Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Nuevos hábitos de crianza

Mireia Miralpeix, maestra de Infantil: "Los niños agradecen los límites, no pueden cargar con el peso de decidir cuándo se quitan el pañal"

Firme defensora del diálogo, la directora de Infantil de la Escola Vedruna Palafrugell tiene claro que "la escuela cambia porque los niños cambian", pero defiende que no se puede ir dando golpes de timón porque una familia pida hacer las cosas de una manera u otra

El 'tetris' del comedor escolar: hasta 18 menús en una escuela de primaria de una sola línea

Mireia Miralpeix, maestra.

Mireia Miralpeix, maestra. / Judit Andújar

Helena López

Helena López

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

-¿Se ha roto el consenso social de que el pañal debe ser una cuestión resuelta antes de llegar a la escuela?

-La del pañal es una cuestión que sale muchísimo en las jornadas de puertas abiertas. Estamos en un momento en el que la información nos llega por todos lados: por redes, libros, familias que juzgan... Y toda esa mezcla provoca miedos. Observamos un miedo a no estar haciendo lo que toca. Desde la escuela intentamos quitarle hierro. No lo vivimos como algo preocupante. El hecho de que un niño empiece el colegio en un punto madurativo distinto a otro no es un problema en sí, pero nos da información.

-¿Qué tipo de información?

-Cuando un niño sin ningún tipo de necesidad especial entra a la escuela todavía con pañal vemos el tipo de acompañamiento a la autonomía de ese niño. Y eso nos da pistas. Tenemos reuniones programadas de manera estratégica para ir acompañando a esas familias. Lo que vemos claro es que si una familia se está informando tanto sobre cómo criar a su hijo es que lo quiere hacer bien.

Mireia Miralpeix en la Escola Vedruna Palafrugell, donde dirige el ciclo de Eduación Infantil.

Mireia Miralpeix en la Escola Vedruna Palafrugell, donde dirige el ciclo de Eduación Infantil. / Judit Andújar

-Dentro de esa falta de límites se observan dos tipos de familias muy distintas. Por un lado, las que lo hacen de forma consciente, que creen que el niño es el que decide cuándo se viste y cuándo come… y las que no ponen límites porque están desbordadas. Entiendo que conviven con los dos tipos. ¿Cómo lo trabajan?

-Hemos pasado de una sociedad muy autoritaria, que dejaba muy poco espacio a la emoción, al otro extremo, al abrirse completamente al 'dejar escoger'. Y ese camino nos ha traído cosas buenas, porque dejar espacio a la emoción es importante, pero hay una parte negativa, que es poner en las criaturas una responsabilidad de elegir para la que no están preparadas. Y hay gente que lo hace de una manera más consciente y voluntaria, y personas que lo hacen por la situación de precariedad y riesgo en la que están viviendo. Eso intentamos acompañarlo mucho desde el apoyo y la guía, nunca desde el juicio. Intentas sostener a esas familias. Darles herramientas. Reflexionamos mucho a nivel pedagógico como equipo. Y los argumentos que damos a las familias son muy firmes y nos sirven también para las que no ponen límites de forma voluntaria. Cuando das un argumento muy trabajado y desde el convencimiento, haces que las familias se sientan seguras para acogerse a él.

A veces las familias acaban no interviniendo para no equivocarse; a veces la no intervención es más fácil porque, si no intervengo, no seré juzgada

-¿Qué hacen cuando un niño les dice que no quiere hacer una actividad porque no le apetece, porque siente que puede hacerlo, ya que en su casa él decide?

-Lo más importante es acompañarlo de forma argumentada y firme. Los niños tienen una capacidad brutal de adaptarse a distintas situaciones. Y, además, lo agradecen. A esos niños a los que se les pone esa responsabilidad de decidir cuándo se quitan el pañal, cuándo quieren hacer algo y cuándo no, cuando tú les pones unos límites y unas normas claras, también les das seguridad y les quitas un peso de encima. Lo agradecen, y las familias, también.

-¿Las familias también?

-Sí. Nosotras lo hemos vivido así. Pero hacemos un acompañamiento de reuniones trimestrales con ellas a las que llamamos 'píldoras pedagógicas', en las que explicamos por qué hacemos así las cosas en la escuela y cómo acompañar desde casa, y vemos que les da seguridad. A veces las familias acaban no interviniendo para no equivocarse; a veces la 'no intervención' es más fácil porque te evita ser juzgada.

Los niños no quieren adultos perfectos, quieren adultos presentes, que les acompañen y que sean coherentes

-¿Pesan demasiado los consejos de gurús de crianza en Instagram y falta más apoyo de barrio?

-En Palafrugell, justamente hemos iniciado un proyecto con el CAP en el que nos hemos asociado maestras de 'bressol' con profesionales del CAP para hacer algunas visitas conjuntas. Ante tanto ruido, la voz tanto de los profesionales pediátricos como de los de la educación queda un poco desvalorizada, como 'una más'. Esta alianza impulsada por el CAP está funcionando muy bien. Hace comunidad y nos da fuerza.

-Existe otra dualidad. En las mismas puertas abiertas conviven familias preguntando por el chupete con otras que piden deberes. ¿Cómo lo viven?

-Es una dualidad muy curiosa. El argumento es el mismo tanto para el que viene preocupado por cómo acogeremos a su hijo porque aún lo ve muy pequeño como para el que llega pidiendo deberes. Les decimos que nosotros sentaremos las bases de la autonomía, de la oralidad, de la gestión emocional, de la convivencia... Y que todo eso será la base sobre la que después se podrá construir el edificio de los aprendizajes. Cuando lo transmites con seguridad, esa presión se relaja. La clave es hablar mucho, hacer muchas reuniones.

No se trata de qué quieren las familias, sino de qué necesitan los niños

-Explicarse bien...

-¿Por qué trabajamos así? Las familias nos comentan que decimos cosas muy evidentes, pero alguien tenía que hacerlo. Alguien tenía que decir que tengo que hablar con mi hijo para que tenga vocabulario, que no puede ser que mire todo el día la pantalla. Los niños y las niñas no quieren adultos perfectos, quieren adultos presentes, que les acompañen y que sean coherentes. Lo que no podemos hacer las escuelas es abonarnos a las inseguridades de la sociedad.

-¿Qué quiere decir?

-Una escuela tiene que estar segura de su proyecto. No podemos seguir las modas. Como ahora las familias quieren esto, haremos esto... No se trata de qué quieren las familias, sino de qué necesitan los niños. La escuela cambia porque los niños y la sociedad cambian, y tú no puedes hacer la misma escuela que hace 20 años. Sin embargo, no se puede cambiar radicalmente porque haya una familia que pide que lo hagas así o asá. Tú tienes que tener claro tu proyecto. Escucharé qué me piden, pero tendré un criterio.

Suscríbete para seguir leyendo