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El 13% de la población

Más de un millón de catalanes caen en la extrema pobreza tras pagar el alquiler: "Después ya no me queda nada"

Cáritas, que califica la situación de “insostenible”, exige políticas públicas urgentes e impulsar el Pacto de Estado por la Vivienda, la ley contra el sinhogarismo y la prestación universal por crianza

Cáritas avisa sobre las nuevas formas de pobreza en Catalunya

Cáritas avisa sobre las nuevas formas de pobreza en Catalunya / ACN

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La exclusión social afecta cada vez a más personas en Catalunya, incluidas aquellas que tienen trabajo estable. “Pago el alquiler y no me queda nada”, afirma Romina Mancilla, madre de tres hijos y con un empleo a media jornada en Cambrils (Baix Camp). Su situación no es única: cada vez más familias quedan atrapadas por el coste de la vivienda y la precariedad laboral. Miriam Feu, secretaria general de Cáritas, ha advertido en de que el 13% de la población catalana –más de un millón de personas– cae en pobreza extrema después de pagar el alquiler. Ha indicado que esta situación es “insostenible”, y ha exigido políticas públicas urgentes e impulsar el Pacto de Estado por la Vivienda, la ley contra el sinhogarismo y la prestación universal por crianza.

Los datos, según la agencia ACN, confirman que situaciones como la de Romina Mancilla no son casos aislados, sino el resultado de un problema estructural. Según el Informe FOESSA 2024, el 13,3% de la población entra en pobreza extrema después de pagar la vivienda, mientras que el 12,6% vive en situación de hacinamiento grave.

Miriam Feu, secretaria general de Cáritas Catalunya, ha remarcado que el informe revela que “hay 1,3 millones de personas en situación de exclusión social" en territorio catalán. Desde su punto de vista, estos datos evidencian que “la exclusión se ha cronificado” y que, una vez se inicia este proceso, es muy difícil revertirlo. “Hay dos grandes motores que se entrelazan entre sí y que generan esta exclusión social: la vivienda y el mercado laboral”, ha asegurado. En este sentido, ha subrayado que el elevado coste de los pisos expulsa a personas de sus casas y dificulta el acceso a una vivienda digna. Ha lamentado que un 38% de la población catalana ocupada se encuentre en situación de precariedad.

Impacto en jóvenes y familias con niños

La portavoz de Cáritas ha indicado que estas situaciones tienen un impacto especial en los jóvenes y en las familias con niños y adolescentes a cargo, que “en muchos casos se ven excluidos de poder hacer una vida con normalidad dentro de nuestra sociedad”.

Además, ha revelado que hay “multiplicadores” que agravan estos escenarios. Estos son la salud, porque las personas enfermas o con adicciones tienen más dificultades para hacer frente a los problemas, y las relaciones sociales. “Tener red social y personas que te acompañen, te escuchen y te echen una mano cuando estás pasando un mal momento marca la diferencia entre poder salir de una situación de exclusión o quedarte de forma cronificada”, ha afirmado.

A la vez, Feu ha apuntado que “el escudo de protección social también está presentando limitaciones y carencias”, y ha exigido políticas públicas integrales centradas en las personas más vulnerables. En este sentido, ha solicitado que se impulse el pacto de Estado por la vivienda, la ley contra el sinhogarismo y la prestación universal por crianza.

También ha destacado el trabajo que hace Cáritas para acompañar a las personas que lo necesitan, tanto desde el punto de vista material como psicológico. “Trabajamos mucho el sentimiento de pertenencia a la comunidad para dotar a estos individuos de resiliencia comunitaria y darles fuerzas para salir adelante”, ha detallado Feu, que ha recordado que “lo primero que necesitan las personas es sentirse acompañadas y ver que forman parte de la sociedad”.

Para Feu, Catalunya se encuentra en un momento crucial porque, si todo continúa como hasta ahora, la situación acabará siendo “insostenible”.

Hasta cinco trabajos

Uno de los rostros de estas nuevas tipologías de pobreza es el de Romina Mancilla, una madre de familia argentina de 39 años que hace dos años vive en Cambrils con su marido y sus tres hijos. Ha explicado que antes de llegar a Cataluña acordó el alquiler de un piso en el municipio de la Costa Daurada por 650 euros, pero que, al llegar, el propietario le informó de que finalmente tendría que pagar 850 euros mensuales. “Fue muy difícil, porque tuvimos que adaptarnos”, ha comentado la mujer, que trabaja a media jornada en una empresa de limpieza subcontratada por un supermercado.

Ha detallado que su sueldo, sumando los complementos que percibe, llega a 850 euros. “Mi nómina es el alquiler”, ha asegurado la afectada, que ha dicho que, una vez que lo paga, prácticamente ya no le quedan ingresos para vivir. A los gastos del piso se añaden la luz, el agua, la basura e internet. “Cuando lo sumo todo, llego casi a los 1.000 euros”, ha relatado Mancilla, que ha explicado que ha llegado a tener hasta cinco trabajos para poder llegar a fin de mes. “A veces el cuerpo ya no da más”, ha lamentado.

