Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CASTILLA Y LEÓN

De Barcelona a Urueña: el publicista que se mudó a un pueblo de Valladolid para abrir una librería de viejo y le va "muy bien"

Víctor López-Bachiller decidió en 2008, en el inicio de la crisis, cambiar de vida y trasladarse a la villa medieval de Urueña, que tiene solo 200 habitantes pero diez librerías

Urueña, el pueblo medieval de la España vacía que gana habitantes apostando por la cultura: tiene más librerías que bares

Víctor López-Bachiller, que trabajaba de publicista en Barcelona, regenta la librería Páramo de Urueña.

Víctor López-Bachiller, que trabajaba de publicista en Barcelona, regenta la librería Páramo de Urueña. / JOSÉ LUIS ROCA

Roberto Bécares

Roberto Bécares

Urueña (Valladolid)
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Recuerda Víctor López-Bachiller que tuvo mucha suerte porque decidió cambiar el escenario de su vida justo cuando comenzaba la gran crisis de 2008. Tenía un trabajo cómodo de publicista y vivía en el barrio de Vallcarca de Barcelona, pero quería darle un giro a lo que hacía. Su padre era de un pequeño pueblo de Castilla y León, Urueña, una villa medieval amurallada a 66 kilómetros de Valladolid.

"El que llevaba la librería quería traspasarla, estuvimos dos años compartiéndola, y la verdad es que bien, va bien", recuerda sobre sus inicios como parte del proyecto de la Villa del Libro, una iniciativa promovida por la Junta de Castilla y León para crear una localidad que fuera polo cultural y de turismo. En la actualidad hay diez librerías y cuatro museos, pese a que solo tiene 200 habitantes censados [en invierno viven apenas 100].

Urueña, Valladolid, el pueblo con más librerías que bares.

Una de las máquinas de escribir que Víctor López-Bachiller colecciona en su librería de Urueña. / José Luis Roca

50 máquinas de escribir antiguas

Su librería, Páramo –especializada en libro viejo y de segunda mano y situada en uno de los extremos del pueblo, junto a la muralla que promovió construir doña Sancha en el siglo XII– es una suerte de museo, con miles de ejemplares repartidos aquí y allá, cuadros y numerosas máquinas de escribir desplegadas cada poco. "Me gusta coleccionarlas. Son el mismo modelo o modelos parecidos a los que usaban grandes escritores", dice señalando una Yost, usada por Emilia Pardo Bazán, pero están las de Vázquez Montalbán, Frank Kafka... hasta un total de 50.

Los libros se ordenan por género y se puede encontrar de todo, desde novela y ensayos a libros de historia o filosofía, que son los que más le gustan a él. Entre los autores más requeridos, asegura, Miguel Delibes, el escritor de la tierra [su hijo Germán tuvo una casa en el pueblo y Delibes tiene el centro cultural E-Lea con su sobrenombre]. "Tengo muy buen fondo", admite el librero, que abre el establecimiento de jueves a domingo y el resto de días se dedica a visitar bibliotecas particulares por toda España para comprar género o a realizar los envíos de los pedidos online. "Vendo mucho por internet", asegura.

Casi 100.000 turistas al año

Pese a que cada año llegan a este precioso pueblo castellano más turistas -el año pasado se rozaron los 100.000- y los habitantes tienen todos los servicios –colegio abierto, farmacia y médico dos días por semana y vendedores ambulantes de alimentación todos los días–, cree Víctor que el proyecto de la Villa del Libro es "fallido" en cierto modo porque hay un gran problema para encontrar vivienda. "Mucha gente que quiere venirse no se puede instalar porque no hay casas disponibles", lamenta.

Urueña, Valladolid, el pueblo con más librerías que bares.

Víctor, el publicista barcelonés que ahora triunfa vendiendo libros de segunda mano en un pueblo de la España vaciada. / José Luis Roca

Él mismo ha estado viviendo casi hasta ahora en una de las casas que alquila el Ayuntamiento a precio asequible porque no podía encontrar nada para comprar, algo que acaba de hacer. "En Urueña hay trabajo para 10 o 15 personas más, camareros, por ejemplo, casi no hay, pero es que no hay vivienda razonable. Hay potencial también para abrir una tienda de alimentación", concluye el librero, que parece que no cambiaría su elección de hace tres lustros por nada: "Se vive muy bien, pero claro, te tiene que gustar la vida de pueblo".

Suscríbete para seguir leyendo