"Las casas situadas cerca del gigantesco desprendimiento de Ribadesella corren mucho peligro", alertan los geólogos
Los expertos aseguran que seguirá habiendo desprendimientos, pero señalan que resulta "imposible" saber si el próximo gran deslizamiento ocurrirá "dentro de un año o dentro de trescientos"

David Bode

Las casas situadas en las inmediaciones del gigantesco desprendimiento (argayo) registrado en los acantilados del monte Corberu, en Ribadesella, corren "mucho peligro". "Con total seguridad", seguirá habiendo desprendimientos en el futuro y el mar continuará "comiendo" el acantilado, como ocurre desde hace siglos. Lo que resulta imposible de predecir es si el próximo gran argayo, que podría llegar a afectar a las viviendas de la zona, se producirá "dentro de un año o dentro de trescientos". Es el resumen de las apreciaciones de varios geólogos con los que ha hablado este periódico.
El geólogo José Antonio Sáenz de Santa María Benedet, vicepresidente de la Plataforma Tecnológica de Túneles Pajares (PTTP), es meridianamente claro: "Las casas corren mucho peligro". Explica que se trata de "una dinámica natural", de "un deslizamiento plano de los estratos", que habría que estudiar. Destaca que resulta "muy difícil estabilizar deslizamiento planos" como el de Ribadesella. "Debería bulonarse toda la superficie, pero creo que sería mejor comprarle otra casa a las personas que viven ahí. El problema es muy serio", señala Sáenz de Santa María.
El caso del Huerna
La enorme altura del acantilado y su gran pendiente hacen que sea "muy complicada" cualquier tarea para estabilizar el terreno, comenta Sáenz de Santa María. "Habría que acceder abajo con maquinaria, limpiar el montón de piedras caído... un lío espectacular", indica el geólogo, que compara la situación con el gran argayo registrado junto a la autopista del Huerna: "Allí llevan un año y están todavía estabilizando. Si debajo hubiera un ferrocarril o una autovía, se podría llegar abajo y hacer algo", pero en este caso... En su opinión, la Administración debería advertir de la situación a los propietarios de las casas y ver si puede mejorar su seguridad", añade.

Vista cenital del argayo registrado en el monte Corberu de Ribadesella. / David Bode
Santiago González Nistal, geólogo consultor, conoce bien la zona, porque tiene casa en Ribadesella y lleva "muchos años" paseando por la zona de la ermita de La Guía. Precisamente lo ocurrido con esta capilla es el mejor ejemplo de lo que ocurrirá en el futuro en esa zona. El templo está al final del monte Corberu y hoy es "un tercio de lo que fue", porque en el siglo XVIII hubo un gran argayo que se llevó la que existía entonces, y se construyó la actual, mucho más pequeña. "O sea, ya pasó antes", apunta.
"Está claro que hay peligro"
Así que las casas "corren peligro", destaca el geólogo, que relata que entre los riosellanos se comenta a menudo "cómo se habrá permitido construir viviendas en esa zona". Indica que, a título particular, él no viviría en esas casas, "y no soy cobarde". Ahora bien, reconoce que evaluarlo en el tiempo es "imposible": "Lo que pasó hace trescientos años puede volver a pasar, pero no se puede saber si será dentro de un año o de otros trescientos".
González Nistal explica que la ladera del monte Corberu está siendo azotada "continuamente" por el mar, "cada día", y las olas la van minando". Así que "se va a seguir yendo abajo, como ha hecho en los últimos siglos", dice. Además, los estratos o capas tienen en esa zona "una inclinación muy fuerte", lo que favorece los argayos. Comenta que las viviendas ubicadas en el lado de la ría (al otro lado del monte Corberu) son "más seguras. No van a caer hacia la ría", porque los estratos "resbalan hacia el mar".
"La tormenta perfecta"
María José Domínguez Cuesta, profesora titular de Geología en la Universidad de Oviedo, prefirió aguardar a una próxima visita que hará al monte Corberu para manifestarse sobre la estabilidad en la zona en la que se asientan las viviendas más cercanas al argayo. Sí indicó que las capas geológicas están en esa zona inclinadas, y que a favor de esa inclinación se ha producido el desprendimiento.
¿Por qué se registran tantos argayos en Asturias? Según Domínguez, suele ser por un conjunto de razones interrelacionadas, como las fuertes pendientes de los acantilados, que además presentan mucha altura en algunos casos, las precipitaciones, el oleaje y los temporales de mar. Todos esos factores, en conjunto, conforman "la tormenta perfecta", señaló la geóloga.
Domínguez, una de las grandes especialistas en desprendimientos de Asturias, participa desde 2018 en proyectos de la Universidad de Oviedo sobre argayos, primero en el denominado COSINES sobre el retroceso de la costa cantábrica, y desde 2022 en RETROCLIFF, continuación de aquel, que se está centrando principalmente en la actualidad en la zona del faro de Tazones, Luarca y Cabo Peñas.
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