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Mensaje a los cardenales

La primera gran cumbre de León XIV reaviva los debates abiertos entre conservadores y progresistas

Entre las principales conclusiones de la cumbre está la decisión de volver a reunirse con el mismo formato en seis meses, en junio próximo

León XIV reúne a los cardenales en una cumbre clave para el rumbo de la Iglesia católica

Reunión del papa León XIV con los cardenales en el Vaticano

Reunión del papa León XIV con los cardenales en el Vaticano / VATICAN MEDIA

Irene Savio

Irene Savio

Ciudad del Vaticano
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La primera gran cumbre de León XIV, que se cerró este jueves, tenía como objetivo abrir formalmente una nueva etapa en el pontificado del nuevo Papa: un consistorio extraordinario de cardenales para que los purpurados se conocieran mejor entre sí y manifestaran su visión sobre cómo gobernar la Iglesia católica. Entre sus principales conclusiones, dejó la decisión de volver a reunirse con el mismo formato en seis meses, en junio próximo. Sin embargo, las guerras culturales y los conflictos ideológicos entre las distintas corrientes de la Iglesia católica también volvieron a manifestarse.

Los papas suelen utilizar las homilías de las grandes reuniones para enviar mensajes a su "ejército". En su discurso de apertura de la segunda y última jornada de la cumbre, León XIV no fue una excepción. Con un mensaje cargado de advertencias, pero de tono distendido —similar al del día anterior—, el pontífice peruano-estadounidense pidió a los cerca de 170 cardenales llegados al Vaticano que no promovieran "agendas personales o de grupo".

"Todos nos hemos detenido para estar aquí; hemos suspendido por un tiempo nuestras actividades, renunciado incluso a compromisos importantes, para discernir juntos lo que el Señor nos pide", comenzó diciendo el Papa en su misa matutina con los purpurados en la basílica de San Pedro. Luego, hablando ante los llamados príncipes de la Iglesia, León hizo también un llamamiento a la colaboración y a la unidad en este inicio de una nueva fase de su pontificado.

Reunión del papa León XIV con los cardenales en el Vaticano

Reunión del papa León XIV con los cardenales en el Vaticano / VATICAN MEDIA

Quejas conservadoras

El objetivo del consistorio convocado es "escucharnos en persona y hacernos voz, a través del intercambio, de todos aquellos que el Señor ha confiado a nuestra solicitud de pastores, en las más diversas partes del mundo", continuó el pontífice. Todo ello en "un mundo en el que la saciedad y el hambre, la abundancia y la miseria, la lucha por la supervivencia y el desesperado vacío existencial siguen dividiendo e hiriendo a las personas, a las naciones y a las comunidades", precisó.

No obstante, el tono apaciguador de León no logró convencer a todos, como ya a media tarde del jueves quedó reflejado en algunos diarios especializados y bitácoras cercanas a la derecha católica. Entre los principales reproches figuran una supuesta mala organización de los trabajos —en particular, que solo nueve de los 21 grupos creados pudieran informar al Papa— y la decisión de encargar la meditación inaugural al dominico Timothy Radcliffe, quien el día anterior al inicio de la cumbre había concedido una entrevista en la que se había expresado a favor del diaconado femenino.

Otro motivo de malestar se habría producido a raíz del anuncio de León de que el debate sobre la liturgia —es decir, el uso de los antiguos ritos en latín en las misas— no se profundizó en la reunión, con el fin de dejar el asunto para más adelante. "Otra decepción para diversos cardenales", glosó La Nuova Bussola Quotidiana, uno de estos medios. "La liturgia —que es donde la fe se encarna, donde Dios es adorado y no gestionado— queda aplazada. […] Este consistorio no ha abierto una etapa nueva. Ha confirmado una inercia. Y esa inercia tiene un coste altísimo: seguir perdiendo tiempo mientras se pierde la fe", consideró Infovaticana, otro medio de la misma índole, en tonos incluso más críticos.

Una Iglesia horizontal

En el origen de la polémica estuvo la decisión de que los principales temas a debatir fueran la evangelización y la búsqueda de una Iglesia más sinodal, es decir, más abierta y horizontal. Un proceso, este, iniciado por el difunto Francisco pero que León XIV ha dicho reiteradamente querer llevar adelante y que los más conservadores rechazan. En sus reuniones, los cardenales han reconocido que "la sinodalidad aún está en su infancia y que no modifica la estructura jerárquica", explicó al respeto el portavoz vaticano, Matteo Bruni.

En la rueda de prensa final, los tres cardenales presentes no escondieron las discusiones sobre las cuestiones más delicadas, especialmente la sinodalidad. "La armonía no es uniformidad", resumió el cardenal colombiano José Luis Rueda Aparicio. "Sí hay puntos de discusión, eso significa que solo tenemos que debatir más", dijo por su parte el cardenal filipino Pablo David, al criticar la idea de una iglesia cerrada en sí misma.

"No hay una clara huella de cómo debería funcionar la sinodalidad […] pero entendemos que es una idea de cómo queremos ser", resumió, por su parte, el cardenal de Johannesburg, Stephen Brislin. "La idea es la de regresar a los orígenes […] Las cuestiones sociales no deben separarse [de la Iglesia]", añadió David. "El papa Francisco lo dijo muy claro".

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