Educación
La falta de recursos inclusivos obliga a un niño con discapacidad a no poder ir a clase
La familia de un niño de 6 años con el Síndrome de Dravet exige los recursos necesarios para ir al colegio donde está matriculado junto a su hermano mientras la conselleria le deriva aun centro de educación especial para retomar las clases en septiembre

La falta de recursos inclusivos obliga a un niño con discapacidad a quedarse en casa y sin clase / Agustí Perales Iborra
Denuncia que la educación inclusiva no existe y lo hace con su hijo de 6 años, en casa y sin poder ir al colegio. Se llama Gloria Doménech y ha emprendido una batalla para conseguir lo que, en teoría, debería ser la norma: que su hijo con discapacidad vaya al mismo colegio que su hermano mellizo, con los recursos necesarios que garanticen la educación inclusiva. El niño tiene 6 años, se llama Pep, y tiene el Síndrome de Dravet. Lo que no tiene es clase, ni colegio al que asistir. Es más, lleva desde el mes de noviembre en casa, ya que el centro ordinario en el que le matricularon sus padres carece de los recursos necesarios para atenderlo y garantizar su seguridad y la de los que le rodean. Y eso que es el único colegio del municipio donde vive (Carcaixent) con aula UECO (Unidad Específica en Centro Ordinario), que es un recurso destinado al alumnado con necesidades educativas especiales (NEE) que requiere apoyos intensivos.
"En educación Infantil, Pep iba a un colegio público con una educadora que compartía con otro niño. Este curso pasaba a Educación Primaria y se le hizo una evaluación en la que nos dijeron que la mejor opción era un Colegio de Educación Especial (CEE) porque es un niño de alta demanda. Su padre y yo nos negamos, por considerar que es aún muy pequeño para eso. Tiene muchos años por delante para acabar en el CEE. Había estado bien en un cole ordinario, así que propusimos la modalidad de aula UECO en un colegio ordinario. Y así llevábamos a los dos hermanos al mismo colegio, algo que también consideramos que es positivo", explica Gloria.
Para la familia no fue sencillo encontrar un centro con aula UECO. "Nos llamaron del CEIP Navarro Darás porque es el único en Carcaixent que dispone de aula UECO. Nos costó mucho (muchas noches de no dormir, de ansiedad, de tristeza, de impotencia y de no ser vistos por nadie...) pero finalmente entró. La ratio máxima en esas aulas es de 8 niños, y Pep entró el 9. Nos dijeron que Conselleria de Educación iba a ampliar los recursos porque Pep entraba con ampliación de ratio", añade la madre.
Sin embargo, los recursos no llegaron y comenzaron los problemas. "Pep empezó relativamente bien, pero fue yendo a peor, y empezó a desarrollar crisis de conducta graves que en el aula, y dadas las circunstancias, eran imposibles de gestionar por la falta de apoyos adecuados. Ni había medios para atenderlo a él ni para garantizar la seguridad del resto. El colegio desde el principio nos apoyó e hizo lo imposible, pero no dependía de ellos. En el mes de noviembre y dada la situación, su padre empezó a ir con él al colegio, dentro del aula misma para que mi hijo, y lo digo literal no se abriera cabeza", relata una madre que recalca, sin dudarlo, que el problema es la falta de recursos de una educación inclusiva que hace aguas.
Ni recursos de personal ni infraestructuras adecuadas
La madre de Pep explica como, poco a poco, el vaso se fue llenando. "Además de la falta de personal, el aula tampoco tiene los espacios que se requieren. Hay puertas de hierro, cristales, el patio está lleno de agujeros... Pep se cortó con un cristal que rompió, otro día tiró una mesa y le dió al educador en la mano provocándole un esguince... y le abrieron a mi hijo un expediente disciplinario, pese a que el educador dijo que fue fruto de la falta de recursos, y recalcó que no se podía acusar al niño", afirma.
La Conselleria de Educación es conocedora de la situación. "Vino una comisión educativa a intentar darnos solución y lo que propusieron fue, por ejemplo, la creación de un aula blanca de relajación, cosas que son imposible y rozan la burla con las condiciones en que a día de hoy se encuentra el sistema", explica Gloria.
Ante una situación que se agravaba por momentos, y distintas reclamaciones a Inspección Educativa (sin respuesta), el 2 de diciembre la familia decidió que el niño dejaba de ir al colegio. Veinte días después los padres de Pepe se reunieron con el inspector de zona. "Nos dijo que mi hijo necesitaba un colegio de educación especial. Mi respuesta fue que nunca íbamos a saber si eso era real, porque las necesidades educativas de mi hijo menor no se habían tenido en cuenta. Pero en el punto en que estábamos ni mi marido ni yo podíamos más, y hay veces en la vida que es preferible tener paz a tener razón, aunque la razón sé que la tengo. Este inspector nos indicó que comentaría el tema con sus subordinados y estudiarían la situación", afirma Gloria.
Sacarlo de un centro para llevarlo a otro "igual o peor"
El 13 de enero hubo una reunión en el centro educativo de la familia con el equipo directivo del colegio y con el coordinador de orientación de zona. "Después de decirme que lo sentía, me comentó el cambio de modalidad a educación especial, indicando que al tratarse de un caso grave iban a intentar acelerarlo porque lo normal sería que se cambiara el próximo curso", relata la madre mientras muestran las actas que corroboran sus declaraciones. En esa misma reunión informan a la familia del CEE al que tenían previsto derivar a Pep el próximo curso: el CEE Carmen Picó, de Alzira, un centro que está pendiente de la construcción de un nuevo edificio tras acumular deficiencias que han sido denunciadas en prensa en varias ocasiones por falta de personal y de recursos. "El plan era sacarlo de su colegio para llevarlo a uno de educación especial, que además estaba igual o peor (pero eso sí, se ahorraban los recursos que veníamos reclamando desde septiembre)", explica la madre. Ante esta propuesta, la madre de Pep preguntó si podía elegir otro centro y propuso el CEE Alberto Tortajada, principalmente porque se ubica en Algemesí, municipio donde viven sus abuelos paternos y parte de su familia. "Es importante tener red familiar cerca. Quedamos en hacer el cambio a Algemesí, después del trámite administrativo y de la evaluación de cambio de escolarización. Una semana después me llaman del centro educativo y me dicen que Pep tiene que ir a Alzira, y que si no teníamos la opción de formación domiciliaria. Y ahí ya mi indignación no tuvo vuelta atrás", explica la mujer.
De esta forma, y desde el 2 de diciembre, Pep está en casa. Y se prevé que ahí siga todo el curso escolar. "Me siento sola, desamparada e impotente, y a día de hoy todo sigue igual. Nadie nos da respuestas, y mientras, niegan a mi hijo una infancia como la de los demás niños. Pep necesita socializar, jugar, salir, relacionarse... Le están discriminando y no nos vamos a quedar callados", afirma Gloria, mientras advierte que la discapacidad de un hijo "te obliga a luchar, a no detenerte porque su voz somos nosotros y mi hijo tiene los mismos derechos que el resto".
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