Nuevo modelo
Más reutilización y menos contenedor gris: el área metropolitana de Barcelona rediseña la gestión de los residuos
En los próximos años se crearán nuevas estaciones de tratamiento de los restos orgánicos, a la vez que se impulsarán centros de lavado de envases y puntos de reparación
Un plan de 673 millones y una decena de nuevas plantas combatirán el suspenso en reciclaje del área de Barcelona

Planta de reciclaje de residuos. / Ferran Nadeu / EPC
El fin de las concesiones de los ecoparques, las plantas de tratamiento de residuos del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), coincidirá en el tiempo con la puesta en marcha de un nuevo modelo de gestión de la basura centrado en la prevención y la reutilización. El ente metropolitano ha anunciado la construcción de 14 nuevas estaciones de gestión de desechos –siete de ellas no estaban contempladas– que están pensadas para dar respuesta a un nuevo escenario. "El sistema que estamos ultimando no está ideado para resolver los problemas de reciclaje de los municipios, sino que se adaptará a los nuevos sistemas de recogida selectiva", sostiene Miquel Trullols, director de servicios de prevención y gestión de residuos del AMB, en conversación con EL PERIÓDICO.
En los próximos años, para cumplir los objetivos europeos, las ciudades deben acelerar modelos que mejoren el porcentaje de basura reciclada, ya sea a través de contenedores inteligentes cerrados o del puerta a puerta. Si esto sucede de forma generalizada, el volumen de residuos en el contenedor de la fracción resto, el gris, se reducirá considerablemente.
"Será entonces cuando requeriremos un nuevo modelo de plantas de gestión de residuos en el que ya estamos trabajando", sostiene Trullols. "Debemos anticiparnos a todas las situaciones posibles y tener un engranaje operativo preparado tanto por si se alcanzan los objetivos comunitarios para 2035 como si no", añade. Además de dar respuesta a una nueva forma de gestionar los residuos, las futuras plantas también deben servir para actualizar unas instalaciones que a día de hoy están "envejecidas" y que necesitan una renovación urgente.
Más materia orgánica
Aun así, el planteamiento general es que el volumen de residuos acumulados en la fracción resto disminuirá de forma considerable, mientras que las toneladas de residuos orgánicos, los del contenedor marrón, aumentarán –es lo previsto si, con sistemas avanzados, el reciclaje mejora–. Por esta razón, el AMB dispondrá de seis nuevas instalaciones para tratar esta materia y convertirla en productos secundarios, como abono para el campo, más avanzados que los que se generaban hasta la fecha.
A la hora de recibir y tratar la basura del contenedor gris, el AMB prevé que la cantidad de impropios decrezca. No obstante, todavía se detectarán latas, bolsas de plástico y papel sucio. "El papel es difícil de reutilizar porque en los puntos de tratamiento exigen una mínima calidad", comenta Trullols. Está sobre la mesa la posibilidad de crear un SCRAP (Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor) textil y otro para pañales y textil sanitario en general. Un SCRAP es la "herramienta" con la que las empresas que ponen productos en el mercado se organizan para hacerse cargo —de forma conjunta y sin ánimo de lucro— de la gestión de los residuos que esos artículos generan cuando llegan al final de su vida útil. De esta forma, si estos dos SCRAP salen adelante, el volumen de ropa y textil sanitario acumulado en la fracción resto también quedará reducido de forma muy significativa.
Evitar que el residuo exista
El cambio de paradigma, sin embargo, no se limita a adaptar las plantas al nuevo tipo de basura que llegará a los ecoparques: el AMB pretende también evitar que el residuo exista, el segundo pilar del nuevo modelo. En este sentido, se han identificado cinco necesidades de prevención que requieren infraestructura específica. La primera está centrada en evitar el despilfarro alimentario: "El 40% de la comida se desperdicia y necesitamos puntos en los que recuperar alimentos", apunta Trullols. La segunda es una planta de limpieza de envases que permita operar sistemas de reutilización en condiciones (desde botellas hasta vasos de conciertos o envases de comida para llevar), un paso imprescindible si la reutilización quiere escalar "más allá de experiencias puntuales".
La tercera necesidad es una instalación centrada en los muebles. Se plantea un centro de recuperación donde estos productos puedan ponerse a punto y volver al circuito a través de mercados de segunda mano. A esta línea se suma una cuarta pieza, concebida como almacén logístico. Se trata de generar espacios de recepción y almacenamiento, pensados para gestionar entradas grandes y variadas —como ocurrió con el vaciado de mobiliario del Hotel Arts— y ordenar un flujo que, hoy, a menudo se pierde por falta de capacidad y de logística.
Puntos de reparación
El quinto ámbito está más pensado como un lugar de proximidad para los vecinos de los barrios, más que como una gran infraestructura. El AMB se propone crear una red de reutilización vinculada a servicios de reparación. El objetivo, según el planteamiento metropolitano, es que funciones como la reparación, las "bibliotecas de las cosas" (espacios donde se pueden tomar prestados objetos), el intercambio y la segunda mano no dependan de iniciativas aisladas, sino que puedan articularse en centros cívicos, asociaciones de barrio, para favorecer el acceso a estas herramientas de prevención. La Generalitat también ha incluido los puntos de reparación en su modelo de tratamiento de residuos recogido en el PINFRECAT (el plan de infraestructuras de residuos).
A la vez, el AMB incorporará una planta de transferencia destinada a trasladar residuos que, tras un pretratamiento, puedan derivarse a los circuitos adecuados y también una planta de inertes, centrada sobre todo en los residuos de obras domésticas y no industriales, que llegan a través de los puntos verdes. El objetivo es reciclar estos materiales para transformarlos en productos que el sector de la construcción pueda aprovechar. El AMB sostiene que la reorganización del sistema tendrá un impacto económico que puede suponer un ahorro de entre 15 y 18 millones de euros al año.
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