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Éxodo de la capital

Ana Alimbau, vecina de Sant Celoni desde hace 6 años: "Nos fuimos de Barcelona porque nos asfixiaba el alquiler y ahora nos asfixia Rodalies"

Las miles de personas expulsadas de la capital catalana por los precios de la vivienda que iniciaron una nueva vida en la segunda corona, buscando municipios bien comunicados en tren, viven con impotencia y rabia el colapso de Rodalies

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Ana Alimbau,  este lunes en Sant Celoni.

Ana Alimbau, este lunes en Sant Celoni. / José Luis López

Helena López

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El último año en Barcelona, el funesto 2020 de la pandemia, la propiedad dejó de cobrarles el alquiler para echarles del piso. Tuvieron que enviar un burofax e ir a pagar el alquiler cada mes a la Ciutat de la Justícia. "Te encuentras que no te quieren cobrar y tienes que gastarte el dinero en un burofax e invertir el tiempo que no tienes en ir cada mes a los juzgados a pagar", recuerda Ana Alimbau, madre de dos hijos entonces muy pequeños. "Estuvimos así tres meses, hasta que, contratando a una abogada, aceptaron que teníamos una prórroga totalmente legal y nos tenían que cobrar; pero solo teníamos ese año y nos teníamos que ir. La subida del alquiler era inasumible", prosigue.

Ana Alimbau, madre de dos hijos, trabaja en Barcelona como peluquera, oficio no compatible con el teletrabajo

Con el mapa de Rodalies en la mano, Ana y su pareja empezaron a buscar alternativas y acabaron en Sant Celoni (Vallès Oriental), donde llevan seis años echando raíces y donde ahora vive con impotencia y rabia la crisis ferroviaria. "Nos fuimos de Barcelona porque nos asfixiaba el alquiler y ahora nos asfixia Rodalies", resume su sentimiento esta peluquera, cuyo oficio no le permite teletrabajar. En el caso de Sant Celoni, además, no existe autobús que conecte el municipio con la capital catalana.

"Vivíamos en el Poble-sec y, ya hace seis años, la presión de la vivienda era tremenda. De la clase de mi hija mayor la mitad de familias se fueron de Barcelona", recuerda esta hija de Nou Barris. "Te echan de la ciudad y, una vez te echan, para rematar, no pueden asegurarte que un tren que funcione para acceder a tu lugar de trabajo", se indigna la mujer, quien habla sin tapujos de violencia administrativa contra la clase trabajadora.

"Te echan de la ciudad y, una vez te echan, no pueden asegurarte un tren que funcione para acceder al trabajo"

Ana Alimbau

— Usuaria de la R2 y la R11

Eligieron Sant Celoni porque tenía dos líneas de tren, la R2 y la R11, con trenes regionales que van directos a Barcelona. "Los dos tenemos trabajos presenciales, no tenemos la opción de teletrabajar y ya descartamos localidades de costa porque sabíamos que la R1 da muchos problemas, pero no imaginábamos que colapsaría toda la red", prosigue Alimbau, quien pese a todo se siente afortunada.

"Nosotros tenemos trabajos estables, pero la presión de la gente sin contrato, que si no va a trabajar no cobra, o la gente con contratos precarios, a la que si llegan tarde la echan, es una sensación de abandono total. Están jugando con el pan de las familias. Dejas a la gente sin poder ir al trabajo, que es lo que tienen para poder sobrevivir", zanja.

Crisis encadenadas

El caso de esta familia no es aislado. Como publicó EL PERIÓDICO el pasado mes de julio, los datos demográficos del Institut d'Estadística de Catalunya (Idescat) avalan que las comarcas del Vallès y el Maresme se están afianzando como destinos de los vecinos que deciden trasladarse. Especialmente desde Barcelona, donde la crisis de la vivienda, la burbuja de precios y la presión turística ha derivado en un éxodo creciente. Los datos del 2023 publicados por el Idescat muestran que sólo ese año unas 11.500 personas se mudaron desde Barcelona a otra localidad catalana. Si se suman los últimos tres años, la cifra asciende a casi 36.000. 