Ha explicado que el sueldo de su marido es irregular, lo que convierte cada mes en una incógnita. “Vivimos a la expectativa de si el mes que viene llegaremos”, ha comentado la mujer, que ha señalado que lo que más le angustia es no poder cubrir las necesidades básicas de sus hijos. “Lo peor es no tener para darle de comer al niño más pequeño”, ha afirmado, comentando que “uno puede aguantar y apañarse, pero no puede dejar de atender a los hijos”.

Apoyo material y psicológico

En este sentido, ha explicado que la precariedad les obliga a renuncias constantes. “A veces no puedo comprar el calzado de los niños o el material escolar”, ha dicho. Mancilla ha explicado que la familia intenta ser creativa, buscar ofertas, usar aplicaciones de segunda mano: “Hay meses en los que no podemos salir ni hacer nada porque no se puede”, ha apuntado.

También ha reconocido que, cuando la situación se volvió “insostenible”, se vio obligada a pedir ayuda a Cáritas. Ha admitido que le costó mucho acercarse a la entidad por principios. “No formaba parte de mi manera de ser”, ha explicado. Con todo, ha celebrado haberlo hecho, porque no solo recibió apoyo material, sino también acompañamiento psicológico: “La ayuda económica es necesaria, pero si una madre o un padre no está bien psicológicamente tampoco puede afrontar todo este caos”.

El futuro es lo que más le preocupa, ya que considera que encontrar un piso más barato es casi imposible. “Te piden muchas nóminas, otro avalista, tres meses de entrada…”, ha indicado la mujer, que ha advertido que reunir esas cantidades es inviable para su familia. También ha valorado que el problema de la vivienda ha empeorado en los últimos años, en parte por el alquiler turístico: “Hay que hacer algo para que el aumento no sea tan desorbitado”, ha remarcado.

Ha asegurado que, aunque lo ha intentado, no le han concedido las ayudas solicitadas al Ayuntamiento y a la Generalitat, porque no cumple los requisitos, ya sea por edad o por nivel de ingresos.

Servicio de sinhogarismo

Aunque cada vez hay más familias afectadas por situaciones como la de Romina Mancilla, también hay casos de superación en los que la luz al final del túnel empieza a verse. Eduard Montalbán es un vecino de Sabadell que, tras trabajar más de 30 años en el sector de la hostelería y ejercer de cocinero en Ibiza durante cinco años, tuvo que dejar de trabajar por un problema de adicciones. Ha explicado que la “enfermedad mental” que padecía lo hizo caer en una espiral destructiva y un deterioro progresivo, hasta vivir en la calle y ocupar un piso que no disponía de suministros básicos. En este contexto, acabó recurriendo al servicio de Sinhogarismo de Cáritas para ducharse y hacer las comidas básicas.

Ha detallado que aquel primer contacto con la entidad fue clave para empezar a establecer los vínculos que lo han ayudado a salir de la situación de exclusión en la que se encontraba. Ha explicado que un día, al ver a un técnico desbordado, se ofreció a ayudarle. “Le dije: ¿puedo ayudarte en algo? Y así empecé a encargarme de algunas tareas, como lavar la ropa”, ha recordado. Aquel gesto marcó el inicio de un proceso de voluntariado que, con el tiempo, derivó en una propuesta de trabajo temporal en una empresa de inserción de Cáritas, que finalmente se convirtió en un empleo estable.

Retomar los estudios

“El trabajo me estructura el día y los horarios, y eso es fundamental para mí en el ámbito terapéutico”, ha apuntado Montalbán, que también ha explicado que ha retomado los estudios: primero se sacó la ESO, después hizo un curso para acceder a un grado superior y ahora estudia para convertirse en técnico de Integración Social. “A veces ni me lo creo”, ha admitido, expresando la voluntad de que su experiencia sirva para que otras personas no se queden por el camino.

Aun con los avances, es realista con el futuro. Actualmente vive en un recurso de Cáritas y sabe que acceder a un piso propio será complicado. “No sé si podré mantener una vivienda yo solo”, ha reconocido el hombre, que ha indicado que con su sueldo será difícil llegar a final de mes.

Montalbán ha asegurado que, en situaciones de exclusión, la diferencia la marca el acompañamiento integral. “Cuando estás así, la estructura es casi el 100%”, ha afirmado. En este sentido, ha dicho que disponer de un lugar donde vivir, tener normas de convivencia, rutinas y apoyo profesional ha sido fundamental para poder rehacer su vida: “Reconducirse es importantísimo, pero depende de cada uno”.

Por último, ha insistido en que nadie está exento de caer en una situación de pobreza. “Es un hilo muy fino que se puede romper”, ha dicho, enumerando separaciones, pérdidas de empleo o adicciones como factores desencadenantes. Por eso, ha defendido el papel de las entidades sociales y ha animado a todos los que se encuentren solos a alzar la voz: “Todos necesitamos ayuda, pedidla”.