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Desorden interior

¿Guardas cosas "por si acaso"? Una experta en orden explica qué hay detrás de eso

El almacenar cosas que no usas es una manifestación de un miedo subyacente a la escasez

Salón de casa con terraza y piscina en Ciutadella, Menorca

Salón de casa con terraza y piscina en Ciutadella, Menorca

Cloe Bellido

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En la vasta mayoría de los hogares, existe un fenómeno casi universal: el "cajón del caos". Este no es solo un compartimento físico, sino un verdadero portal al desorden, un refugio para aquellos objetos que no sabemos dónde ubicar, o cuya existencia misma hemos olvidado. Desde el cajón de los cubiertos que alberga un utensilio extraño, hasta el de los cables donde conviven cargadores obsoletos y adaptadores misteriosos, estos espacios representan una muestra palpable de nuestra tendencia a acumular sin un criterio claro. María Leániz, reconocida especialista en orden, profundiza en este concepto, explicando que, en muchos casos, un simple cajón puede escalar hasta convertirse en una habitación entera atestada de objetos, sin una lógica aparente. Este fenómeno del desorden, lejos de ser una mera cuestión de estética, es el reflejo de razones psicológicas profundas, siendo el famoso "por si acaso" la principal de ellas.

La expresión "por si acaso" es mucho más que una frase; es una manifestación de un miedo subyacente a la escasez, una ansiedad anticipatoria que nos impulsa a acumular de forma irracional. Tal como lo expone María Leániz en su podcast "En casa con María", y respaldado por el psicólogo Randy Ofrost, este pensamiento es una forma de ansiedad anticipatoria. No guardamos objetos por su utilidad presente o futura probada, sino por una eventualidad hipotética, por una posibilidad remota que rara vez se materializa. La especialista subraya que muchos objetos se conservan no tanto por su funcionalidad práctica, sino por su valor emocional, actuando como anclas a recuerdos y momentos pasados. El cerebro humano, en su complejidad, tiende a asociar el acto de deshacerse de ciertos objetos con un dolor emocional, lo que explica por qué nos aferramos a elementos tan dispares como cables antiguos, llaves que ya no abren nada, o ropa que, irremediablemente, ya no usamos. A esta dinámica se suma el sesgo del coste hundido, un concepto explorado por Richard Thaler. Este sesgo nos lleva a mantener objetos en los que ya hemos invertido dinero o esfuerzo, prefiriendo soportar la carga de un objeto inútil antes que aceptar la "pérdida psicológica" que implicaría desprendernos de él. La acumulación desmedida que resulta de estos patrones mentales no solo genera agobio y un ambiente físico caótico, sino que también puede conducir a la irritabilidad e, incluso, a costes de mantenimiento inesperados. El desorden es, en esencia, una muestra de saturación mental y de decisiones aplazadas, un síntoma de que nuestra mente está tan desorganizada como nuestro espacio físico.

Desentrañando el mensaje de tus cajones

Los cajones desordenados, y por extensión los espacios desordenados, son mucho más que un simple indicador de una falta de hábitos. Son un espejo de nuestra psique, revelando patrones de pensamiento y emociones que quizás ni siquiera seamos conscientes de poseer. Cuando la mente se siente saturada, la tendencia natural es posponer decisiones, y esto se traduce en dejar objetos en el primer lugar disponible, generando acumulación de elementos que, en una reflexión objetiva, resultan absurdos, como bolígrafos de hoteles coleccionados sin fin o cajas llenas de materiales que nunca verán la luz. La especialista María Leániz propone una profunda introspección: preguntarse por qué guardamos cada cosa. Esta simple pregunta es una herramienta poderosa para comprender mejor nuestros hábitos y las motivaciones ocultas detrás del desorden.

La experta detalla cómo diferentes tipos de objetos acumulados pueden ser indicativos de distintos estados psicológicos. Guardar compulsivamente "por si acaso" puede ser una clara señal de miedo a la escasez, una preocupación por no tener lo suficiente en el futuro. La acumulación excesiva de papeles, por otro lado, podría reflejar una evasión de temas administrativos o responsabilidades que nos resultan engorrosas. Y conservar objetos rotos, con un apego desmedido a ellos, puede ser una manifestación de un profundo apego al pasado, una dificultad para soltar y avanzar. La Leániz clasifica estos rincones caóticos en cinco tipos principales, aunque todos comparten la característica fundamental del desorden. Desde el cajón tecnológico repleto de cables y cargadores obsoletos, hasta el cajón de papelería lleno de tickets arrugados y bolígrafos sin tinta. También están el cajón multiuso, que lo guarda todo pero donde nunca se encuentra nada; el cajón olvidado de la cocina, con utensilios extraños y servilletas de restaurantes; y finalmente, el cajón de ropa interior caótica, un microcosmos de medias desparejadas y prendas viejas. Identificar estos patrones es el primer paso hacia una transformación significativa no solo de nuestro espacio, sino también de nuestra relación con nuestros objetos y, en última instancia, con nosotros mismos.

Estrategias para una convivencia ordenada

Mantener el orden en los cajones y, por extensión, en el hogar, no es una tarea imposible, sino un proceso que requiere de intención, estrategia y desapego. María Leániz enfatiza que, antes de cualquier intento de guardar, es fundamental clasificar. Esta clasificación debe basarse en criterios lógicos como la frecuencia de uso, la accesibilidad y el tamaño del objeto. Un principio básico es que cada cosa debe residir en su estancia correspondiente para maximizar su utilidad y practicidad. Por ejemplo, documentos importantes nunca deben ser guardados en un cajón de cocina, donde podrían deteriorarse o perderse fácilmente, y donde nadie esperaría encontrarlos. La lógica espacial y funcional es clave para un sistema de orden eficiente.

Una vez que se decide emprender la tarea de organizar un cajón, la experta propone un proceso de cuatro fases que facilita la labor:

  1. Vaciado total: El primer paso es sacar absolutamente todo del cajón. Este acto permite una visión completa de lo que se posee y un punto de partida limpio.
  2. Clasificación: Con todo a la vista, se procede a la clasificación en tres categorías claras: lo que se queda (lo que es útil y necesario), lo que va a otro sitio (lo que tiene un lugar más apropiado en la casa), y lo que se desecha (lo que ya no sirve, está roto o no se usa).
  3. Zonificación inteligente: Dentro del cajón, se deben crear categorías o "zonas" para agrupar objetos similares (cables, papelería, maquillaje, etc.). Esto evita que los objetos se mezclen y facilita su localización.
  4. Separadores y contenedores: Para mantener estas zonas definidas y evitar que el desorden resurja, el uso de cajas, bandejas o separadores de cajones es esencial.

Más allá de la organización física, el desafío más grande suele ser el desprendimiento. Para ayudar en este proceso, María Leániz comparte tres técnicas prácticas de desapego exprés:

  • Regla de los 20 segundos: Si no puedes encontrar un objeto en 20 segundos, es una señal de que hay demasiado acumulado en ese espacio.
  • Test del uso real: Si no has utilizado un objeto en los últimos seis meses, es muy probable que no lo necesites y sea el momento de dejarlo ir.
  • Desapego exprés final: Si ni siquiera recordabas que tenías un objeto, esta es la señal definitiva de que es hora de que encuentre un nuevo destino fuera de tu hogar.

Aplicar estas estrategias no solo libera espacio físico, sino que también contribuye a una claridad mental y a una sensación de control sobre nuestro entorno, transformando nuestros "cajones del caos" en espacios de funcionalidad y serenidad.