"Es vergonzoso que no haya un bus entre Sant Celoni y Barcelona. En días como estos se ven las lagunas"

Mai Liên Truong

— Usuaria de la R2 y la R11

También se mudaron a Sant Celoni desde Barcelona, en 2023, Mai Liên Truong, su pareja y la hija de ambos. Como la familia de Alimbau, Mai Liên y su pareja hicieron la búsqueda de su nuevo hogar teniendo en cuenta el mapa y el estado de la red Rodalies. Ambos descartaron la R-1 por la fama que la precede desde mucho antes de la crisis actual y apostaron por Sant Celoni por tener, además de Rodalies, trenes de Media Distancia. "El oficio de mi pareja no le permite teletrabajar y para nosotros era muy importante el transporte público, no depender del coche, también por el impacto ecológico de este", prosigue la mujer, quien subraya que lo que ha pasado ahora deja en evidencia muchas cosas.

Mai Liên, vecina de Sant Celoni usuaria de la R2 y la R11.

Mai Liên Truong, vecina de Sant Celoni usuaria de la R2 y la R11. / Anna Mas Talens

"Es vergonzoso que no haya un plan de contingencia; que no haya un bus entre Sant Celoni y Barcelona. Cuando pasa todo esto se ven las lagunas", pone sobre la mesa Truong, quien se siente afortunada porque ella conduce y tiene la opción de teletrabajo, pero es consciente de que hay miles de personas que no.

Si nosotros, que somos una familia, tenemos un plan de contingencia, y mi pareja tiene una reducción de jornada para salir antes del trabajo y tener un margen de tiempo por, si pasa algo, llegar a buscar a la niña al colegio, ¿cómo puede ser que una gran empresa como Adif no lo tenga?", se pregunta la mujer quien insiste en que no quiere dejar de coger el tren.

"Estoy viviendo estos días con bastante ansiedad; llega la noche y no sabes si al día siguiente vas a poder ir a trabajar o no"

Marta García

— Vecina de Cardedeu

Olívia, psicóloga barcelonesa de 42 años y ahora vecina de Caldes d'Estrac (Maresme) confío en la R-1 pero ha acabado comprándose un coche. "Elegimos el piso porque estaba cerca de la estación, para asegurarnos estar siempre comunicados con Barcelona, pero después de estar aquí tres años llegamos a la conclusión de que nos teníamos que comprar un coche, lo que implica también pagar un párking en la ciudad", relata la mujer. Olívia apunta que se habla mucho de los autobuses a Mataró pero subraya que en los pueblos pequeños, con peor comunicación, los vecinos tienen que buscarse la vida.

Situación que viene de lejos

Para las madres trabajadoras la angustia no solo es por llegar a trabajar sino, al salir, por llegar a recoger a sus hijos. Esta es una de las grandes preocupaciones de Marta García, madre de dos hijas instalada en Cardedeu (Vallès Oriental) por los prohibitivos precios de Barcelona. "Buscamos un pueblo que tuviera Rodalies para poder ir a trabajar", coincide con el resto. "Estoy viviendo estos días con bastante ansiedad. Llega la noche y no sabes si al día siguiente vas a poder ir a trabajar o no y genera mucho malestar porque toda la gente que no puede teletrabajar en la empresa puede tener problemas", prosigue García, quien recuerda que hace un par de años que los trenes no va bien.

"Elegimos Caldetes porque tenía Rodalies, pero después de estar aquí tres años no hemos comprado un coche"

Olívia

— Usuaria de la R1 y vecina de Caldes d'Estrac

"Ya antes de esta crisis los horarios eran pura ciencia ficción y cada día era una aventura, me he quedado tirada más de una vez", prosigue esta oficinista quien, aunque puede teletrabajar, recuerda que no es agradable tener que estar siempre justificándose en la empresa de que llegas tarde por esto o por aquello. "A los usuarios de Rodalies ya no nos sorprende nada porque nos ha pasado de todo, de trenes fantasma a tener que cambiar de tren a mitad del trayecto", concluye.

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