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+Debate

Un área metropolitana gestionada para afrontar el cambio climático

Ante el calentamiento global y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más recurrentes, el AMB planifica y diseña el espacio público para garantizar su uso y preservar los ecosistemas naturales. Expertos en climatología advierten que la colaboración es esencial para ser eficientes

Un momento de la mesa redonda que tuvo lugar en la sede EL PERIÓDICO.

Un momento de la mesa redonda que tuvo lugar en la sede EL PERIÓDICO. / Maite Cruz

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Barcelona y su área metropolitana ya no son las mismas que hace cincuenta años. El clima, tampoco. La superación por primera vez de los 40 grados en el Observatori Fabra, la desaparición progresiva de los inviernos fríos, la reiteración de lluvias torrenciales y el aumento de noches tórridas son algunos de los indicadores de un cambio climático que ya no pertenece al futuro, sino que se manifiesta con claridad en el presente.

Y esto obliga a repensar la gestión de las ciudades, de sus infraestructuras y zonas verdes, adaptándose a un cambio climático ya evidente. Sobre todo ello trató la mesa redonda titulada Gestión del territorio metropolitano en la nueva “era” climática, organizada por EL PERIÓDICO, que tuvo lugar el pasado 18 de diciembre en la sede del diario en L’Hospitalet de Llobregat.

“El hecho de que Barcelona haya alcanzado los 40 grados es un punto de inflexión”, subrayó el gerente del Àrea Metropolitana de Barcelona (AMB), Ramon Torra. “Antes pensábamos que esto solo ocurría en Extremadura o Andalucía, pero Barcelona ya ha entrado en este club”. Las cifras lo confirman, y así lo expresó el delegado territorial de la AEMET en Catalunya, Ramón Pascual, alertando que “el clima de los años sesenta y setenta no es el de ahora”. Pascual apuntó que el calentamiento global es “una evidencia científica indiscutible” y, aunque no todos los veranos serán necesariamente más calurosos que el anterior, la tendencia a medio y largo plazo es clara: los veranos más cálidos de los últimos cien años se concentran en las dos últimas décadas.

PRINT Ramon Torra

Ramon Torra, Gerente del Àrea Metropolitana de Barcelona. / Maite Cruz

«El territorio necesita una gestión para hacerlo resiliente ante fenómenos cada vez más extremos»

Ramón Torra

— Gerente del Àrea Metropolitana de Barcelona

Este escenario climático tiene un impacto directo sobre un territorio densamente poblado y altamente artificializado. El área metropolitana concentra a más de 3,2 millones de personas en un espacio reducido y complejo, con una geología que recuerda a “un papel arrugado”, como lo definió Torra, donde playas, sierras, ríos, bosques e infraestructuras esenciales conviven en pocos kilómetros cuadrados. “El cambio climático también nos enfrenta a nuestras propias vergüenzas”, afirmó el gerente del AMB. “No todo es culpa del clima: la artificialización del territorio agrava muchos de los efectos que ahora sufrimos”, puntualizó.

Desde el AMB se defiende la necesidad de repensar la planificación urbanística a partir de la llamada “matriz biofísica” del territorio. Esto implica gestionar de forma integrada el agua, la vegetación, la biodiversidad y la geografía para hacer frente tanto a la escasez hídrica como a las avenidas repentinas. “No se trata de dejar la naturaleza a su suerte”, precisó Ramon Torra, y añadió que implica “gestionarla, porque vivimos dentro del territorio y los fenómenos extremos nos afectan directamente”.

Salvar las playas

En la costa, esta tensión se hace especialmente visible. La regresión de las playas, la reducción de sedimentos y el cambio en la dinámica de los temporales marítimos ponen en riesgo uno de los principales espacios públicos del área metropolitana. “Si El Maresme aún resiste es gracias a infraestructuras como la vía del tren”, alertó Torra, asumiendo que será necesario invertir en soluciones híbridas —naturales y artificiales— para proteger el litoral.

Paralelamente, el AMB activa protocolos preventivos como la apertura de pluviales para facilitar el desagüe de rieras o la retirada de mobiliario cuando hay avisos de lluvias intensas o temporales marítimos. Se trata de un ejemplo de colaboración entre administraciones, puesto que cuando el Meteocat emite un aviso por lluvia, el AMB activa un protocolo de apertura de pluviales para que las rieras desguacen el agua en el mar y se eviten inundaciones, o bien cuando se emite un aviso por temporal marítimo, se procede a la retirada del mobiliario para minimizar los daños.

Montserrat Font, Jefa de Emergencias de Protección Civil de la Generalitat de Catalunya.

