Crisis habitacional
Una residente con trabajo estable en Ibiza toma una drástica decisión ante el elevado coste de la vivienda : “Me voy, no puedo permitirme ni tomar un café”
Los precios de la vivienda expulsan también a familias y a nacidos en Ibiza
Tres de cada diez residentes se plantean irse de Ibiza por no poder acceder a una vivienda digna

Terrazas en la plaza del Parque en una imagen de archivo / DI
La crisis del coste de vida en Ibiza no golpea solo a quienes llegan de fuera o a quienes encadenan trabajos temporales. También alcanza a familias con hijos, a personas nacidas en la isla o residentes con trabajo estable todo el año, que aseguran estar valorando, o ejecutando ya, la decisión de marcharse a la Península o a otros países ante lo que describen como una situación “imposible” por los precios y los salarios.
Es el caso de una vecina de Santa Eulària que asegura que se marcha “en un par de días” pese a tener trabajo todo el año. “No puedo permitirme ni tomar un café”, señala. En su caso, el mensaje no apunta solo al alquiler, sino a una percepción general de encarecimiento que desborda lo estrictamente habitacional y se cuela en los gestos más pequeños del día a día.
“Imposible seguir viviendo con los precios y los sueldos de miseria”
Marcos, ibicenco, con pareja y dos hijos, resume su situación con crudeza: está pensando “seriamente” en irse a la Península porque considera que es “imposible seguir viviendo con los precios y los sueldos de miseria”. Su testimonio refleja una sensación de asfixia económica en la que la vivienda aparece como eje central, pero no como única preocupación.
La imposibilidad de encontrar estabilidad residencial también aparece en el relato de Lorena, que cuenta que, tras tres años sin lograr una vivienda estable, optó por irse a Barcelona. Su experiencia se suma a la de quienes describen una búsqueda prolongada sin resultados y un desgaste que termina empujando a tomar decisiones drásticas.
Pero no todos los testimonios señalan únicamente el alquiler como causa. Algunos conectan la vivienda con una transformación más amplia de la isla y con la calidad de los servicios. Manuel, nacido en Ibiza hace 50 años y con plaza fija en Sanidad, explica que su hipoteca está prácticamente pagada y que él no tiene un problema inmediato en lo personal. Sin embargo, su temor mira hacia adelante: “Mi hijo sí lo tendrá”. Su decisión de marcharse, añade, también responde a que “en la isla ya no hay nada genuino” y a la masificación.
Eri explica que incluso teniendo “casa y vida” en Ibiza, se plantea irse por la “falta de servicios a la ciudadanía”, especialmente sanitarios, y por la dependencia de “un avión” o de un traslado. En su reflexión, la insularidad no aparece como un valor, sino como un factor de vulnerabilidad cuando los recursos no alcanzan o no responden.
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