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Iglesia católica

Rebelión sindical en el Vaticano por las condiciones laborales

La Asociación de Empleados Laicos del Vaticano publica una encuesta que revela un creciente malestar entre el personal, antaño considerado privilegiado.

El papa León XIV cierra la Puerta Santa del Vaticano y clausura el Jublieo

PI STUDIO

Irene Savio

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Roma
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Aires de rebelión en los palacios sagrados. En el pequeño Estado del Vaticano, una monarquía absoluta gobernada por el Papa, crece el malestar entre los empleados por sus condiciones de trabajo. Denuncian escasas oportunidades de desarrollo profesional, falta de formación y reconocimiento de sus funciones, mala relación con los superiores, e incluso episodios de acoso laboral.

La información procede de la Asociación de Empleados Laicos del Vaticano (Adlv, por sus siglas en italiano), el único sindicato del Estado pontificio, que ha explicado que ha realizado una encuesta interna, la envió a los empleados y ahora la ha hecho pública. "Se ha identificado una muestra lo más heterogénea posible de los distintos dicasterios [ministerios vaticanos] y de diversas entidades del Vaticano. Al cuestionario respondieron 250 personas, de las cuales el 80% son afiliadas a la asociación", ha explicado la asociación en una nota, algo impensable años atrás

Los resultados, de hecho, reflejan un profundo descontento y un clima de armas tomar. El 75,8% (dos tercios) de los encuestados considera que el entorno laboral no premia el espíritu de iniciativa, el mérito ni la experiencia. El 73,4% se dijo asimismo descontento por favoritismos, desigualdades de trato, falta de atención hacia los empleados e inseguridad en la protección de sus derechos, incluidos los relacionados con las pensiones. 

Mensaje al Papa

Más de la mitad, el 56%, denunció incluso situaciones de mobbing, un delito que, sin embargo, no está tipificado en el ordenamiento vaticano. Con ello, el 26% afirmó que resulta imposible dialogar libremente con sus superiores, a quienes acusan también de "injusticias y vejaciones". El 79% cree, además, que se invierte poco en la formación de los trabajadores, mientras que el 68% de los entrevistados se mostró crítico con las reformas aplicadas en la última década.

En este contexto, la asociación ha dirigido un mensaje directo a León XIV, presentado en forma de "sugerencias" dirigidas al propio Papa. En él, los trabajadores piden no ser tratados como "números", reclaman la apertura de un diálogo real y exigen "mayor dignidad" y el respeto de sus derechos. Muchos empleados han puesto en relieve "la necesidad de revisar los salarios, ampliar las protecciones para las familias y establecer incentivos por productividad justos", según recoge el documento.

Del privilegio a la protesta

Durante décadas, los empleados de la Santa Sede —con salarios exentos de impuestos— fueron considerados trabajadores privilegiados. Pero esa imagen ha comenzado a resquebrajarse. Desde 2008, las retribuciones permanecen congeladas y, en los últimos años, el Adlv ha multiplicado sus quejas. En vísperas de la elección del nuevo Pontífice, la organización, que cuenta con unos 800 afiliados, denunció públicamente que incluso dentro de los muros pontificios los sueldos ya no son suficientes.

El malestar coincide con el impacto de las reformas para mejorar el funcionamiento del pequeño Estado iniciadas por Francisco. De hecho, en 2021, el ahora fallecido Papa decretó un recorte salarial para cardenales, eclesiásticos, religiosos y directivos laicos, además de suspender los incrementos automáticos por antigüedad. Las protestas, inéditas hasta hace poco, comenzaron a aflorar: hace un año los trabajadores de los Museos Vaticanos se movilizaron contra el Gobernatorato y llegaron a amenazar con acudir a los tribunales. 

En el Vaticano trabajan cerca de 5.000 personas, repartidas entre el gobierno central de la Iglesia y el Estado pontificio: empleados de los Museos, del Archivo y de la Biblioteca Apostólica, periodistas de los medios vaticanos, farmacéuticos, dependientes, personal de correos o gasolineros. Muchos de ellos no ven aumentar su salario desde hace casi dos décadas y han sufrido el bloqueo de ascensos y recortes en la asistencia sanitaria, entre otros. Para contener un coste laboral que ronda los 10 millones de euros anuales, las contrataciones se han limitado —solo una nueva por cada tres jubilaciones— y la Santa Sede ha iniciado una progresiva privatización de actividades comerciales antes gestionadas directamente. Un ajuste que ha abierto una grieta social en el corazón mismo de la Iglesia.

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