Montserrat Font, Jefa de Emergencias de Protección Civil de la Generalitat de Catalunya. / Maite Cruz

«Activamos protocolos e informamos para que se tomen las medidas adecuadas frente un temporal»

Montse Font

— Jefa de Emergencias de Protección Civil de la Generalitat de Catalunya

“Nunca hemos tenido una coordinación tan grande entre servicios meteorológicos, servicios de gestión de emergencias y gestores del territorio”, afirmó el delegado territorial de la AEMET en Catalunya, añadiendo que “nunca antes se había llegado a este nivel de sofisticación”. “Hemos elevado mucho el nivel, pero de manera proporcional, la exigencia de la sociedad también ha crecido”, apuntó Pascual, por lo que concluyó que “la coordinación debe de ser máxima para prestar el mejor servicio posible”.

La jefa de Emergencias de Protección Civil de la Generalitat de Catalunya, Montse Font, puso el foco en la vulnerabilidad creciente de las grandes ciudades frente a los fenómenos naturales extremos. “Vivimos en calles que se llaman Riera o Torrent y olvidamos por qué se llaman así”, recordó. “Cuando llueve de forma intensa, el agua vuelve a pasar por donde siempre había pasado”, puntualizó.

Font advirtió que las emergencias son cada vez más frecuentes y, al mismo tiempo, más difíciles de prever. “Antes hacíamos predicciones a tres días vista; ahora tenemos lluvias muy localizadas y muy intensas que no siempre se pueden anticipar”, explicó. Los datos confirman esta tendencia: si hace unos años Protección Civil activaba alrededor de 50 planes anuales, en los últimos ejercicios se han superado las 70 activaciones y este año se podría alcanzar la cifra de 90. “Hay emergencias ingobernables”, admitió por lo que la directora de Emergencias concluyó: “No llegaremos a todo”.

De ahí la insistencia en la autoprotección ciudadana como pilar básico de la gestión del riesgo. “Podemos avisar, pero cada persona debe asumir su parte de responsabilidad”, subrayó Font. “Hemos visto demasiadas vidas perdidas por decisiones imprudentes”, lamentó. La formación, especialmente en escuelas, centros de trabajo y colectivos vulnerables, se apunta como la clave para interiorizar los riesgos y actuar con criterio cuando se emiten avisos oficiales.

Ramón Pascual, Delegado territorial de la AEMET en Catalunya.

Ramón Pascual, Delegado territorial de la AEMET en Catalunya. / Maite Cruz

«No ha existido nunca una coordinación tan grande entre servicios meteorológicos y la administración»

Ramón Pascual

— Delegado territorial de la AEMET en Catalunya.

Otro reto creciente es el de los incendios forestales, que ya no se limitan a los meses de verano. El aumento de masa forestal sin gestionar, la proximidad de los bosques a las urbanizaciones y unas condiciones meteorológicas cada vez más extremas complican la prevención. “Hay gente que abre la ventana y tiene el bosque dentro de casa”, alertó Font. “Esto es ingobernable cuando hay un incendio”. Desde el AMB se apuesta por la gestión forestal activa, las franjas de protección, el mantenimiento de caminos y experiencias como la ganadería extensiva para reducir riesgos. En el caso de los bosques metropolitanos, el Programa Metropolitano de Actuaciones Forestales permite actuar de forma coordinada con los municipios para prevenir incendios.

En paralelo, el sector de la construcción —uno de los principales emisores de CO2₂— afronta una transformación profunda. El AMB ha impulsado un protocolo de sostenibilidad que revisa qué se construye, con qué materiales y cómo se usan los edificios. “Si no es necesario construir, no construimos”, resumió Torra. “Y cuando construimos, apostamos por materiales con baja huella de carbono, procesos industrializados y edificios que consuman poca energía”.

La clave, sin embargo, vuelve a situarse en el uso cotidiano de estos espacios. “Podemos facilitar sistemas pasivos, pero es necesario que el usuario sepa cómo hacerlos funcionar”, reconoció Torra. La monitorización de consumos y la demostración del ahorro económico se plantean como herramientas para favorecer este cambio cultural.

Otro de los retos que afronta el AMB es la gestión integral de los parques y el diseño de su infraestructura para adaptarse mejor a esta nueva era climática. Para afrontar las lluvias torrenciales se han instalado pavimentos de sablón y canalizaciones para absorber mejor el agua de la lluvia y mitigar la erosión. Además, la plantación de vegetación mediterránea ayuda a resistir mejor los períodos de sequía, ya que requieren un menor consumo de agua.

Herramienta de futuro

Finalmente, los ponentes coincidieron en la necesidad de una mirada estratégica a largo plazo. En este sentido, el futuro Plan Director Urbanístico Metropolitano deberá servir para actualizar un planeamiento con medio siglo de antigüedad, según detalló el gerente del AMB, Ramon Torra. “El país, la población y el clima han cambiado radicalmente”, diagnosticó, y es por ello que se trabaja ya en el plan. “Esta herramienta no lo solucionará todo, pero nos ayudará a gestionar mejor el territorio y hacerlo más resiliente”, concluyó Torra.