Tragedia ferroviaria
Los primeros guardias civiles en llegar relatan su experiencia en el “tren del terror” de Adamuz: "Fue una carrera contrarreloj por salvar vidas"
Los agentes Ángel Ayala y Arturo Carmona explican que los primeros supervivientes "venían con sus maletas, en estado de shock"

Vídeo: Adrián Ramírez | Manuel Murillo
Adrián Ramírez
Han pasado cuatro días desde el trágico accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), que se cobró la vida de al menos 43 personas. Ángel Ayala y Arturo Carmona, los primeros guardias civiles en llegar al lugar del siniestro, relatan lo que definen como “una carrera contrarreloj por salvar vidas en el tren del terror”. Ambos reconocen que han llorado al recordar las escenas que presenciaron.
Los agentes atendieron este jueves por la mañana a los medios de comunicación junto a la zona cero de la tragedia. Lo hicieron con gesto serio, tragando saliva en repetidas ocasiones y narrando los hechos casi de forma automática, como si no quisieran revivirlos. Aun así, sus ojos permanecían vidriosos, especialmente los de Carmona.
Un goteo constante de heridos
Llegaron al lugar cuarenta minutos después del accidente, sin ser conscientes todavía de su magnitud. Según explica Carmona, mientras iniciaban las labores de rescate en el tren de la compañía Iryo, “vimos llegar a gente caminando por las vías con linternas. Eso no nos cuadraba”. Junto a otro compañero y los voluntarios que ya se encontraban allí, se repartieron el tren y “poco a poco nos dimos cuenta del alcance real de la tragedia”.
El goteo de supervivientes no cesaba. “Venían con sus maletas, en estado de shock, y nos advertían de lo que había más adelante”, prosigue Carmona, que se desplazó con otro agente a una zona más avanzada del recorrido.
Testimonio sobrecogedor de la niña de 6 años
Ayala, por su parte, permaneció en el Iryo. Destaca el comportamiento “admirable de la gente” y recuerda especialmente a una niña de seis años que le dijo que su familia había muerto en el Alvia. “No recuerdo su cara; solo sé que la cogí en brazos e intenté tranquilizarla. No era consciente de lo ocurrido y apenas lloraba”, relata. Poco después, la menor quedó al cuidado de una familia de unos 60 años. “No podía permitirme acompañarla cuando había tantas personas gritando y pidiendo ayuda en la vía”, explica Ayala, con la voz quebrada.
Ambos agentes coinciden en que “nunca se está preparado” para una experiencia así y aseguran que ha sido, “sin duda”, la más dura de sus carreras profesionales. Ayala admite que ha llorado varias veces en casa desde entonces. También destacan el comportamiento de los vecinos de Adamuz, a quienes definen como “ángeles de la guarda”. “Hay imágenes que no se borran. Fue horrible”, recalcan emocionados. “Era el tren del terror”.
Reviviendo la tragedia por televisión
Carmona añade que ver las imágenes en televisión ha sido especialmente duro, ya que “reconoces la zona” y “revives la tragedia”. Ayala permaneció ayudando en el tren de la marca italiana junto al maquinista, que desconocía la magnitud de lo sucedido y no fue plenamente consciente hasta casi una hora después del choque, al ver a personas caminando por la vía. El guardia civil también marcó con cruces rosas —visibles en las imágenes del Iryo— “los lugares donde encontramos a los fallecidos”.
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