a la IA. Estos jóvenes tienen un problema y, en lugar de acudir a su madre o a un amigo, van a la IA. Un amigo es infinitamente más útil que la IA, pero a la IA la tenemos en el bolsillo. Lo que ocurrirá es que los chavales con habilidades sociales empobrecidas perderán el interés por relacionarse con sus iguales.
"En la adolescencia, un tiempo excesivo de redes sociales está relacionado con problemas emocionales, trastornos alimentarios, depresión, ansiedad y bullying"
–Las familias también debemos actuar.
–La IA está desbancando a las redes sociales. Toca informarnos sobre IA, pero partimos con una ventaja: ya hemos aprendido la lección de las redes sociales, cuyos efectos negativos los descubrimos más tarde. Ahora estamos más prevenidos.
–¿Qué hay que hacer con las redes sociales?
–Lo primero, regular. Está claro, hay que legislar. Hay un anteproyecto de ley que no sabemos dónde está, pero está. Necesitamos verificadores de edad más potentes y fiables. También hace falta mejorar la transparencia y la ética de los algoritmos y de la IA, que en estos ámbitos tienen muchas fisuras. Desde edades tempranas, debemos enseñar a los jóvenes a consumir información, detectar bulos y desarrollar pensamiento crítico. Aquí juegan un papel importante los colegios y los institutos.
–En su consulta hay chavales que pasan 7 u 8 horas diarias con su móvil o tableta, aunque los hay que están hasta 11 horas. ¿Qué les diría a todas esas madres y padres que piensan que son casos extremos y que a ellos no les va a pasar?
–Les invitaría a que detectaran cualquier señal de alarma. Por ejemplo, cambios de conducta repentinos y significativos, falta de sueño, bajada de rendimiento académico, discusiones, irritabilidad... Yo también soy padre y siempre recomiendo lo mismo: restringir, acompañar y educar. Restringir a través del control parental y los límites de tiempo. Acompañar significa mostrar interés hacia lo que consumen tus hijos, debatir con ellos sobre redes sociales y noticias. Y educar en el respeto y la empatía.
–El abuso tarda en detectarse porque son hábitos normalizados, al contrario de lo que pasa con otro problema que sí genera rechazo social, las drogas. Está bien visto que seamos padres muy ocupados y estemos siempre pegados al móvil.
–Es el ritmo acelerado que nos impone la vida, pero también hay falsas creencias sobre la productividad y esa velocidad. Menuda leyenda. No podemos estar conectados todo el rato y estar permanentemente visibles y respondiendo 'e-mails'. No es verdad que así seamos más útiles. Necesitamos tiempo para reflexionar y para compartir con hijos. Seguro que así nos sentimos mejor y somos más productivos.
–¿A qué nos arriesgamos si no ponemos coto al abuso de pantallas?
–En la adolescencia, un tiempo excesivo de pantallas, y más concretamente de redes sociales, está relacionado con problemas emocionales y trastornos de conducta alimentaria. También depresión, ansiedad y riesgo de 'bullying'.
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