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Disruptores endocrinos, los químicos invisibles que alteran nuestras hormonas

Aunque sus efectos están demostrados, mensajes alarmistas que circulan en redes pueden ser contraproducentes para aprender a evitarlos

Una empleada de hogar organiza la ropa en un armario.

Una empleada de hogar organiza la ropa en un armario. / Ricardo Rubio / Europa Press

Laura Cercós Tuset (Verificat)

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En nuestro día a día estamos rodeados de productos químicos. Nuestra ropa, los envases de plástico donde guardamos la comida o los cosméticos… Sin embargo, algunas de estas sustancias se han demostrado perjudiciales para nuestra salud. 

Es el caso de los disruptores endocrinos (DE), sustancias químicas presentes, por ejemplo, en pesticidas o productos de limpieza, que pueden alterar el sistema hormonal y aumentar el riesgo de padecer ciertas enfermedades. Aunque su existencia y riesgos son reales, en redes circulan muchos mensajes alarmistas. ¿Cómo nos afectan, y cómo podemos evitarlos?

Muchos procesos de nuestro cuerpo están regulados por las hormonas, sustancias químicas producidas en las glándulas endocrinas que ayudan a los órganos a funcionar correctamente. Sin embargo, este sistema puede alterarse por sustancias externas, como los DE.

GLÁNDULAS Y ÓRGANOS

Visualización de glándulas y órganos.

No hay una cifra exacta, pero la Endocrine Society calcula que más de 1.000 químicos artificiales son potenciales disruptores endocrinos. Un ejemplo es el bisfenol A (BPA), muy utilizado en plásticos, y ahora prohibido en la UE para envases de alimentos. 

Ángel Nadal Navaja, catedrático de fisiología de la Universidad Miguel Hernández de Elche, es uno de los pioneros en probar la relación entre el BPA y el riesgo de padecer diabetes de tipo 2. “Hace 25 años que empezamos, primero en ratones, y luego se demostró la asociación epidemiológica en humanos”, explica a Verificat. Como el estudio de 2019 en Francia que sugiere que los pacientes con más concentración de BPA en orina tenían casi el doble de riesgo de padecer diabetes de tipo 2 que los menos expuestos a estos químicos. 

“La estructura de los DE es muy similar a la de las hormonas y pueden mimetizarlas”, detalla a Verificat Núria Güil, investigadora del programa de salud infantil y ambiental de ISGlobal. Por eso, nuestro cuerpo puede responder como si fueran hormonas, alterando el equilibrio hormonal del organismo.

Los DE contribuyen así a aumentar el riesgo y prevalencia de “trastornos del desarrollo neurológico, reproductivos y metabólicos, así como algunos tipos de cáncer”, según el consenso científico de la Endocrine Society. “No significa que por estar en contacto inmediatamente vayas a tener la enfermedad, pero tienes más papeletas”, precisa Nadal. 

Informarse sin alarmismo

A lo largo de nuestra vida, los períodos de desarrollo son los de mayor sensibilidad a los efectos de estos químicos, como el embarazo, la lactancia, la infancia y la pre-pubertad.

Paula Sol Ventura, pediatra endocrino en el Hospital Arnau de Vilanova de Lleida e investigadora del Institut Germans Trias i Pujol, participa en la intervención clínica en 17 colegios catalanes a través del proyecto europeo HYPIEND, para reducir el impacto de los disruptores endocrinos en poblaciones sensibles. “Cuando te acercas al colegio, encuentras de todo. Hay gente muy informada, pero también hay un poco de infoxicación”, explica a Verificat.

Ventura señala que en redes sociales hay contenidos alarmistas sobre los efectos de los químicos en la salud, muchas veces sin una base científica. “Con alarmismo solo vas a hacer que la gente se polarice; que no haga nada o que tome decisiones no basadas en la evidencia científica”, analiza.

Hábitos saludables

Los expertos y estudios consultados por Verificat coinciden en que una vida saludable permite reducir la exposición a los DE y disminuir los riesgos asociados. “Si sabes dónde encuentras estas sustancias, puedes reducir la exposición”, asegura Ventura.

PRODUCTOS DE USO COMÚN

La investigadora Núria Güil aconseja usar el “sentido común sin obsesionarse” porque se ha demostrado que los niveles de DE se reducen “solo con pequeños hábitos saludables”, como por ejemplo consumir productos frescos no procesados, lavar y pelar frutas y verduras, reducir el uso de plásticos y de cosméticos químicos, y ventilar y aspirar bien el polvo. 

Por ejemplo, un estudio de 2023 con embarazadas y recién nacidos europeos sugiere que la dieta afecta a los niveles de PFAS (un grupo de químicos persistentes presentes en productos antiadherentes).

Güil puntualiza que las acciones individuales deben ir de la mano de una política más estricta con estos químicos: “Al igual que se han hecho regulaciones con el tabaco, debemos hacer regulación con los químicos”.

“La ciencia avanza más rápido que la legislación”, añade Ángel Nadal. “Es un problema complejo que requiere una solución global. Esto es parte de la contaminación química”, concluye.

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